Corría el año 79 después de Cristo cuando el guardián del Colegio Consagrado al culto de Augusto, en Herculano, dormía ajeno a los efectos del volcán que acababa de estallar en erupción, arrasando con todo lo que encontró a su paso en esta localidad y en la vecina Pompeya.

Los restos de aquel pobre hombre, de aproximadamente 25 años, fueron hallados carbonizados, todavía en la cama, durante los años 60. Fue una de las 5.000 víctimas que dejó aquel año el Vesubio, pero su estudio ha resultado especialmente interesante para los investigadores por un fenómeno que jamás se había descrito antes: su cerebro había quedado convertido en vidrio a causa del desastre.

Petrone et al., NEJM, 2020

Cerebro “de cristal”

Los arqueólogos se encontraban investigando los restos de una casa destruida por el volcán cuando vieron algo que brillaba entre las cenizas. Parecían trozos de vidrio negro, pero no sabían de dónde podían haber salido.

En busca de respuestas para esta pregunta procedieron a analizarlo, descubriendo para su sorpresa que estos fragmentos contenían restos de ácidos grasos, proteínas cerebrales y cabello humano. Esto inducía a pensar que se trataba del cerebro del fallecido, algo que contrasta con otros restos hallados en la zona, que habían evolucionado hasta la saponificación, un proceso típico de cadáveres hallados en agua, por el cual las grasas corporales se transforman en una sustancia jabonosa.

¿Qué pudo pasarle entonces a este hombre? Según explican investigadores de la Universidad de Nápoles en un estudio publicado en New England Journal of Medicine, este fenómeno se debe al intenso calor que soportó repentinamente el cerebro de la víctima. El análisis de los restos de madera carbonizada presente en la cama y el resto de la estancia indica que las temperaturas ascendieron hasta los 520 grados centígrados. Probablemente en un principio se debió a las olas de alta velocidad de gas y rocas, procedentes del volcán.

Todo esto llevó a que su grasa corporal se prendiera, como la cera de una vela, evaporando sus tejidos blandos. A continuación, todo se cubrió de cenizas y se produjo un enfriamiento similar al que se da en los procesos de producción de vidrio. Industrialmente este se fabrica alcanzando los 1.400 grados centígrados, pero hay constancia de que también se puede hacer a temperaturas más bajas.

Este es el primer descubrimiento de restos humanos vitrificados a causa del calor, por lo que sus autores se encuentran muy emocionados. No obstante, algunos científicos son reacios a creer que esto ocurriera tal como lo describen. Es el caso del médico forense Tim Thomson, quien ha reconocido en declaraciones a Forges que sería necesario intentar reproducir las condiciones que se supone que experimentó el cerebro, para comprobar si realmente se transformaría en vidrio. De no ser así, él cree que este resultado podría deberse a que el cerebro se “horneara” por un calor menos intenso, pero continuado.

En cuanto al cráneo, cuenta con una fractura de gran tamaño; que, según los investigadores de la Universidad de Nápoles, podría ser consecuencia de la “explosión” del mismo, mientras el cerebro se convertía en vidrio. Sin embargo, otros científicos apuntan a que es más probable que se deba a la caída de los escombros del edificio en el que se encontraba.

Quedan muchas preguntas abiertas y será necesaria mucha más investigación para darles respuesta. De momento, está claro que el cerebro de ese hombre se transformó en vidrio y eso es algo que no se observa todos los días. Un claro ejemplo de lo extrema que debió ser la situación en Herculano y Pompeya aquel día.

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