La crisis económica en la que la pandemia de COVID-19 está sumiendo poco a poco a más de medio planeta no ha hecho más que empezar, pero muchas de sus consecuencias son ya tristemente detectables.

La desigualdad social y económica se ha hecho especialmente notable en los países más desfavorecidos, en los que muchas de las personas que antes difícilmente ganaban lo justo para comer ahora se han quedado sin un trabajo del que sustentarse.

Las situaciones desesperadas llevan a tomar medidas desesperadas y, por desgracia, no siempre legales. Por eso, la caza furtiva de especies en peligro para su venta en el mercado negro ha experimentado un peligroso aumento, que podría ser aún peor si no se hace nada para detenerlo, según ha alertado recientemente la Wildlife Conservation Society (WCS).

De ibis a rinocerontes

Una de las primeras capturas denunciadas por la WCS ha sido la de tres ejemplares de ibis gigante (Pseudibis gigantea), que fueron envenenados en el Santuario de Vida Silvestre Chhep, de Camboya, a principios de este mes de abril. Esta especie, conocida como el ave nacional de dicho país, se encuentra en peligro crítico de extinción. Tanto, que solo esa desgracia ya supone la pérdida de alrededor del 2% de la población mundial.

Y lo peor es que no ha sido la única situación similar que se ha producido últimamente en Camboya. Poco antes, a finales de marzo, se alertó de la caza de más de 100 polluelos de cigüeña pintada (Mycteria leucocephala) en la colonia de aves acuáticas más grande del sudeste asiático, el Ramsar Prek Toal. Además, se documentaron otras situaciones parecidas con otras especies avícolas, como el pato de alas blancas (Asarcornis scutulata) y la grulla sarus (Antigone antigone).

Este tipo de sucesos, acompañados de un aumento de la explotación de los recursos naturales, se han hecho cada vez más frecuentes, a medida que la economía de cada país se ha ido paralizando.

Adiós a Sudán, el último rinoceronte blanco del norte macho del mundo

Pero este problema no está azotando solo al sudeste asiático. En África está aumentando peligrosamente la caza del rinoceronte blanco (Ceratotherium simum), con la captura reciente de seis ejemplares en Botswuana y otros nueve en la provincia noroccidental de Sudáfrica; donde, además, se encuentra la mayor parte de casos de coronavirus del continente africano.

Incluso en continentes con una estabilidad económica mayor, como Europa, también se están empezando a conocer casos de este tipo. Es el caso de Austria, donde se ha reportado la caza reciente a manos de furtivos de veintisiete aves protegidas, y de Hungría, República Checa y Eslovaquia, donde se han capturado otras tres.

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Curiosamente, es muy posible que todo este problema empezara por la caza furtiva de un animal que, claramente, no siguió ningún tipo de control sanitario antes de su consumo. Ahora, las consecuencias de la pandemia sobre la economía podrían llevar a que la situación se repita. Pero ese no es el único peligro al que nos enfrentamos, pues también estamos enfrentando un posible problema de pérdida de biodiversidad al que no debemos dejar de prestar atención. Muchos animales se han visto beneficiados por este parón mundial, pero a otros les puede salir muy caro.

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