Stanley Kubrick siempre tuvo obsesiones dispares, tanto como para que su trabajo sea inclasificable: desde clásicos de terror como El Resplador, hasta magníficas piezas de época como Barry Lyndon. El director atravesó un amplio espectro de géneros que le llevaron a experimentar de una forma en que pocos realizadores lo había hecho antes. Tal vez por ese motivo no sorprenda demasiado que el recién descubierto dato que Kubrick estuvo muy cerca de adaptar la obra inmortal de Boris Pasternak El Doctor Zhivago, considerada una de las mejores películas británicas de todos los tiempos.

Protagonizada Julie Christie, Omar Sharif y Alec Guinness bajo la dirección de David Lean, el film del ’65 es todavía un extraordinario recorrido por el amor, la angustia existencial y los grandes ideales en medio de situaciones de enorme trascendencia histórica.

Ambientada durante la revolución Rusa, la historia es además una instantánea de la Rusia a punto de vivir uno de los conflictos esenciales para comprender su identidad y los trepidantes cambios que el país sufrió durante más de cincuenta años. La visión de Lean se consideró respetuosa, inteligente pero en especial de considerable interés para comprender el espíritu de una revuelta social que el cine analiza de forma dispar.

Todo lo anterior pudo tener una versión muy diferente: esta semana, el historiador de cine británico James Fenwick descubrió que el director Stanley Kubrick, junto con la complicidad de Kirk Douglas, intentaron en vano adquirir los derechos de la película antes de que lo hiciera Lean a finales de la década de 1950.

Kubrick le escribió personalmente a Pasternak y Douglas esperaba rodar la producción en la Unión Soviética, según revela material inédito. Lo que quiere decir que ambas estrellas norteamericanas al parecer habían analizado la posibilidad de crear un escenario realista de una historia en especial dura sobre los dolores de un país a punto del más inesperado, violento y doloroso estallido social de su historia.

Por supuesto, al dúo creativo no le faltaba experiencia para recrear grandes épicas históricas con una mirada inteligente y mejor pulso narrativo. Douglas y Kubrick colaboraron en otras dos obras maestras: Paths of Glory (1957) se considera una de las películas contra la guerra más poderosas del cine, y Spartacus (1960), la historia de un levantamiento de esclavos en la república romana, en la que Kubrick brindó un especial peso a la perspectiva social que rodeaba al personaje central así como su considerable relevancia histórica.

Para Fenwick (y el mundo del cine en general), el descubrimiento es un dato de asombroso interés “Zhivago es ciertamente un hecho desconocido sobre las carreras de Douglas y Kubrick”, declaró a The Guardian. Además de añadir que se trata de una posibilidad que podría haber cambiado el tono y el ritmo de la célebre historia.

En su oportunidad y a pesar de casi unánime crítica que recibió, la historia de Lean fue considerada “blanda” en varios de los aspectos más específicos de la historia, como lo es la visión política del país, justo antes del gran estallido que arrasaría con el Imperio Ruso tal y como se había conocido hasta entonces.

Kubrick probablemente habría estado más interesado en mostrar a la Rusia en un punto muy cercano al quiebre histórico que dedicar buena parte de la trama a su aspecto más delicado y romántico.

Un largo recorrido

Pasternak completó su novela en 1955 solo para que fuera prohibida en todos los estados soviéticos, por tratarse de un supuesto “ataque” a la Unión Soviética.

El manuscrito fue enviado de mano en mano y de forma clandestina al oeste, una travesía que podría formar narrase como una historia alternativa: la obra estuvo a punto de perderse en dos oportunidades y de hecho, por varios meses no se tuvo noticia de quien o dónde se encontraba el original de la obra cumbre del escritor ruso. Finalmente, fue publicada por un editor ruso en 1857 por un editor italiano. Pasternak ganaría el premio Nobel de literatura al año siguiente.

