En las últimas semanas hemos visto múltiples anuncios en redes sociales y medios de comunicación sobre una novedosa mascarilla antimicrobiana. Puesto que este elemento de protección se ha convertido en un básico en nuestras vidas, no está de más explorar nuevas posibilidades. Y si encima matan directamente al coronavirus, mejor que mejor.

Es la razón por la que el anuncio ha creado tanta expectación, a pesar de que numerosos expertos han insistido en recordar que no cuenta con la homologación adecuada y, además, que no hay estudios al respecto. Ciertamente, la mayoría de estas mascarillas publicitadas no cuentan con publicaciones científicas que respalden su eficacia. Aunque sí hay una, desarrollada por investigadores del Laboratorio de Física de Materias Complejas de EPFL de Suiza, cuyo funcionamiento acaba de describirse en un estudio en Advanced Functional Materials. Eso sí, ni la tendremos pronto en el mercado ni su función es exactamente la que creemos que necesitamos.

¿Para qué sirve esta mascarilla antimicrobiana?

En realidad, lo que han desarrollado estos científicos es el material con el que se podría fabricar una mascarilla antimicrobiana.

Consiste en una serie de nanocables, compuestos a base de óxido de titanio, cuyo poder antimicrobiano se activa al incidir sobre ellos la luz ultravioleta. Cuando esto ocurre, las fibras convierten la humedad circundante en agentes oxidantes, que atacan a los microbios que puedan haberse acumulado a su alrededor.

Es bien sabido que uno de los principales retos de las mascarillas es su desinfección y reutilización. De este modo, podrían estar listas para un nuevo uso fácilmente.

Ojo, eso no quiere decir que las lámparas de luz ultravioleta sean una buena forma de desinfectar en casa las mascarillas convencionales, como tanto se ha dicho desde que empezó a difundirse su uso. A día de hoy, solo podrán reutilizarse aquellas higiénicas que incluyan la R que lo indica y para ello habrá que lavarlas a una temperatura adecuada. El resto de opciones se encuentran en estudio para su aplicación en centros sanitarios o de investigación, pero no van más allá.

Al ser necesaria radiación ultravioleta, esta mascarilla antimicrobiana no atacaría a los patógenos mientras la llevamos puesta como prometen algunas de las que están en el mercado. No obstante, no es algo primordial. La función de estos elementos es retener microorganismos patógenos de fuera hacia dentro, al revés o ambas, según de qué tipo sea. Por eso, sus dos requisitos esenciales son esta capacidad de retención y su respirabilidad. Los microbios habrá que destruirlos durante la desinfección y eso es lo que buscan estos científicos.

Otras aplicaciones

Por el momento, estos investigadores han usado sus nanofibras en laboratorio, con bacterias Escherichia coli y hebras de ADN. No han probado sus efectos sobre virus como el SARS-CoV-2, aunque son optimistas con respecto a cuáles serían los resultados.

De ser eficaz, podría servir para mucho más que la obtención de una mascarilla antimicrobiana. Por ejemplo, se podría incluir en filtros de aire acondicionado o conductos de ventilación.

Sus planes de futuro incluyen la comercialización de estos filtros en una startup, llamada Swoxid, que acaban de crear para ello. Según sus cálculos, podrían llegar a fabricar entre 40.000 y 80.000 mascarillas en un mes. De todos modos, hasta ese día aún falta mucho. Será necesario investigar mucho más. Eso es lo que tiene la ciencia, que va despacio, para obtener los mejores resultados. Por eso, ante fascinantes productos desarrollados a gran velocidad en plena ola pandémica, debemos recurrir siempre al escepticismo. Al fin y al cabo, aunque la publicidad te haga creer que necesitas una mascarilla que fulmine microbios en el acto, con que esté homologada te basta. Esa debe ser la prioridad.

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