Aunque la paridad en ciencias sea aún a día de hoy todo un reto, las mujeres dedicadas a ellas han existido desde hace muchísimos siglos. ¡E incluso milenios! No hay más que buscar cualquier recopilación sobre científicas famosas, para encontrar historias como la de Téano, una matemática griega que en el siglo VI antes de Cristo logró hacerse notar por mucho más que ser la esposa de Pitágoras, o la de María la Judía, considerada por muchos como la fundadora de la alquimia.

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También es muy famoso el caso de Merit Ptah, la médica egipcia que vivió hace alrededor de 5.000 años. La suya es una historia de superación, en la que se describe a una mujer que logró desenvolverse en una profesión de suma importancia, a la que incluso en tiempos mucho menos lejanos apenas podían acceder las féminas. Todo un ejemplo a seguir, si no fuera porque parece ser que, en realidad, no existió. Son las conclusiones de un estudio, publicado recientemente en Journal of the History of Medicine and Allied Sciences, en el que científicos de la Universidad de Colorado Anschutz han “viajado” hasta la época en la que vivió, para descubrir que todo lo que sabemos de ella posiblemente sea el resultado de una confusión.

Una historia confusa

La historia de Merit Ptah, cuyo nombre egipcio significa “amada del dios Ptah”, se remonta a principios del siglo XX, cuando la feminista y doctora canadiense Kate Campbell Hurd-Mead la nombró en su libro Una historia de la mujer en la medicina: desde los primeros tiempos hasta el comienzo del siglo XIX.

Se la describía como «la primera doctora del ‘antiguo reino’, en la quinta dinastía o alrededor de 2730 a. C.” y se aseguraba que su hijo era un sumo sacerdote en cuya tumba hay una inscripción que describe a su madre como “médico jefe”.

A todo esto, la escritora añadía que “en una tumba en el Valle de los Reyes está la imagen de una mujer llamada Merit Ptah, la madre de un sumo sacerdote, a la que llaman ‘Médico Jefe’, aunque ni su vestuario ni su porte indican su profesión médica o su importancia”.

Tras esta publicación, la figura de la doctora egipcia se hizo mundialmente famosa y pasó a formar parte de múltiples recopilaciones sobre mujeres STEM a lo largo de la historia. Nadie comprobó que lo que se decía en aquellos escritos era cierto y la leyenda creció cada vez más con el paso de los años.

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Sin embargo, lo que decía el libro no es posible, puesto que el Valle de los Reyes no se usó hasta más de 1.000 años después de la época en la que supuestamente vivió esta mujer médico. Además, cuando los autores de este nuevo estudio indagaron en los registros del antiguo Egipto, encontraron que Merit Ptah existía como nombre, pero que no figuraba en ninguna de las listas existentes de médicos y curanderos. Ni siquiera encontraron tumbas que se correspondan con la de su supuesto hijo. ¿Significa eso que Kate Campbell Hurd-Mead mintió?

En realidad, más que de una mentira, parece ser que se trató de una confusión, ya que estos investigadores sí que han logrado dar con una mujer cuya descripción cuadra en prácticamente todo lo que describía la canadiense. Todo menos el nombre. De hecho, su caso también figura en las recopilaciones sobre mujeres dedicadas a la ciencia, pero hasta ahora se creía que eran personas diferentes.

Se llamaba Peseshet y su historia figuraba en una tumba de Akhethotep, un oficial real y supervisor de sacerdotes, que vivió durante la Quinta Dinastía alrededor de 2400 antes de Cristo. Se menciona brevemente a sus padres, un funcionario real llamado Ptahhotep, y una mujer llamada Peseshet, a la que describen como “supervisora de mujeres médicas”. Esto no solo indicaría que existió una doctora, cuya historia se corresponde con la de Merit Ptah; sino que, además, no fue la única mujer dedicada a esta labor en el antiguo Egipto.

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No está claro a qué se debió el error de Campbell Hurd-Mead. Quizás al nombre del padre del sacerdote, Prahhotep, que se traduce como paz del dios Ptah. O, según los autores de esta reciente publicación, a que confundió su historia con la de la esposa del visir Ramose, que sí que se encuentra enterrada en el Valle de los Reyes y que, efectivamente, se llamaba Merit Ptah. Lo que está claro es que aquella mujer sigue siendo un símbolo perfecto para blandir en la lucha feminista y por la igualdad en la ciencia. Al fin y al cabo, el nombre es lo de menos.

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