Este 2020 ha tenido volcanes, pandemias, plagas, monos ladrones de virus…. ¿Qué le falta para ser recordado eternamente como el año de las catástrofes? Un meteorito, por supuesto. Ya el pasado mes de abril, se anunció el supuesto viaje cercanísimo de uno con un ancho de dos kilómetros. Podría haber sido catastrófico, si no fuera porque esa “visita” a nuestro planeta tuvo lugar a más de 6 millones de kilómetros de distancia. Ahora, numerosos titulares vuelven a la carga con el anuncio de un asteroide en noviembre, que sí que tiene una probabilidad mucho más alta de impacto.

Dada la cantidad de veces que hemos leído este tipo de noticias y han resultado ser falsas, no es extraño que tengan el efecto de la fábula del pastorcillo mentiroso. Tantas veces nos han mentido que no sabemos si creerlo. Sin embargo, esta vez sí que es cierto que pasará muy cerca y que incluso puede que impacte. Aunque esto no supondrá ningún peligro.

Asteroide en noviembre: demasiado pequeño para ser peligroso

Actualmente, la lista de asteroides cercanos a la Tierra (NEA por sus siglas en inglés) recogida por la Agencia Espacial Europea (ESA) contiene 1.057 de estos objetos espaciales.

Entre ellos se encuentra, efectivamente, el 2018VP1, que se aproximará a nuestro planeta el próximo 2 de noviembre. La probabilidad de impacto del mismo será de 1/193, por lo que es bastante probable, en comparación con otros.

Sin embargo, hay varias razones por las que podemos estar tranquilos. Para empezar, según ha explicado a Hipertextual el responsable del Sistema de Información de Objetos Cercanos a la Tierra (NEO) de la ESA, Juan Luis Cano González, la primera razón por la que no hay que temer al asteroide es que tiene un tamaño muy reducido. “Es verdad que las probabilidades de impacto son comparativamente grandes, pero es un objeto muy pequeño de entre 2 y 3 metros de tamaño”, aclara. “Aunque no seamos capaces de detectarlos en la mayoría de los casos, impacta con lo Tierra uno de ese tamaño cada 2-3 meses”.

Por otro lado, lo más probable es que no sobreviva al paso a través de la atmósfera, como ha contado también a este medio uno de los científicos responsables del proyecto HERA, Michael Kueppers. De hecho, lo más que podría pasar es que llegara hasta nosotros un pequeño fragmento en forma de meteorito. “Si un fragmento llega a la Tierra como meteorito, será interesante, porque hay muy pocos meteoritos para los cuales se conoce el asteroide correspondiente”. A esto, Cano González añade que el único “riesgo” sería que se tratara de un meteorito de naturaleza metálica, pero las probabilidades de que sea así son bajas.

¿Deberíamos hacer algo al respecto?

La inminente visita de este asteroide en noviembre nos recuerda esas películas en las que los científicos desde la Tierra se emplean a fondo para alterar su trayectoria y evitar el impacto.

Ciertamente, en la realidad existen estos cazadores de asteroides, dispuestos a alejar objetos espaciales si fuera necesario o, al menos, evacuar la zona del choque. No obstante, en esta ocasión no hará falta. “El objeto no se puede observar en este momento. Solo será observable unos días antes de que pase cerca de la Tierra y, en caso de que finalmente estuviera en trayectoria de impacto, no tendría consecuencias”, narra Cano González. “Como decía, podría haberlas si fuera metálico y llegara algún meteorito pequeño al suelo. En ese caso, se podría prever la zona de caída, pero sólo después de haberlo reobservado”.

En cuanto a la posibilidad de desviarlo, tampoco es algo que haya que sopesar, pues los grupos de trabajo que se encargan de estas tareas han establecido que solo habría que pensar en desviar objetos si superan los 50 metros. A este le falta muchísimo para llegar a ese tamaño.

Por lo tanto, sí, es posible que nos visite un asteroide en noviembre; pero, si lo hace, ni siquiera nos daremos cuenta. Podemos estar tranquilos.