Hasta hace pocos días, muchos españoles seguían saliendo a la calle a hacer deporte o se acercaban a las playas más cercanas. A pesar de que el Gobierno de Pedro Sánchez decretó el estado de alarma en el país por la crisis del coronavirus, algunas personas seguían pasando tiempo fuera de sus domicilios. Mientras, muchas otras instaban a hacer lo contrario con el hashtag #YoMeQuedoEnCasa y en sus redes sociales siguen explicando cómo pasan estos días de cuarentena que durará hasta nuevo aviso hasta el 29 de marzo.

El estado de alarma y las medidas que se incluyen en el decreto se han tomado en un momento en el que los casos de COVID-19 aumentan cada día y, en el momento de la publicación de este artículo, se han contabilizado en España más de 13.700 contagiados y 598 muertos. Sin embargo, al otro lado del mundo, en Corea del Sur, se ha logrado controlar el brote, hasta tal punto que no ha sido necesario cerrar los establecimientos y negocios.

En primer lugar, las autoridades surcoreanas reaccionaron cuando los casos de coronavirus se acercaban a los 500. Desde ese momento, además de iniciativas sanitarias, recomendaron a los ciudadanos que no salieran a las calles. Y todos los hicieron, desde el primer día. En España, sin embargo, este fin de semana todavía habían personas que parecían desoír los llamamientos del Gobierno. ¿Por qué nos ha costado más tomarnos en serio estas medidas y llevarlas a cabo?

David Lanza, Doctor internacional en Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad a distancia de Madrid (Udima), subrayó que Corea del Sur se ha convertido en un ejemplo por la actitud cívica de los ciudadanos y su preocupación hacia lo público. "En España, en cambio, lo hemos minimizado, como si no nos afectara. Incluso a veces, no sé si por nuestra tendencia democrática, es como si nos creyéramos que estamos por encima del imperio de la ley. Nos dicen que nos quedemos en nuestras casas y nos lo saltamos a la torera", explicó en entrevista con Hipertextual.

Uno de los factores que influyen en este comportamiento es el estilo de vida mediterráneo. Lanza destacó que estamos muy acostumbrados al contacto cara a cara con las personas. Además, España en un país en el que se fomenta esta forma de vida porque los bares están abiertos todos los días y hasta altas horas de la noche. En otros países, por ejemplo los nórdicos, las discotecas cierran mucho más temprano que en las ciudades españolas. De esta manera, es más difícil acostumbrarse de un día para el otro a un estilo de vida completamente diferente.

A pesar de este rasgo cultural, el experto también puso de relieve la importancia de la fortaleza psicológica en situaciones como la crisis actual por el brote de coronavirus. En los días que llevamos de confinamiento, que no llega ni a una semana, son comunes los comentarios de hastío y aburrimiento. "He hecho un paralelismo con la Segunda Guerra Mundial, cuando muchos judíos tuvieron que estar ocultos en un sótano o en otros lugares sin poder moverse, sin apenas alimento y sin tener contacto con nadie". A pesar de las grandes diferencias históricas entre el nazismo y la época actual, Lanza ha ejemplificado la poca capacidad que tienen algunas personas para convivir en sus domicilios a pesar de tener comida, teléfono, redes sociales y plataformas de ocio. No obstante, esta cuarentena también puede ser un momento para reflexionar.

Nos pueden haber dado la oportunidad para pensar, entender y repensar nuestros estilos de vida y organización social porque muchas veces el estilo de vida no depende solo de nosotros, muchas veces también en un plano más institucional, qué es lo que nos ofrece nuestra comunidad".

De esta manera, añadió Lanza, se puede llegar a replantear la formación de los estudiantes para que, de cara a posibles situaciones como esta, dispongan de habilidades y competencias. "En las escuelas se debe prestar atención a la salud psicológica y enseñar competencias aplicables a diferentes esferas sociales y públicas".

A pesar de ello, el Doctor en Psicología Evolutiva y de la Educación dijo a Hipertextual que es difícil huir de la cultura, "una tela de araña que nos tiene sujetos" porque muchas veces actuamos conformes a los patrones culturales de lo que es correcto o incorrecto. Muchas veces, agregó, los que se alejan de estos parámetros son los marginados y los que acaban en el ostracismo. "Si no sigues los patrones y el ritmo ¿al final qué sucede? Que puedes acabar apartado o alejado del grupo".

Pero no todo es negativo. Más allá de las actitudes, podríamos llamar individualistas, de algunas personas, el confinamiento también está sacando lo mejor de muchas personas. Al principio, en la televisión y en las redes se alertaba de la importancia de quedarse en los domicilios no solo para no contagiarse uno mismo, sino también para evitar que lo hagan otros, sobre todo los que se encuentran en grupos de riesgo. Sin embargo, en los últimos días, se han viralizado iniciativas a favor de la comunidad. La más popular son los aplausos desde los balcones hacia el personal sanitario. Otro ejemplo son las clases de yoga u otros deportes que se cuelgan en redes sociales para que todo el mundo pueda practicar desde su casa, así como las obras de teatro y conciertos online.

Y, sobre todo, los consejos que se dan a través de las redes para llevar mejor estas semanas confinados y los ánimos para las personas que padecen el coronavirus. En España, costó varios días que la gente fuera consciente del alcance de la gravedad por el COVID-19. También es cierto que nunca nos habíamos enfrentando a una situación parecida. Los comportamientos al principio de la crisis no fueron tan ejemplares como los de Corea del Sur pero la sociedad española se está uniendo cada vez más para superar esta crisis. Y lo haremos juntos.

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