La carta de Kubrick que Fenwick encontró, tiene fecha del 8 de enero de 1959, en la que Kubrick había escrito a Pasternak señalando la calidad de su trabajo anterior. “La última película que hicimos, Paths of Glory, recibió el premio a la mejor película del año en Bélgica, Brasil y Finlandia”, escribió el director al autor. “Ahora nos gustaría comprar los derechos cinematográficos del Doctor Zhivago. Nos hemos puesto en contacto con el bufete de abogados de Nueva York que representa a los editores italianos del libro. Las negociaciones están paralizadas ya que aún no están preparadas para finalizar un acuerdo”.

Siempre según el historiador, Kubrick y su productor James B. Harris habían intentaron adquirir los derechos del libro ya en diciembre de 1958 ya en compañía de Bryna Productions, la productora de Douglas. No obstante, ni Kubrick ni Douglas (que escribió por separado meses más tarde) recibieron respuestas a sus respectivas solicitudes.

Fenwick, profesor titular de medios de la Universidad de Sheffield Hallam, publicará su descubrimiento en dos libros: el primero “Stanley Kubrick Produces” narrará las vicisitudes de Kubrick en busca del manuscrito de Pasternak, sin saber muy bien contra quien competía al momento de adquirir los derechos. También se publicará parte de la información en Shadow Cinema: The Historical and Production Contexts of Unmade Films, una colección de ensayos de destacados académicos en el que el investigador es co editor y que incluirá su investigación al completo sobre el tema, que le ha llevado más de año y medio completar.

El profesor Encontró evidencia relacionada con Zhivago en el archivo de Kubrick en la Universidad de las Artes de Londres y entre los artículos de Kirk Douglas en el Centro de Investigación de Cine y Teatro de Wisconsin. Su reacción inicial fue de incredulidad ante el hecho que Kubrick quisiera adaptar una obra semejante, en especial, cuando su carrera apuntaba en una dirección por completo distinta: “En ese momento estaba más asociado con la ficción policiaca pulp”, explica Fenwick.

Pero entre los artículos de Kubrick que la universidad conserva, el investigador encontró cuadernos repletos de anotaciones inéditas, que probablemente datan de principios de la década de 1950, en las que Kubrick analiza las posibilidades creativas de su carrera “El momento preciso de éxito absoluto para un director es cuando se le permite filmar un gran clásico literario de más de 600 páginas, que no comprende demasiado bien, y que de todos modos es imposible de filmar adecuadamente debido a la complejidad de la trama o lo esquivo de su forma o contenido” escribió el director. En los mismos cuadernos, Fenwick encontró evidencia de las intenciones de Douglas de producir una película con una locación como Rusia, en un momento de especial peligro para su carrera“considerando el contexto en Estados Unidos de la caza de brujas comunista”, lo que demuestra que las intenciones de ambos realizadores eran un riesgo de considerable envergadura.

Por supuesto, Douglas mantuvo un tenso pulso con la censura que le llevó a convertir a Spartacus en uno de los films que permitió poner fin a la lista negra anticomunista de Hollywood. El actor y astro insistió a Universal Pictures en que el escritor Dalton Trumbo fuera nombrado guionista, a pesar de no sólo engrosar los nombres incómodos en el mundo del cine sino de haber sufrido la exclusión por parte del mundo de Hollywood.

Fenwick especula que Douglas podría haberse presentado a sí mismo como Yuri Zhivago, el médico y poeta interpretado por Sharif, lo que podría haber supuesto un golpe de efecto y las verdaderas intenciones del actor con la película. “Revela más sobre las tendencias diplomáticas de Douglas y la forma en que veía él mismo como embajador cultural de los Estados Unidos, que sus intenciones como actor”, concluye el investigador.

¿Cuál habría sido el resultado de una obra semejante? Solo queda imaginar los grandes escenarios de la Rusia imperial, sublimados por el lente preciso de Kubrick.

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