No se trata de un tema sencillo, aunque pareciera ser trivial: de nuevo, se acusa a los Oscar de ser “muy blancos”, lo que de hecho se traduce como algo más concreto. La mayoría de las nominaciones de este año recayeron películas que aunque en apariencia controversiales o novedosas solo repiten un esquema de lo que la Academia suele preferir, lo que supone un mensaje que podría interpretarse de varias maneras dentro de lo que los premios representan en la cultura popular.

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Después de todo, el cine es una gran caja de resonancia sobre los cambios sociales y culturales de la época que pretende reflejar, por lo que es inevitable cuestionarse si el hecho de escoger películas, directores y obras que apuntan hacia un cierto aire conservador, tiene un mensaje claro. ¿Se trata de un fenómeno inevitable?

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Claro está, la reflexión anterior no parece tener mucho sentido si tomamos en cuenta que una película calificada como subversiva y revolucionaria como Joker, de Todd Phillips, encabeza la lista de las nominaciones. Lo hace además después de atravesar el terreno resbaladizo de todo tipo de críticas sobre su forma de tratar la violencia, la salud mental, el alineamiento y los brotes armados en medio de un aumento considerable en el número de tiroteos en EE.UU..

No obstante, si se analiza Joker más allá de su indudable capacidad para la polémica, hay una dimensión evidente que deja claro que la película, a pesar de su carga de contenido y símbolos, es bastante menos peligrosa de lo que se supuso en un principio. Después de todo, el guion no deja de machacar y recordar que las zonas oscuras de la sociedad son capaces de engendrar monstruos y eso es reprochable. Lo es, tanto como crear una criatura amoral y agresiva como el Arthur Fleck interpretado por Joaquin Phoenix. De modo que la disyuntiva real es si Joker, que despertó temores y discusiones durante los primeros días de su estreno, en realidad entra en la concepción sobre el bien y el mal maniqueo tan común en Hollywood.

Al otro lado del espectro, se encuentra The Irishman, la obra de un reflexivo Martin Scorsese que también representa con su aire brutal y brillante la oscuridad moral. Lo hace desde un tono que ya es conocido por sus fans y que encarna la seducción del mal sobre el temperamento de los hombres para quienes el crimen es un refugio. No hay disyuntivas reales ni nuevos planteamientos a los que ya Scorsese ha mostrado en pantalla grande en su mejores obras. Ya Goodfellas (1990) se había hecho preguntas muy semejantes a las que mueven a los personajes de The Irishman y que, de hecho, son más o menos las mismas — pero en una connotación más sofisticada — que las que medita Phillips a través de Joker. Una y otra afirman el hecho de que el mal actual está relacionado de manera directa con la falibilidad y una sociedad que crea criminales a su medida. Una frente a la otra dialogan sobre la violencia y el miedo de formas muy parecidas.

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Por si lo anterior no fuera suficiente para demostrar que este año los Oscar muestran un marcado corte conservador se encuentra Ford vs Ferrari, un drama elegante y sofisticado sobre el sueño norteamericano convertido en apoteosis de la identidad del país. Si Phillips y Scorsese muestran a la sociedad contaminada por sus pesares, James Mangold explora su lado más brillante, con hombres inspirados por una formidable necesidad de vencer y demostrar la potencia. ¿De su país? ¿De su época? La película no se detiene demasiado en profundizar sobre los puntos ciegos de su argumento, pero aun así se trata de un interesante recorrido por EE.UU. desde su lado más poderoso.

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Si la intención era mostrar el mundo del crimen — incómodo y realista — y, de hecho, romper esquemas morales habituales para la Academia, ¿por qué ignorar Uncut Gems de los hermanos Safdie? La película evade explicaciones obvias y muestra el mosaico de matices del mal contemporáneo como una excusa para el miedo. Más atrevida que The Irishman y sin duda más sólida que Joker, la película habría supuesto una reflexión más interesante sobre la norteamérica — tanto la radiante como la oscura — que al parecer se homenajea en esta edición de los premios Oscar. ¿Por qué ignorar la actuación de Adam Sandler, inquietante y rica en matices? ¿Se trata del hecho que su personaje se aleja del patrón del antihéroe trágico de Phillips y el hombre invisible y violento de Scorsese para mostrar algo más complicado?

Por supuesto, también el Oscar demuestra que los miembros y estructura del premio está prestando atención a las audiencias. Con sus once nominaciones a cuestas, Joker parece desafiar cierta percepción impoluta sobre los premios más importantes de la industria del entretenimiento. Pero en realidad se trata también de un señuelo para audiencia. El film se convirtió en un resonante éxito taquillero y también, un tema de constante debate en todo tipo de medios especializados y foros de internet. Su nominación asegura que buena parte de los fans que apoyaron a la película como propuesta también le acompañarán en la noche en que podría consagrarse como un triunfo de un cierto tipo de aparente contracultura. Nada es inocente con respecto a la industria del espectáculo y mucho menos lo referente a su símbolo más exitoso. El premio Oscar se sostiene sobre la posibilidad de su influencia sobre carreras y taquillas, pero sobre todo su preeminencia como demostración del poder de la meca del cine y sus preferencias.

