Tanto las películas de la saga Jurassic Park, como de la posterior Jurassic World tienen algunas incoherencias con la realidad. Sin ir más lejos, recientemente una paleontóloga explicaba a IFLScience que posiblemente los grandes carnívoros, como el T.Rex, fueran cazadores silenciosos, por lo que los característicos rugidos de estos depredadores en Parque Jurásico eran invenciones sin fundamento. Pero se perdona, como se le perdonan otros tantos deslices, por ser una de las sagas más memorables de la historia cinematográfica. Pero que se perdonen no significa que no sea importante dejar claro en qué consisten. Por eso es tan necesario hablar de casos como la representación del Velociraptor en el cine.

Estos dinosaurios son sin duda unos de los grandes protagonistas de ambas sagas. Si nos centramos en la primera, todos recordamos la famosa escena de la persecución en la cocina. ¿Y qué decir de cómo Owen Grady logra entrenar a un grupo de ellos en la segunda? El problema es que ni los depredadores que perseguían a los niños entre encimeras ni la entrañable Blue y sus compañeros eran velociraptores. Más bien eran una adaptación de otro dinosaurio diferente, el Deinonychus.

Velociraptor en el cine: un nombre mucho más sonoro

Aunque en las películas no faltan los nombres impronunciables, lo cierto es que los dinosaurios más emblemáticos tienen nombres fáciles de recordar: Velociraptor, Triceratops, T.rex, Gallimimus…. Los Compsognathus son algo más difíciles de recordar, pero tienen el detalle de mencionarlos con su apelativo “cariñoso”: Compys.

El objetivo es que esos nombres se nos queden en la memoria, por eso los Velociraptores tienen el nombre perfecto. El único problema es que el Velociraptor del cine no es en realidad un Velociraptor. Ninguno de los que salen a lo largo de las películas lo es.

De hecho, según el primer esqueleto hallado de estos animales en Mongolia en los años 20, apenas habrían llegado a la cintura de un ser humano. Poco imponente para el “personaje” al que lo querían asociar. Por eso, se decidió tomar la imagen de otro dinosaurio que, de hecho, ya se había confundido con los Velociraptores en el pasado, mucho más allá de las pantallas.

Carambola de confusiones

Los primeros huesos de este “falso Velociraptor” fueron descubiertos en 1931, al sur de Montana. La expedición en cuestión estaba dirigida por el paleontólogo Barnum Brown, quien bautizó al animal informalmente como Daptosaurus agilis, pero nunca llegó a clasificarlo.

Tres décadas más tarde el también paleontólogo John Ostrom, fue el responsable de la denominación de Deinonychus, al encontrar nuevos huesos y, además, descubrir que en realidad el esqueleto de Brown estaba formado por restos de ese y otro dinosaurio diferente.

A día de hoy sabemos que medía unos 3 metros, tenía una gran garra en forma de hoz en cada pata y extremidades delanteras largas y fuertes. Además, según describen en Smithsonian Magazine, su cola era rígida, para ayudarle a mantener el equilibrio mientras corría. Todo esto cuadra mucho más con la descripción que pudimos ver del Velociraptor en el cine.

Pero la confusión viene de mucho más atrás. Ya en 1988, cinco años antes del estreno de Jurassic Park, el paleoartista Gregory S. Paul decidió representar en su libro Predatory Dinosaurs of the World a Deinonychus y Velociraptor dentro de un mismo grupo, que recibía el nombre del segundo. Alegó haberse basado en el parecido de sus esqueletos. Y realmente sí que eran muy similares, pero no tanto como para clasificarse juntos.

Los paleontólogos alertaron que había un error en la denominación, pero Paul hizo oídos sordos y siguió vendiendo ejemplares de su libro marcados por esta equivocación. La obra fue un éxito de ventas y acabó en las manos de millones de lectores, entre los que se encontró el mismísimo Michael Crichton, el escritor del libro de 1990 que más tarde se adaptaría al cine. Este dato se conoce porque el escritor citó el libro de Paul como una de las obras que le inspiraron para escribir su propia historia. El problema es que la inspiración cargó con el error, que más tarde se arrastraría hasta las películas, realmente fieles a los libros de Crichton.

Desde entonces numerosos expertos han insistido en que realmente el Velociraptor del cine no es tal cosa. Pero lo cierto es que cumple su función: un nombre fácil de recordar y una apariencia que aterra a la vez que cautiva al espectador. Quizás ya sea tarde para cambiarlo.