En momentos como el que estamos viviendo actualmente en todo el mundo, cualquier buena noticia, sea de la índole que sea, es un maravilloso oasis en mitad del desierto de la incertidumbre y la desesperación.

Y no hay nada como saber que una especie que se mantiene en grave peligro de extinción está comenzando a recuperarse, aunque solo sea un poquito. Es el caso del rinoceronte negro africano (Diceros bicornis), cuya población ha aumentado ligeramente, gracias a las estrategias de conservación desarrolladas en Sudáfrica. Los responsables de estas medidas hacen un llamamiento a la calma y avisan que de momento la mejora solo es ligeramente perceptible, pero no deja de ser un claro motivo de celebración.

Buenas noticias, pero con cautela

Según las últimas actualizaciones de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, entre 2012 y 2018 la población de rinocerontes negros aumentó un 2’5%, de 4.800 a 5.600 ejemplares.

Aún sigue catalogado como especie en peligro crítico en la Lista Roja elaborada por esta institución, pero ya cuenta con la esperanzadora flechita verde que indica que su población está en crecimiento.

Todo esto ha sido posible gracias a las estrategias de Conservación, entre las que se incluye un férreo plan de lucha contra la caza furtiva. De hecho, gracias a las medidas involucradas en él, la cantidad de ejemplares muertos en manos de estos cazadores ha disminuido desde los 769 de 2018 hasta los 594 de 2019. Además, en 2015 se documentó que se cazaban de media 3'7 rinocerontes cada día, mientras que en 2018 se descendió hasta los 2'4 en 24 horas.

El camino está siendo lento; pero, siempre que siga siendo hacia abajo, podremos estar tranquilos por el futuro de este animal africano. Sin embargo, para eso no se pueden descuidar las directrices que se han seguido en Sudáfrica hasta ahora. Sigue siendo importante dedicar esfuerzo a conservar la especie y, sobre todo, a intentar detener a los cazadores que acaban furtivamente con sus vidas solo con el deseo de hacerse con esos dos cuernos, con propiedades supuestamente curativas. Ni curan, ni dan suerte, ni tienen poderes milagrosos. Es algo que también se debe recordar a la población para que, algún día, podamos celebrar el ascenso de este animal a otro peldaño de la escalera que le conduce lejos de su desaparición.