A estas alturas de 2020 ya nada puede sorprendernos. ¿Que han descubierto por accidente una bacteria que come metales? Es totalmente creíble para el año que llevamos. Y, de hecho, esto es justamente lo que ha pasado, según se ha publicado la revista científica Nature. Aunque en realidad ya se había hablado con anterioridad de la posibilidad de que existieran. Hace un siglo.

Sabemos que las bacterias pueden vivir en sitios muy extraños, con muy poca agua o sin ella, en zonas ácidas como es río Tinto (Huelva) o en ambientes hipersalinos. Estos son solo algunos ejemplo de bacterias extremófilas, es decir, aquellas que sobreviven en ambientes extremos. La forma en la que estos organismos son capaces de obtener energía es tan variada que, ahora, además sabemos que también pueden usar metales.

Los investigadores del Instituto de Tecnología de California (Caltech) han descubierto bacterias que pueden metabolizar el manganeso, según recoge IFLScience. ¿Y qué es el manganeso? Se trata de uno de los elementos «más abundantes en la superficie de la Tierra».

Esta nueva bacteria, formada por dos especies, usa el manganeso para producir energía y crecer en los ambientes más extraños. Y aunque pueda parecer espectacular (y lo es), ya se había hablado de la posible existencia de este tipo de bacterias come metales. Fue hace un siglo que se realizó la primera predicción, pero por desgracia no ha sido hasta ahora que los científicos han podido confirmar sus sospechas. Esta es, por tanto, la primera bacteria que utiliza el manganeso en la quimiosíntesis. O lo que es lo mismo, la primera bacteria come metales.

Bacterias come metales, descubiertas por accidente

El profesor Jared Leadbetter, profesor de microbiología ambiental en el Caltech, comentó que el descubrimiento fue por accidente. En una anécdota similar a la de Fleming con la penicilina, Leadbetter estuvo fuera de su laboratorio unos meses. Mientras él estuvo lejos, el bote de manganeso con agua del grifo que había dejado de un experimento anterior, se llenó de una sustancia negra. ¿Y qué pensó? Que quizás podría ser la bacteria come metales de la que tanto se había teorizado. Y así ha sido. Gracias a la investigación de su equipo han conseguido dar con dos especies de bacterias que se dedican a comer manganeso.

Descubrieron que estas dos nuevas especies que viven en el agua del grifo usaban el manganeso sobrante como alimento. Y de ahí se creaba un subproducto negro, que se identificó como óxido de manganeso.

«Estas son las primeras bacterias que utilizan manganeso como fuente de combustible», ha apuntado profesor Leadbetter en un comunicado de prensa. «Un aspecto maravilloso de los microbios en la naturaleza es que pueden metabolizar materiales aparentemente poco probables, como los metales, produciendo energía útil para la célula».

De hecho, el óxido de manganeso suele ser un problema para los sistemas de distribución de agua. Resulta que se acumula y bloquea las salidas del agua. Así pues, entender cómo se acumula este compuesto en los depósitos es esencial para prevenirlo. Y, aunque hasta ahora no se sabía de dónde podía venir, ahora podemos señalar con el dedo a dos bacterias come metales como culpables.

«Existe un conjunto completo de literatura de ingeniería ambiental sobre sistemas de distribución de agua potable que se obstruyen con óxidos de manganeso. Pero cómo y por qué motivo se genera dicho material ha seguido siendo un enigma. Claramente, muchos científicos han considerado que las bacterias que usan manganeso como energía podrían ser responsables, pero la evidencia que respalda esta idea no estaba disponible hasta ahora».

Pero el descubrimiento puede aún ir más allá, según apuntan los investigadores. «Durante siglos, se han encontrado grandes nódulos metálicos a lo largo del fondo marino que han desconcertado a los científicos. Estas bolas, formadas por manganeso pero también con metales raros, han sido de interés para biólogos y compañías mineras por igual». Ahora que sabemos que estas bacterias come metales existen y cuál es el desecho que sueltan tras de sí, puede que la explicación también se encuentre en ellas.

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