En la película Evil Eye, de los directores Rajeev Dassani y Elan Dassani, Usha (Sarita Choudhury) es una madre hindú que se enorgullece de serlo y que tiene la intención de mantener las tradiciones de su cultura como un valor moral, en especial las relacionadas con el matrimonio y el amor. Para el personaje, se trata de una cuestión que se vincula con la trascendencia de ciertas ideas de considerable importancia a las que otorga un lugar primordial en la vida familia.

Por ese motivo, durante algunos meses, ha presionado a su hija Pallavi (Sunita Mani) para que se establezca como una adulta, lo que por supuesto incluye un hombre a su lado. Pallavi, que reside en Nueva Orleans y no está del todo de acuerdo con el punto de vista de su madre, ha dado unas cuantas largas al asunto hasta que finalmente conoce y se enamora de Sandeep (Omar Maskati), un hombre encantador que tiene todos los atributos que una madre podría desear para su hija. No obstante, pronto Usha descubrirá que la promesa de matrimonio y felicidad conyugal es también una trampa siniestra imposible de predecir.

Los hermanos Dassani utilizan el rico trasfondo de la mitología hindú, para plantear una historia terrorífica que envuelve la superstición sino también los temores colectivos sobre la incertidumbre. Basada en la obra para radio del mismo nombre de Madhuri Shekar, la adaptación traslada el efectivo uso de las llamadas telefónicas de su versión original en una dolorosa versión sobre los horrores invisibles que el dúo de realizadores convierte en una atmósfera enrarecida que se extiende a la distancia.

Por supuesto se trata de una apuesta arriesga: la pieza de Shekar basa su efectividad en la forma en que el terror se hace cada vez más incómodo, latente y palpable a la vez de las voces de sus intérpretes.

¿Cómo interpretar algo semejante en pantalla? ¿Cómo crear algo parecido a cientos de miles de kilómetros de distancia?

Evil Eye tirando de lo que funciona

Los directores utilizan un truco sencillo pero efectivo: en primer lugar analizan el contexto de Usha y el reverso oscuro de su apego a las tradiciones. De la misma manera en que celebra el matrimonio, la vida familiar y el amor filial, Usha también está obsesionada con fantasmas, espíritus y en especial con condenas más allá de la muerte.

Para el personaje, la transición de la vida y de la muerte es algo más que una premisa natural por lo que se protege con todo tipo de joyas contra el mal de ojo, visita astrológos, se obsesiona con todo tipo de señales que podrían ser o no imaginarias. Pero cuando comienza a tener vívidos sueños sobre situaciones de violencia, Usha comprende —o cree comprender—, que algo está sucediendo y no solo a un nivel abstracto e imprevisible.

La película avanza a ritmo pausado y deja entrever que los terrores que acosan a Usha no son imaginarios: hay un pasado inquietante que se cierne sobre ella como una pesadilla, que ahora también envuelve a su hija. Porque Usha está convencida que el encantador hombre con el que contraerá matrimonio su hija, es el mismo que le maltrató tres décadas atrás y que murió.

¿Semejante idea es una extrapolación del trauma y la ansiedad de la víctima que sufre Usha? ¿O en realidad los indicios le conducen a una inevitable conclusión?

El placer de la venganza

Hay una perfecta sincronía entre la forma en que la madre descubre poco a poco todo tipo de señales que apuntan hacia una siniestra ¿venganza? ¿simetría? ¿recurrencia?, y que sin embargo es incapaz de demostrar por ningún medio. La tensión avanza con lentitud y de hecho siguen siendo las conversaciones entre madre e hija — esa vinculo imperecedero y profundo — las que sostienen la versión de la realidad que la película intenta mostrar en dos espacios equidistantes.

Una y otra parecen convivir en universos paralelos: una en medio del miedo y las sombras, la otra en el brillante mundo moderno. Y la concepción de esa dualidad, es quizás uno de los puntos más fuertes de la película.

La película elabora una compleja visión sobre las tragedias inevitables, utilizando el ángulo cultural como un recorrido previsible pero bien logrado sobre el mal latente, los terrores que se esconden a la periferia y lo sobrenatural, como último espacio a puertas cerradas en un entorno inquietante y brutal.

Para cuando la película alcanza el tramo final, el miedo se ha convertido en un hilo conductor entre la convicción de la existencia del mal (como una presunción angustiosa y temible) y algo más misterioso, relacionado con la oscuridad de los personajes y los secretos inconfesables. A mitad del drama y algo más doloroso, Evil Eye es una interesante combinación de elementos que sostienen una versión de lo que aterroriza más allá de lo evidente.