– Oct 24, 2019, 14:00 (CET)

¿Por qué es importante que la sanidad pública preserve la fertilidad de niñas con cáncer?

Recientemente se ha abierto el primer banco de criopreservación de tejido ovárico de Andalucía, que ayudará a las niñas con cáncer a preservar su fertilidad. ¿Pero por qué es tan importante?

Esta semana se anunciaba la apertura en Málaga del primer banco de criopreservación de tejido ovárico de Andalucía. Se encuentra en el Centro de Transfusiones, Tejidos y Células de dicha ciudad, aunque las extracciones tendrán lugar en el Materno infantil, a donde se calcula que podrían acudir unas doce niñas andaluzas al año, en busca de este servicio. ¿Pero en qué consiste exactamente? ¿Qué es la preservación del tejido ovárico y en qué se diferencia de la que se lleva a cabo con pacientes oncológicos masculinos o con mujeres adultas?

Un mismo objetivo

Muchos tratamientos del cáncer, tanto basados en quimioterapia como en radioterapia, afectan a la fertilidad de los pacientes, ya sean hombres o mujeres. Por eso, aquellos que aún no han tenido descendencia y creen que podrían desearlo en un futuro, cuentan con la posibilidad de someterse a un tratamiento de preservación de la fertilidad.

A grandes rasgos, este consiste en conservar a los “actores” principales de la reproducción: espermatozoides y óvulos.

Congelación de espermatozoides

La congelación de espermatozoides es un proceso sencillo, que no solo se lleva a cabo en pacientes oncológicos o que se van a someter a cirugías que puedan causar esterilidad, sino también en bancos de donantes, personas cuyas profesiones puedan poner en riesgo su fertilidad y hombres con un recuento tan bajo que requiera extraer los espermatozoides de varios eyaculados. En general, estas células resisten bien las bajas temperaturas y se recuperan mejor que los óvulos después de la descongelación, aunque pueden perder parte de su movilidad. De cualquier modo, esto último puede solventarse gracias a ciertas técnicas, como la microinyección espermática, que permite fecundar el óvulo introduciendo directamente el espermatozoide.

Para llevar a cabo el procedimiento, el primer paso es recoger la muestra de semen. Cualquier hombre que vaya a ser sometido a un tratamiento potencialmente esterilizante puede someterse a uno de estos procesos de preservación, incluso si su calidad seminal es mala. Sin embargo, en ese caso, y siempre que haya tiempo suficiente antes del tratamiento, es aconsejable recoger varias muestras.

Una vez que estas están listas, se empieza un procedimiento de congelación progresivo, tras el cual la muestra se guarda en nitrógeno líquido, a una temperatura de -196ºC. Durante todo el proceso se utiliza también un líquido crioprotector, que garantiza que los espermatozoides no pierdan su viabilidad tras el proceso de descongelación. De este modo, se pueden guardar durante un tiempo indefinido, hasta que el paciente quiera disponer de ellos.

Conservación de óvulos

Del mismo modo que no solo son los pacientes oncológicos los que congelan sus espermatozoides, en el caso de los ovocitos (así se llama el gameto femenino en sus fases iniciales, antes de ser un óvulo), es frecuente con otro motivos. Por ejemplo, cada vez son más las mujeres que deciden posponer su maternidad hasta un momento en el que la calidad ovocitaria ya se encuentra mermada. Por eso, optan también por preservar sus óvulos, que quedarán “detenidos en el tiempo”, de modo que cuando vayan a usarse, una mujer de 35 años puede practicarse un ciclo de reproducción asistida con los óvulos que tenía antes de los 30.

La conservación de ovocitos es más complicada, puesto que pueden dañarse con los cristales generados durante la congelación. De hecho, se ha comprobado que las tasas de implantación de los embriones obtenidos a partir de ovocitos congelados son muy bajas, en comparación con los frescos.

Por eso, en los últimos años esta técnica ha sido desplazada por otra mucho más novedosa, conocida como vitrificación. En este caso, no se trata de un proceso lento y progresivo, como el descrito anteriormente, sino uno mucho más rápido, en el que el cambio de temperatura se hace en un paso. Eso sí, previamente los ovocitos se pasan por una serie de medios de cultivo, cuyo objetivo es protegerlos de los daños que pudiera generar el nitrógeno líquido, que también se encontrará a -196ºC.

