A finales del pasado mes de junio, la OTAN puso en marcha un programa destinado a preparar a un grupo internacional de militares para futuros posibles ataques acuáticos. Las maniobras fueron realizadas en Reykjavic, Islandia, donde se reunieron submarinos procedentes de Francia, Alemania, Noruega, Reino Unido y Estados Unidos, buques de superficie con origen en Canadá, Noruega, Reino Unido y Estados Unidos y aviones patrulleros franceses, noruegos, ingleses y estadounidenses. En la web de la organización, aclaran que, debido a las circunstancias de la COVID-19, se seguirían todas las maniobras de seguridad necesarias. Y así fue. Al menos que se sepa, nadie enfermó de coronavirus. Pero el plan sí que fue peligroso para quienes ni siquiera intervinieron en él: decenas de ballenas varadas por pruebas de sonar.

Los cetáceos, de diferentes especies, han ido apareciendo en playas de varios países europeos a lo largo de todo el verano. Los científicos encargados de analizar el misterio no han tardado en contemplar la posibilidad de que el motivo esté relacionado con las maniobras de la OTAN. Y lo peor es que, de ser así, las muertes de estos animales podrían no haber hecho más que empezar.

Ballenas varadas por pruebas de sonar

Solo dos semanas después del inicio el programa de la OTAN, bautizado como Dynamic Mongoose, comenzaron los avistamientos inusuales de ballenas en costas europeas.

El primero estaba compuesto por 29 ballenas picudas. Estos son cetáceos que se caracteriza por habitar aguas profundas y no acercarse a las playas en condiciones normales. A veces estos acercamientos se dan después de tormentas y vientos intensos, que generan la desorientación de los animales. No obstante, no se habían dado estas circunstancias en los días anteriores. Era más posible la otra opción por la que se dan los varamientos: que los animales estuviesen enfermos y débiles. Una vez en las aguas poco profundas, se encuentran con dificultades para volver mar adentro y alimentarse; cosa que, junto a su enfermedad, suele terminar desencadenándoles la muerte.

Tras esas ballenas picudas, se encontraron otras dos especies de cetáceos de aguas profundas en las costas inglesas con apenas 24 horas de diferencia.

Uno de los primeros científicos en apuntar a las pruebas de la OTAN como posibles responsables fue el holandés Jeroen Hoekendijk. En una entrada de blog publicada el 23 de agosto, exponía que los varamientos de ballenas picudas a causa de los sonares de los submarinos son muy frecuentes y que, dada la cercanía de las maniobras de Dynamic Mongoose, era algo bastante probable.

¿Por qué afecta el sonar a las ballenas?

En un estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B en 2019, se trata el tema de las ballenas varadas por pruebas de sonar y se apunta a las burbujas de nitrógeno formadas en su sangre como motivo principal.

Es algo similar al síndrome de descomprensión que sufren los buzos después de un aumento súbito de presión seguido de una bajada de la misma cuando vuelven a la superficie.

Los cetáceos marinos, especialmente los que viven a grandes profundidades, cuentan con mecanismos naturales dirigidos a evitar este problema. Sin embargo, parece ser que, ante el sonar de los submarinos, estos se ven alterados. Los científicos plantean dos posibles razones a este fenómeno. Por un lado, podría ser que, a determinadas intensidades, las ondas emitidas por estos aparatos actúen directamente sobre los tejidos de los animales, saturados de nitrógeno por la presión, y disparen la formación de burbujas. La otra opción es que, ante la incomodidad de la intensa presión acústica, las ballenas asciendan rápidamente, dando lugar a una descompresión tan súbita que ni siquiera sus mecanismos endógenos puedan compensarla.

El resultado son embolias, hemorragias internas y fallos orgánicos que a menudo terminan con la muerte del animal.

En realidad, aunque todo esto se ha estudiado más en los últimos años, no es algo nuevo. Ya en los años 60 se comprobó que los varamientos de ballenas picudas eran más frecuentes en zonas en las que previamente se habían realizado pruebas de sonar. Por eso, es una posibilidad que debería tenerse en cuenta antes de realizar cualquier prueba.