El 11 de septiembre de 2001, dos aviones pilotados por terroristas se estrellaron contra las Torres Gemelas de Nueva York, mientras que un tercero se dirigía al Pentágono, para repetir la misma macabra hazaña sobre su fachada. Más de 3.000 personas murieron como consecuencia de aquellos atentados, que mantuvieron a millones de personas en todo el mundo pegadas con miedo al televisor. Fue un suceso que marcó a una generación, pues todos los que teníamos ya uso de razón recordamos dónde estábamos en aquel momento. Pero el terror duró mucho más que las doce horas que tardaron en caer las torres y los días que duraron las maniobras de rescate. El miedo pudo verse en el género de los bebés que nacieron en los meses posteriores; pues, curiosamente, fueron muchas más las niñas, en proporción a la cantidad de niños que vinieron al mundo.

Ocurrió algo similar en España, cuando el 11 de marzo de 2004 estallaron las bombas que mataron a casi 200 personas en Atocha, o en Noruega, después de que en 2011 un empresario de extrema derecha promoviera la explosión de una bomba y un tiroteo, dejando a 77 víctimas a su paso. Está claro que estas situaciones estresantes afectan al balance de nacimientos. Pero lo más curioso es que no es necesario que se trate de algo tan drástico. También los resultados de unas elecciones pueden generar este curioso efecto, según un estudio publicado recientemente en BMJ Open.

Otro efecto de la victoria de Trump

Dos investigadores del Hospital Mount Sinai de Toronto querían saber si los resultados de unas elecciones también pueden afectar al sexo de los recién nacidos.

Es algo difícil de saber; pues, si nos fijamos en los ciudadanos de un país, unos aborrecerán el resultado y otros estarán muy felices por ello. Sin embargo, a veces los habitantes del país vecino sí que suelen compartir sus ideas al respecto. Es lo que ocurre en Canadá con los resultados electorales de Estados Unidos. Por lo general, la mayoría de canadienses suelen preferir a los candidatos demócratas, en comparación con los republicanos, sean quienes sean. Esto, además, se agudizó aún más cuando la opción era que Donald Trump se convirtiera en presidente del país norteamericano.

Los resultados de aquellas elecciones fueron un verdadero shock para personas de todo el mundo, que creían casi imposible que ocurriera. Por eso, no es extraño que fuese todo un drama en Canadá, especialmente en zonas como Ontario. Y aquí llega la parte más llamativa de todo esto, pues a los cuatro meses de la subida de Trump al cargo se observó una caída en el nacimiento de niños en esta zona. La situación se mantuvo así durante un tiempo y volvió a la normalidad cinco meses después. Solo unas pocas regiones más conservadoras, en las que sí estuvieron contentos con el resultado, siguieron trayendo hijos al mundo con la proporción habitual.

Parecía que, efectivamente, el estrés de tener a un político tan poco querido presidiendo el país vecino había afectado la proporción de nacimientos masculinos. ¿Pero por qué?

Hay varias teorías al respecto. Por lo general, los embriones masculinos son más susceptibles a ser abortados por situaciones estresantes que los femeninos. Evolutivamente, se cree que esto puede deberse a que, en condiciones adversas, la pérdida de fetos masculinos frágiles resulta beneficiosa para la especie al producir una “cohorte sacrificada” de machos más sanos que pueden reproducirse mejor, aumentando la probabilidad de supervivencia de la población. En resumen, solo los “machos más fuertes” lograrían nacer, mientras que las hembras nacen de cualquier modo, sin esta distinción.

Donald Trump ya había anunciado cuáles podrían ser algunas de sus medidas al llegar al cargo y la mayoría no afectaban solo a los estadounidenses. Suponía un futuro incierto para el planeta y eso, lógicamente, era una situación claramente estresante. Tanto como para dejar varios fetos masculinos en el camino.