El soldado, el niño aturdido y las hermanas

La película The Farawell de la directora Lulu Wang fue ignorada en el cuadro de las nominaciones, a pesar de su discreta pero importante participación en la temporada de premios, en la que la actriz y cantante Awkwafina ganó un Globo de Oro a mejor Actriz.

Se trata de un film que narra una historia de mujeres y dirigida por una mujer, lo que según todos pronósticos hacía complicado su posible inclusión en el cuadro de nominados en las categorías más importantes. Días antes del anuncio se insistió que tal vez la Academia podría dar un paso adelante y celebrar un argumento íntimo, de impecables actuaciones y una rara belleza emocional. No ocurrió.

Lo mismo podría decirse de Estafadoras de Wall Street, dirigida por Lorene Scafaria y que como el film de Wang, obtuvo algunas importantes nominaciones durante la temporada de premios incluyendo varias para Jennifer Lopez, en el que quizás es el mejor papel de su carrera. Pero la película de Scafaria — con su tono gamberro y extraño juego moral — no solo fue ignorada en los rubros en que se suponía obtendría alguna relevancia, sino además, minimizada hasta convertirse en una pequeña anécdota dentro de un año especialmente significativo para el cine dirigido por mujeres.

No obstante, los premios Oscar se decantaron por Mujercitas — otro drama esencialmente femenino- a la que favorecieron con varias nominaciones para su elenco y otras tantas en categorías técnicas. Pero su directora Greta Gerwig fue ignorada (de nuevo) y solo obtuvo una nominación como guionista a la mejor adaptación. Otra vez, vale la pena preguntarse si la presencia de Mujercitas — con toda su carga emotiva e histórica — entre el cuadro de las mejores películas del año sin que se incluya a quien la dirigió no es un acto contradictorio, que además demuestra que la supuesta evolución del Oscar no es otra cosa que un extraño juego de símbolos no demasiados claros a la hora de su interpretación.

‘Jojo Rabbit’: ¿qué es real y qué es ficción en la película de Taika Waititi?

Otro tanto ocurre con Taika Waititi, cuyo film Jojo Rabbit opta al galardón para mejor película, mientras que fue ignorado como director y como actor de reparto. ¿Es una forma de aminorar el impacto de una sátira más irreverente de lo que parece, capaz de manejar símbolos sobre el totalitarismo en medio de bromas de humor grueso? Jojo Rabbit posee un poderoso discurso contra el totalitarismo, y sin embargo también una burla notoria contra el poder. ¿Se trata de una forma de la Academia de desligarse de una broma política incómoda?

Una extraña casa, el Hollywood inolvidable, el dolor doméstico y un soldado desconocido

Sin duda, la gran sorpresa de este año fue la nominación para seis categorías de Parasite del sucoreano Bong Joon-ho, convertida en un clásico instantáneo y declarada por varios medios como la mejor película del año pasado.

Aún así, se trata de un homenaje tramposo: aunque su director forma parte del cuadro de seleccionados para levantar la estatuilla a mejor director, ningún miembro de su extraordinario elenco forma parte de las categorías más importantes. Más significativo aún podría ser que la película también opta por un Oscar a la mejor película extranjera: ¿tendrá que conformarse Joon-Ho con el premio? Se trataría de un intercambio poco justo siendo que su film es quizás uno de los más interesantes y poderosos de las últimas décadas. Pero, ¿existe la posibilidad que la Academia premie como mejor película del año a una que no esté hablada en inglés?

El resto del cuadro de nominadas a la mejor película deja muy claro que el Oscar corrió muy pocos riesgos este año: desde el drama en estado puro de Marriage Story de Noah Baumbach, el emotivo homenaje de un maduro Quentin Tarantino a Hollywood y el prodigio técnico de Sam Mendes en 1917, es notorio que el Oscar tiene ante sí una colección de historias incluso más tradicionales que las de cualquier otro año.

Después de todo, el film de Baumbach es una reinvención de la dolorosa pero inofensiva de Kramer vs Kramer (Robert Benton -1979) mientras que la épica bélica de Mendes parece despertar más curiosidad por su asombroso logro visual que por la historia que cuenta. Incluso Tarantino, ese enfant terrible de la meca del cine, participa con su versión menos incómoda y una además, que brinda un final feliz a una de las grandes tragedias de Hollywood. Así que tampoco su inclusión significa una verdadera apertura, sino más bien un homenaje de la industria a sí misma.

Vale la pena preguntarse si esta edición de los Oscar tan moderada, que no anuncia la más mínima sorpresa, es una demostración que el Oscar no es solo muy blanco, sino también, muy rígido y mucho más que en años anteriores. ¿Se trata de un mensaje sobre lo que está sucediendo en las grandes audiencias y los movimientos culturales que sostienen el séptimo arte?