Posiblemente, si preguntásemos a unas cuantas personas sobre la canción que más odian en el mundo, la mayoría de ellas elegirían una que, en algún momento, fue su tono de despertador. Es inevitable sentir rechazo hacia una melodía que durante días, meses o años nos ha sacado de un sueño placentero para lanzarnos sin miramientos hacia una nueva jornada de trabajo o estudio. Por eso, hay quien prefiere los tonos más neutrales, el “pipipi-pipipi-pipipi” de toda la vida.

Sin embargo, un nuevo estudio, publicado en PloS One de la mano de científicos procedentes de la Universidad RMIT, establece que, en realidad, esta no es una buena idea, pues impide que comencemos la jornada suficientemente despiertos para enfrentarnos a nuestras tareas.

En busca del tono de despertador perfecto

El objetivo de este estudio ha sido analizar cómo influye la melodía de alarma escogida sobre la duración de un fenómeno conocido como inercia del sueño, consistente en una disminución de la capacidad cognitiva y reducción del estado de alerta, inmediatamente después de despertar.

Puede durar desde unos pocos minutos hasta varias horas y es determinante en la productividad de una persona, tanto si estudia como si trabaja. Además, es especialmente importante acortarlo en trabajadores a turnos o profesionales cuya ocupación entraña cierto riesgo o mucha responsabilidad, como los bomberos o los médicos. Incluso se citan en el estudio las dificultades atravesadas por astronautas de la NASA al despertar demasiado cansados para desarrollar su labor.

Para comprobar el papel del tono de despertador, estos científicos reclutaron a 50 voluntarios, que tuvieron que responder a una encuesta online, directamente desde la tranquilidad de su casa. En ella debían especificar qué tipo de alarma utilizan para despertarse por las mañanas y contestar algunas preguntas sobre su estado de alerta y su capacidad cognitiva después de levantarse.

Curiosamente, encontraron una relación significativa entre la presencia de inercias del sueño más cortas y el uso de melodías en vez de tonos repetitivos. No está claro cuál sería la canción perfecta, pues el estudio no apunta a unas notas o una construcción melódica concreta, pero sí parece claro que resulta más positivo que unos cuantos “Beep”.

En cuanto a la explicación de estos resultados, tampoco lo saben con seguridad, aunque apuntan a algunas teorías. Por ejemplo, creen que los tonos no melódicos pueden interpretarse como una variación ambiental auditiva y, como tal, inducir menos excitación y conducir a una cognición reducida. En cambio, una canción completa no se camuflaría tanto con el sonido ambiental y favorecería la transición entre el sueño y la vigilia.

El siguiente paso de estos científicos será analizar qué tipo de composiciones pueden actuar más beneficiosamente sobre el estado de alerta y cognición de sus usuarios. Hasta que lo hagan, nos quedamos con que vale la pena elegir una canción en vez de un tono más monótono. Puede que terminemos detestando la melodía, pero al menos nos despertaremos con energía para odiarla.