Poco a poco, la mayoría de presidentes de los países afectados por el coronavirus van volviendo al redil y entendiendo la necesidad de confinar a la población para que la enfermedad no se expanda. Sin embargo, todavía quedan algunos que ven la ausencia de cuarentenas como una oportunidad de oro para que la población joven se inmunice, suponiendo que solo las personas mayores y con enfermedades previas pueden morir por su causa.

Esto es algo que ha sido duramente reprendido por la Organización Mundial de la Salud y también por el sentido común, en primer lugar porque las personas mayores merecen nuestra protección del mismo modo que el resto y, por otro lado, porque hay personas jóvenes y fuertes que han debido ser ingresadas en Unidades de Cuidados Intensivos o que incluso han muerto por la infección del SARS-CoV-2. Son la excepción, pero existen. A pesar de todo, no solo los políticos osan a desafiar al virus de esta forma. También algunos deportistas y directivos. Es el caso del actual asesor del equipo Red Bull de Fórmula 1, el ex corredor Helmut Marko, quien tenía en mente un enrevesado plan para que sus jóvenes pilotos enfermaran.

Un plan disparatado

Marko fue uno de las personas del mundo de la Fórmula Uno que más se opusieron a la cancelación de las carreras a causa del coronavirus.

Quedaba claro así que no le tenía ningún miedo y que, incluso, lo veía como una oportunidad. No se ha ocultado al reconocerlo en declaraciones al canal austriaco ORF, en las que explica que le hubiese gustado que su piloto Max Verstappen se contagiara. Pero no solo él. También el resto de miembros del equipo, incluyendo a los menores de edad del programa de jóvenes pilotos de la escudería.

Se basaba para ello en que todos ellos son jóvenes y fuertes, por lo que superarían la Covid-19 sin problemas y estarían inmunizados y listos para competir sin problemas en el momento que se retome la actividad.

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Lógicamente, en el momento en el que otros miembros de Red Bull fueron conscientes de que planeaba organizar un campamento para promover el contagio, se encargaron de quitarle la idea de la cabeza. Si lo hubiese hecho, posiblemente la mayoría de ellos no habrían requerido grandes cuidados, pero solo con uno que hubiese necesitado un ingreso estaría ocupando una cama que se podría haber evitado. Consumirían recursos de sanidad y, sobre todo, pondrían en peligro a sus familiares y amigos al entrar en contacto con ellos. Esta epidemia no es un juego. Debemos cuidarnos y velar por los demás. Dejemos la inmunidad a las vacunas cuando estén listas.

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