Debido a la crisis sanitaria ocasionada por la COVID-19, el Gobierno mantiene el estado de alarma en España y la paralización de todas aquellas actividades que no se consideren esenciales. El resto, entre los cuales se encuentra el personal sanitario, las fuerzas y cuerpos de seguridad, y los empleados de supermercados, continúan al pie de cañón para garantizar el bienestar social.

En crisis anteriores, como atentados terroristas o guerras, estos colectivos han sufrido diferentes patologías psicológicas debido, entre otros factores, al estrés al que se vieron sometidos.

Diversas investigaciones han ayudado a analizar y prevenir este tipo de eventos. Sin embargo, no hay suficiente información sobre el impacto psicológico que puede tener una situación de emergencia sanitaria global como la actual en los profesionales que hoy están trabajando.

El objetivo es detectar quién tiene riesgo de pasarlo peor y poder intervenir mediante la prevención ante un futuro evento similar.

Por este motivo, las investigadoras Nereida Bueno Guerra y Rocío Rodríguez Rey, profesoras de la Universidad Pontificia de Comillas, han puesto en marcha un estudio para conocer cómo está afectando psicológicamente la pandemia generada por el virus SARS-CoV-2 a estos profesionales.

El objetivo es detectar quién tiene riesgo de pasarlo peor y poder intervenir mediante la prevención ante un futuro evento similar. “Queremos que si viene una próxima pandemia sepamos qué preguntas hay que hacer para detectar a los posibles profesionales que vayan a sufrir consecuencias”, apunta Bueno.

Herramientas de prevención para una crisis particular

Ahora se está ofreciendo mucha ayuda psicológica pero, como no hay experiencias previas con este tipo de problemáticas, no podemos saber quién tiene más riesgo de tener secuelas psicológicas en el futuro. Es una labor de prevención de cara al futuro”, señala Rodríguez.

La experta explica que esta situación es diferente a la de un atentado: “En primer lugar en cuanto a la duración, pues estamos viendo que es un proceso largo. Además, es impredecible, y sabemos que los hechos cuanto más impredecibles son, más posibilidad hay de que causen un impacto. La situación tiene muchas particularidades que nos hacen pensar que este impacto puede ser distinto”.

No sabemos si todo lo que conocemos hasta ahora sobre cómo se interviene desde el punto de vista psicológico en una determinada crisis es aplicable a la actual”, dice Bueno.

Y aclara: “Esto nos dará información para poder realizar cursos que ayuden a los profesionales de estos sectores a estar prevenidos y preparados, dotarles de herramientas para que sepan sobre qué tienen que poner atención”.

Cuestionarios ya disponibles

Para realizar su estudio han enviado cuestionarios diferenciados a los distintos colectivos: sanitarios, profesionales de la información, las fuerzas de seguridad del estado, las fuerzas armadas y los trabajadores de los supermercados. El hecho de que estén adaptados a cada sector profesional es un aspecto que da originalidad a este trabajo.

Hay preguntas en común porque hay variables psicológicas que pueden afectar a todos de la misma manera, pero también hay una parte que es específica”, expone Rodríguez.

De esta forma, las investigadoras analizarán no solo cómo afecta esta crisis a cada persona, sino también a profesionales de un sector en concreto, dependiendo de las tareas que realicen.

Un trauma que puede causar estrés postraumático

Una de las variables que estamos midiendo es el impacto, parecido a lo que posteriormente sería estrés postraumático. Todavía no podemos hablar de estrés postraumático porque estamos en el momento del trauma”, comenta Rodríguez.

Según las dos psicólogas, uno de los síntomas del estrés postraumático es el de evitación, distanciamiento. Es decir, sentir que la situación no es real o evitar pensar en ello, un indicio de que algo no se está procesando bien y está causando malestar.

Es un síntoma que nos puede indicar que esa persona está siendo bastante afectada por la situación. No podemos hablar de patología, nosotras no vamos a diagnosticar, sino a ver el impacto psicológico”, expresa la investigadora. Lo que se quiere saber es si cada profesional tiende a experimentar un tipo de afrontamiento u otro o si esto varía entre los sujetos.

No hay que asustarse por contestar determinado ítem, eso no significa que se tenga una patología concreta, ni mucho menos, porque ahora mismo es muy normal estar experimentando muchos de estos síntomas”, aclara Bueno.

Secuelas físicas

En uno de los bloques agrupan varias preguntas referidas a la carga de trabajo que acarrean los profesionales, como el número de horas extras que realizan o el último día libre que tuvieron.

Sabemos que la gente está trabajando más de lo habitual y descansando menos; y que, en una situación normal, llevar muchos días sin descansar incrementa los niveles de estrés”. Por eso, en los cuestionarios preguntan cuándo fue el último día que descansaste, ya que esto puede mitigar el estrés.

Eso afecta también a nivel físico. Cuando más estrés, peor para el sistema inmunitario, lo que supone más riesgo”, indica Bueno.

Por todo esto, las investigadoras invitan a los profesionales a responder a los cuestionarios, pues cuantos más reciban, más podrán generalizar los resultados.

Una crisis nueva para todos

Lo que hemos visto hasta ahora se centra solo en los profesionales que están a pie de calle. El foco está sobre todo en los sanitarios, pero hay otros sectores que también nos están ayudando y de los que no hay tanta investigación”, señala la psicóloga.

Analizarán cómo afecta esta crisis a los profesionales de cada sector concreto, dependiendo de las tareas que realicen.

La experta considera que hay muy poca información sobre periodistas que estén cubriendo una situación como esta en la que pudiera peligrar su vida, aunque no sea tan visible como en una guerra. Tampoco sobre los que teletrabajan que, aunque no tienen ese riesgo de contagio, están poniendo un esfuerzo extra para estar atentos, memorizar cosas, escribir a un ritmo diferente.

Somos conscientes de que hay profesionales que también están ayudando y que no cubrimos, como investigadores, terapeutas ocupacionales, personal de universidades, etc.; pero no podemos abarcarlo todo, ya que entonces no lo haríamos bien”, apunta Bueno.

Autor: María Marín

Este artículo fue publicado originalmente en Agencia Sinc