La mayoría de especies de rinoceronte se encuentran en diferentes escalones de la escala de peligro elaborada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza en su Lista Roja. El peor parado es el de Sumatra, cuya población, ya en peligro crítico, se encuentra actualmente en descenso. Otros, como el negro y el blanco, están aumentando, gracias a los esfuerzos de conservación, pero siguen en peligro crítico y casi amenazado, respectivamente. Las razones de su situación son muy variadas, aunque predomina la caza furtiva, dirigida al comercio de sus cuernos.

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Sin duda, estas prominencias son un curioso fenómeno de la naturaleza; pues, al contrario de lo que parece, no se trata de una pieza ósea, sino de un mechón de pelo que se apelmaza a causa de los exudados de las glándulas sebáceas de la nariz. Pero si es tan preciado por los furtivos no es para su uso en clases de anatomía, sino para su venta en el mercado negro, tanto como decoración como por sus propiedades, supuestamente milagrosas. La más común de estas últimas es su función como afrodisíaco, que lleva a algunos compradores desesperados a pagar ingentes sumas de dinero, con el fin de mejorar sus dotes amatorias. Lógicamente, a pesar de que la medicina tradicional china lo usara como ingrediente en algunas de sus “fórmulas magistrales”, a día de hoy está más que comprobado que no cuenta con ninguna propiedad medicinal y que, como mucho, los consumidores pueden notar mejorías debidas al efecto placebo. Esto es importante; ya que, puestos a recurrir al poder de la mente, tanto da que se use un cuerno de rinoceronte real o falso. Por eso, un equipo de científicos de la Universidad de Oxford ha tenido la brillante idea de elaborar sus propias falsificaciones, a partir de pelo de caballo y una matriz a base de seda. Los resultados de su curiosa artimaña pueden leerse desde hoy en un estudio, publicado en Scientific Reports.

Jonathan Kingdon

Trapicheos para salvar al rinoceronte

Para la realización de esta falsificación, los autores del estudio utilizaron pelos de cola de caballo, por ser un pariente cercano del rinoceronte. Necesitaban que quedaran fijos y compactos, como en el cuerno del animal en peligro, por lo que emplearon para ello una matriz a base de proteínas de seda, que imitaba el colágeno de la pieza real. Una vez obtenida una prominencia suficientemente dura, solo quedaba cortarla y pulirla, hasta darle la forma deseada.

El resultado era sorprendentemente similar al esperado, no solo en apariencia, sino también en estructura y propiedades. Además, es muy fácil de producir, incluso a gran escala, por lo que podría liberarse en un momento dado en el mercado negro, con el fin de sustituir los verdaderos cuernos de rinoceronte.

Puede parecer poco ético engañar a los vendedores dándoles cola de caballo por cuerno de rinoceronte, pero asegurar que el mechón de pelo compactado de un animal en peligro de extinción te mejorará las erecciones tampoco es el culmen de la moral. Empezaron ellos.

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