Pandemia de gripe española de 1918
– Sep 28, 2020, 16:00 (CET)

Una anomalía climática, causante de agravar la I Guerra Mundial y la Gripe Española

El cambio en el clima pudo desencadenar en que no se produjera la migración de los patos reales, reservorios del virus H1N1.

Sabemos que la Primera Guerra Mundial, que ocurrió entre 1914 y 1918, no contó con el mejor de los climas. De hecho, las lluvias crearon el clima propicio para los pies de trinchera y los hacinamientos para que otras enfermedades se propagaran con ligereza. Pero, además, en 1918 se desató una pandemia que terminó con entre 40 y 100 millones de personas en todo el mundo: la gripe española. Esta gripe, que nada tiene que ver con España, pudo haber comenzado por una anomalía climática, según apunta un nuevo estudio.

Los investigadores han encontrado una anomalía climática única en el siglo XX que "ocurrió durante los años de la Primera Guerra Mundial y la pandemia de gripe española", explican en la investigación. Y esto propició una situación perfecta para la llegada de la gripe española.

Alta mortalidad y mal tiempo

En el estudio, publicado en GeoHealth, los autores apuntan a que esta anomalía climática hizo de las trincheras de la guerra un lugar muy mortal para los soldados:

"Los datos de mortalidad por todas las causas muestran aumentos en las épocas de empeoramiento del clima, las precipitaciones y las temperaturas, un factor en muchas de las principales batallas de la Primera Guerra Mundial, así como un posible factor agravante de la virulencia de la pandemia".

Para llegar a esta conclusión, los investigadores del estudio han utilizado un núcleo de hielo de los Alpes para estudiar el clima que acompañó a la Gran Guerra y esta pandemia de 1918. Luego compararon las condiciones ambientales con los registros históricos de muertes durante los años de guerra.

Este estudio del hielo "indica entradas anormalmente altas de aire marino del Atlántico norte en los años 1914-1919". Esto pudo desatar las lluvias torrenciales y la disminución de las temperaturas en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial. El clima era muy frío y húmero y se desarrollaron multitud de enfermedades. Pero también, frenó las migraciones de los patos reales, que son reservorios del virus que produjo la gripe española en 1918. Esta situación podría haber causado la pandemia de gripe en 1918.

"Lluvias muy fuertes pudieron acelerar la propagación" de la gripe

"Las malas condiciones jugaron un papel en las batallas de Verdún y Somme, durante las cuales más más de un millón de soldados murieron o resultaron heridos", explican los investigadores en un comunicado de prensa. La Gran Guerra, además, allanó el camino para la propagación de la pandemia de gripe española en 1918. "Múltiples registros independientes de temperatura, precipitación y mortalidad corroboran estos hallazgos", afirma el estudio. Pero, ¿qué pasó exactamente para que el clima influyera en la pandemia?

"Es interesante pensar que lluvias muy fuertes pudieron acelerar la propagación del virus", comenta en el comunicado Philip Landrigan. Es director del Programa de Salud Pública Global en Boston College y no está relacionado con el nuevo estudio. "Una de las cosas que hemos aprendido en la pandemia de COVID-19 es que algunos virus parecen permanecer viables durante tiempos más largos en aire húmedo que en aire seco. Tiene sentido que si el aire en Europa estaba inusualmente húmedo durante los años de la Primera Guerra Mundial, la transmisión del virus podría haberse acelerado".

Las lluvias, el barro en las trincheras y el campo de batalla, el frío, los soldados hacinados... Todo junto era el cóctel perfecto. El cóctel para que una pandemia se pusiera en marcha y se transmitiera con mucha facilidad.

"La mortalidad europea total alcanzó su punto máximo tres veces, simultáneamente o después de temperaturas de enfriamiento, aumento de la precipitación y una afluencia extrema de aire marino frío en el invierno de 1915, 1916 y 1918".

Pato real, potenciador de la pandemia de 1918

Frente de la Gran Guerra y pandemia de gripe española de 1918
Wikimedia

Solo hacía falta una cosa más, un último añadido: el desencadenante. En el estudio apuntan a que los patos reales, que son reservorios del virus de la influenza H1N1, pudieron ser los culpables de que todo esto pasara.

"Se ha demostrado que los patos silvestres son muy sensibles a las anomalías climáticas en sus patrones de migración”, explica en el comunicado Alexander More. Este científico e historiador del clima de la Universidad de Harvard y profesor asociado en la Universidad de Long Island es el autor principal del nuevo estudio. "Así que es probable que se hayan quedado durante gran parte de ese período". Aunque es tan solo una hipótesis, matiza. "No estoy diciendo que esta fue la causa de la pandemia, pero ciertamente fue un potenciador. Un factor agravante adicional a una situación ya explosiva", explica.

Es posible que el clima frío y los grandes charcos de gustaran tanto a los patos, que solían pasar el verano en Rusia, que al final se quedasen en Europa. Aunque realmente no sabemos dónde se originó la pandemia. "La migración del pato real, uno de los principales reservorios del virus de la influenza aviar H1N1, puede haber sido interrumpida por la anomalía descrita", cuentan los investigadores. "Lo que resultó en una mayor presencia de esta especie en toda Europa en el otoño de 1917 y 1918, en las proximidades a poblaciones tanto militares como civiles, así como a animales domesticados".

La cercanía de estos patos y la contaminación de fuentes de agua con sus excrementos pudo ser la causante de la gripe española. "La transferencia del virus de la influenza H1N1 de animales (aves y mamíferos) a humanos (zoonosis) ocurre principalmente a través de fuentes de agua contaminadas con excrementos fecales de aves infectada", cuentan los investigadores.

Gripe española agravada por coinfecciones

Este estudio sugiere que las anomalías climáticas tan extremas que se dieron entre 1917 y 1919 "pueden haber contribuido tanto a la difusión como a la mutación del virus de la gripe española". Además, apuntan a estudios previos que así lo afirman.

También señalan que es posible que la alta mortalidad del virus se daba a coinfecciones neumocócicas. De hecho, los pacientes con estas coinfecciones son una quinta parte de las víctimas, según estudios epidemiológicos retrospectivos.

Un simple cambio en el clima entre 1914 y 1919 pudo desencadenar unas consecuencias enormes. Desde la alta tasa de mortalidad en la Gran Guerra -debido al frío, la humedad y las enfermedades que recorrían las trincheras- hasta la rápida extensión del virus H1N1. Esto indica que es importante tener en cuenta el factor climático a la hora de hacer la prevención de nuevas enfermedades infecciosas transmisibles entre humanos.