Adriana Vergés (Barcelona, 1976) es doctora en ecología y profesora de la Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia. Además de sus investigaciones sobre los impactos ecológicos del cambio climático, Vergés lleva desde 2011 promoviendo la implicación activa de las comunidades en la lucha contra esta emergencia de carácter global.

Entre sus proyectos destaca la Operación Crayweed, con la que ha conseguido que los habitantes de las costas de Sídney cooperen para devolver el alga Phyllospora comosa a la zona aportando dinero o directamente trasplantando especímenes bajo el mar.

Esta campaña y su defensa de la divulgación mezclando ciencia y arte le han valido el premio al Liderazgo del Pensamiento Emergente que entrega su institución.

¿Qué le inspiró a crear el Proyecto Crayweed?

La motivación principal fue que había desaparecido una especie de alga que hace unos bosques submarinos muy importantes en la costa este de Australia, la Phyllospora comosa. Esta especie había desparecido en 37 kilómetros del área metropolitana de Sídney por los problemas de la calidad de agua que hubo durante 1980 y 1990, cuando las fosas sépticas de la ciudad desembocaban en las orillas. Después se hizo un tratamiento de aguas decente y la mayoría de las especies retornaron, pero Phyllospora comosa no.

Por eso, una vez comprobamos que la calidad del agua era suficientemente buena para su supervivencia, decidimos poner en marcha tanto una campaña para trasplantar de nuevo las algas como de microfinanciación colectiva. Lo creamos sobre todo para inspirar a la gente. Estamos constantemente bombardeados con historias negativas sobre el medio ambiente, especies que se extinguen, hábitats destrozados, y aquí teníamos algo que estábamos solucionando y que estaba funcionando.

Es verdad que en los medios aparecen a diario noticias sobre la crisis climática pero, ¿cree que realmente la sociedad es consciente de la dimensión del problema?

Sí que es verdad que, aunque cada vez hay más gente concienciada sobre el cambio climático, como sociedad a escala global no estamos respondiendo suficientemente rápido. Y sí, creo que en parte esta falta de acción es consecuencia de una falta de entendimiento de la dimensión del problema.

¿Por qué cree que ocurre esto? Desde luego, hay mucha información disponible.

A menudo la comunicación de temas con base científica como es el cambio climático se hace a través de artículos en periódicos o documentales y reportajes en televisión. Estos modos de comunicación pueden ser muy efectivos, pero el problema es que normalmente conectan con un tipo de audiencia determinada: la gente que ya conoce relativamente bien el problema, gente que ya está concienciada.

¿Qué alternativas hay a esta forma de concienciar?

Una idea que propuse recientemente es la posibilidad de utilizar el vehículo de la ficción para comunicar los riesgos y las consecuencias del cambio climático. La idea fue inspirada por la serie Black Mirror de Netflix, en la que se exploran las consecuencias de nuevas tecnologías a través de narrativas futuristas centradas en historias de interés humano. Creo que la ficción puede ser un medio extremadamente poderoso para ayudarnos a entender cómo va a cambiar nuestra vida a consecuencia del cambio climático. Por eso en 2019 organicé el Grand Challenges, un evento en el que junté a expertos mundiales en cambio climático con guionistas profesionales para desarrollar proyectos de ficción climática. Fue un éxito y, de hecho, dos de las propuestas que surgieron se van a presentar al mercado internacional el año que viene.

¿Cree que la cultura popular es un buen instrumento para informar?

Sin lugar a duda, la cultura popular es una herramienta perfecta para concienciar sobre el cambio climático. No se puede cambiar la opinión de las personas con números, gráficas o datos; para concienciar a las personas se necesita conectar de una manera emocional, y la cultura popular y el arte son vehículos especialmente efectivos para eso.

En este sentido, ¿las redes sociales son también una buena herramienta?

Las redes sociales se están convirtiendo en una de las mejores herramientas para que los científicos conecten con las personas. Está claro que las personas de a pie no van a leer nuestros artículos científicos, que a menudo utilizan un lenguaje muy técnico y difícil de comprender. Pero la gente sí que puede entender y conectar con fotos de nuestro trabajo o con las consecuencias finales de nuestros descubrimientos. Por ejemplo, en mis proyectos de ecología marina siempre que voy al campo (o sea, al fondo del mar) y realizo experimentos o muestreos, hago muchas fotos y luego las cuelgo en las redes sociales para mostrar cómo se hace ciencia a diario y para hacer visible el trabajo que hacemos bajo el agua.

¿Hasta qué punto tienen poder las comunidades en cambiar las cosas con respecto al poder de los gobiernos y las grandes empresas?

Hay mucho que las comunidades pueden hacer para parar o ralentizar el cambio climático. Entre los más importante es utilizar nuestro voto para apoyar a partidos políticos que tengan políticas claras sobre la protección del medio ambiente. Y más allá de influir en nuestros gobiernos locales y nacionales, hay muchas acciones individuales que pueden ayudar a reducir la cantidad de dióxido de carbono que producimos como sociedad, como reducir el consumo de carne, reducir el uso del coche y los vuelos y el consumo de fast-fashion, etc.

Como dijo la antropóloga americana Margaret Mead: “Nunca dudes de que un pequeño grupo de ciudadanos reflexivos y comprometidos puede cambiar el mundo. De hecho, es lo único que lo ha logrado”.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Ahora estamos empezando una nueva campaña similar a la de Crayweed llamada Operación Posidonia. La Posidonia oceánica es un alga en peligro de extinción cuyas praderas están disminuyendo, pero no tenemos maneras cercanas para encontrar material de trasplante. Por eso, este proyecto consiste en que la comunidad recoge haces que se desprenden de manera natural tras tormentas o mareas fuertes y que se depositan en las orillas. Los colocan en unos contenedores que hemos facilitado y luego los usamos para la trasplantación. Está funcionando muy bien. Ya se han recogido unos 1.500 haces, que han sido trasplantados. Incluso hemos tenido flores.

Este artículo fue publicado originalmente en Agencia Sinc

👇 Más en Hipertextual