Tras un mes de agosto marcado por dos lluvias de estrellas, los eventos astronómicos de septiembre podrían parecer menos interesantes. Ciertamente, no serán tan abundantes, pero no por eso deja de ser una época magnífica para mirar al cielo.

No hace aún mucho frío, pero tampoco un calor abrasador. Además, muchas personas aprovechan esta época para coger las vacaciones, por lo que pueden permitirse trasnochar sin la obligación de madrugar al día siguiente. De todos modos, cualquier momento del año es bueno para salir a mirar el firmamento, no es necesario que haya una época importante señalada en el calendario. Eso sí, este mes contaremos con dos de ellas. Puestos a elegir días, estos pueden ser una buena opción.

11 de septiembre: Neptuno en oposición, un momento ideal para verlo

El primero de los dos eventos astronómicos de septiembre no se hará esperar demasiado. El día 11, Neptuno estará en su máxima aproximación a la Tierra.

Esto significa que su cara estará bien iluminada por el Sol, de modo que será más brillante que en cualquier otro momento del año. Además, será visible durante toda la noche, por lo que será un día perfecto para salir a fotografiarlo o, ¿por qué no?, simplemente a observarlo.

Eso sí, al encontrarse tan lejos de nuestro planeta, si lo miramos con un telescopio básico solo distinguiremos un pequeño punto azul. De todos modos, vale la pena.

22 de septiembre: equinoccio de otoño o primavera, el segundo de los eventos astronómicos de septiembre

Superadas tres cuartas partes de este extraño 2020, llega el momento de iniciar el otoño en el hemisferio norte y la primavera en el sur.

Su inicio irá marcado por el equinoccio, que tendrá lugar el próximo 22 de septiembre a las 13:30 UTC (15:30, hora peninsular española). Durante esta jornada, los rayos solares incidirán directamente sobre el ecuador, por lo que habrá prácticamente la misma duración de día que de noche.

Es un momento perfecto para observar o fotografiar la luz zodiacal. Este es un resplandor blanco tenue, difuso y de forma ligeramente triangular que se pueden ver en el cielo nocturno, como si se extendiera desde la dirección del Sol y a lo largo del zodiaco.

Es un fenómeno originado por la luz dispersada por el polvo interplanetario y se puede ver prácticamente todo el año, pero no en cualquier ocasión. Los mejores momentos son después del atardecer en primavera y antes del amanecer en otoño, pero sobre todo en los equinoccios, especialmente en latitudes medias o altas.

De cualquier modo, al ser un brillo extremadamente tenue, es muy importante evitar la contaminación lumínica y escoger noches sin Luna.