Hay un viejo chiste en el que tres científicos hablan de los proyectos espaciales de sus respectivos países para viajar al espacio. Para evitar susceptibilidades, no especificaré de dónde procede cada uno. Los dos primeros hablan de ir a planetas del sistema solar, cada cual más lejano. Pero el tercero se desmarca y asegura que su país viajará al sol. Los dos científicos, incrédulos, le preguntan que cómo va a viajar al sol, una bola de fuego incandescente. A lo que el científico responde que, claro está, viajarán de noche.

Cuando surge el tema de la obtención de energía eléctrica a partir de la luz del sol, el principal inconveniente es que de noche no hay luz, por lo que hay un número de horas en las que las células fotovoltaicas no cumplen su función. Lo mismo ocurre con las hélices cuando no hay viento en las centrales eólicas.

Pero parece que los científicos no han obviado este problema y han pensado largo y tendido en cómo sacar provecho de los paneles solares incluso de noche, una idea que puede parecer tan absurda como el chiste que conté al principio pero que, bien mirado, sería la solución ideal para hacer de la energía solar una fuente de energía eléctrica de primer orden.

Luz y calor: la termorradiación al rescate

La tecnología fotovoltaica actual se nutre de la luz solar que llega a la tierra durante las horas en que es de día. Pero durante la noche, esa luz desaparece y los paneles solares dejan de producir energía eléctrica.

Sin embargo, ¿qué ocurriría si usáramos nuestro planeta como una fuente de calor y el cielo nocturno como un disipador de calor? Aquí entra la termorradiación, una especialidad que, en teoría, podría aprovechar las horas nocturnas para producir energía eléctrica a partir del calor generado durante el día en esas mismas placas solares.

Así pues, la tecnología fotovoltaica termorradiante podría aprovechar el calor en vez de la luz solar y así obtener energía día y noche. La idea no es mía, obviamente, sino de Tristan Deppe y Jeremy Munday. El segundo es profesor en el Departamento de Ingeniería Eléctrica e Informática de la Universidad de California en Davis. Por su parte, Tristan Deppe es estudiante de postgrado de Munday.

La teoría de ambos es que unas placas solares adaptadas producirían durante la noche unos 50 vatios por metro cuadrado en condiciones ideales, lo que equivaldría a una cuarta parte de lo que se genera en la actualidad con paneles solares durante el día.

La propuesta de Deppe y Munday se publicó en la revista especializada ACS Photonics del mes de enero bajo el título Nighttime Photovoltaic Cells: Electrical Power Generation by Optically Coupling with Deep Space, que traducido vendría a decir “Células fotovoltaicas nocturnas: Generación de energía eléctrica por acoplamiento óptico con el espacio profundo”.

En palabras de su creador, un objeto caliente radía calor en forma de luz infrarroja. Una célula solar está más fría que el sol, claro está, por lo que absorbe la luz que recibe. Durante la noche, el espacio es muy frío, por lo que un objeto caliente enfocado al cielo radiaría calor, un principio empleado para enfriar estancias y objetos y que podría aprovecharse también para generar energía eléctrica.

En la actualidad, Munday está desarrollando prototipos a pequeña escala de estas nuevas células fotovoltaicas. El objetivo es mejorar la eficiencia de estos paneles para obtener más energía en menos tiempo y con menos superficie instalada. El futuro dirá si la fotovoltaica termorradiante puede aplicarse y resulta eficiente para este fin.