Por esta misma técnica, si la mujer ya tiene pareja, a veces se opta por fecundar los ovocitos obtenidos y vitrificar directamente los embriones, que se implantarán cuando pase un tiempo prudencial después del fin del tratamiento.

De cualquier modo, cuando estos procedimientos se llevan a cabo con pacientes oncológicas, es necesario tener en cuenta que la extracción de los ovocitos es un proceso que lleva tiempo, pues normalmente las mujeres deben someterse a una estimulación ovárica. Por eso, es importante saber de cuánto tiempo se dispone antes de comenzar el procedimiento de quimioterapia, ya que a veces no se puede esperar mucho. En caso de que haya que recurrir muy rápido al tratamiento y no dé tiempo a la estimulación, se podría preservar directamente la corteza ovárica, del mismo modo que se hace con niñas.

cáncer infantil
frantab | Shutterstock

¿Qué pasa con los niños?

Tanto la congelación de semen como la vitrificación de ovocitos se llevan a cabo en adultos, después de la pubertad, cuando los gametos ya se encuentran maduros. ¿Pero qué pasa con los pacientes infantiles?

Lógicamente, ningún niño con cáncer ha tenido hijos todavía y es muy posible que en un futuro quiera optar a ello. Sin embargo, no es fácil, puesto que los niños aún no han empezado a producir los espermatozoides y las niñas tienen todavía sus ovocitos en una etapa muy inmadura, en la que no se pueden conservar. Por eso, ha sido necesario buscar otros métodos.

En el caso de los niños, por desgracia aún no existen técnicas implantadas en la práctica clínica, aunque sí hay algunas en investigación, como el trasplante de tejido testicular inmaduro, previamente criopreservado, o la maduración in vitro de células germinales, que son las que luego dan lugar al espermatozoide.
Para niñas, en cambio, sí que se lleva a cabo la preservación de tejido ovárico. Precisamente la misma técnica cuya implantación en Málaga se anunciaba esta semana. ¿Pero qué es lo que se está conservando exactamente?

Durante el desarrollo de un embrión femenino, tiene lugar un proceso de gametogénesis, en el que se produce un precursor del óvulo, conocido como ovocito primario. Este comienza a dividirse antes del nacimiento, pero queda detenido en uno de los pasos del proceso conocido como meiosis, y no reanuda su curso hasta después de la pubertad, momento en el que uno cada mes comenzará de nuevo, dando lugar al ovocito secundario, que se detendrá hasta que tenga lugar la fecundación o se expulsará si esta no se produce. En estas últimas fases sí que pueden vitrificarse, puesto que ya están listos para ser fecundados. Sin embargo, el ovocito primario prepuberal no puede. Por eso, se opta por conservar la corteza ovárica, en la que se encuentran esos precursores. Pasado un tiempo, si la paciente, ya recuperada, se encuentra en situación de infertilidad, se procede a autotransplantarle su tejido preservado; que, si todo va bien, podrá generar ovocitos maduros y facilitar el embarazo. Es una técnica muy nueva, cuyo primer caso fue descrito en 2005, en un estudio publicado en New England Journal of Medicine. No obstante, a aquella mujer se le había extraído el tejido ya maduro, después de la pubertad. En cambio, el primer caso con éxito en el que se había conservado la corteza ovárica extirpada a la paciente cuando todavía era una niña, tuvo lugar en 2015. En España se realiza en pocos hospitales, desde hace unos años en Valencia y Barcelona. Ahora también en Málaga. De cualquier modo, y a pesar de que estas ciudades ya dispongan de bancos adaptados para ello, la técnica sigue considerándose como experimental, por lo que debe ser autorizada por la Comisión Nacional de Reproduccion Humana Asistida, caso a caso, según explican a Hipertextual desde el Ministerio de Sanidad.

Es muy triste pensar que haya niñas que tengan que pasar por algo tan terrible como un cáncer, pero más triste sería que después de superarlo no pudieran optar a su derecho de ser madres. Procedimientos como estos son uno de los grandes regalos que nos hace la ciencia.