– Oct 21, 2019, 11:59 (CET)

Las consecuencias para la salud de un vuelo de 20 horas como el de Qantas

La primera prueba del que será el vuelo sin escalas más largo del mundo ha incluido una serie de experimentos para ver cómo afecta el viaje a tripulantes y pasajeros.

La aerolínea australiana Qantas se ha propuesto protagonizar algunos de los capítulos más importantes de la historia de los vuelos transoceánicos. Comenzó el pasado mes de marzo, con el desarrollo del primer vuelo sin escalas entre Australia y Europa. El viaje de Perth a Londres duró 17 horas y 3 minutos, durante los que el avión, un Boeing 787-9 que consume un 20% menos de combustible, recorrió 14.500 kilómetros.

El reto finalizó con éxito, por lo que los responsables de la empresa se propusieron ir un poco más allá, emprendiendo el vuelo sin escalas más largo del mundo. Con él será posible enlazar Sydney con Londres y Nueva York, en un viaje de más de 19 horas. Será necesario esperar al menos hasta 2022 para poder tomar uno de estos vuelos de forma regular, aunque algunas personas han sabido ya este fin de semana lo que es pasar casi 20 horas en el aire, durante el primer viaje de prueba, que se inició el viernes, a las 21:00, hora local de Nueva York, y finalizó 19 horas y 16 minutos después, a las 07:16 del domingo de Sidney. A bordo iban 49 personas, incluyendo a la tripulación, de las cuales seis pasajeros se prestaron voluntarios para participar en una serie de experimentos, cuyo análisis evaluará actividades como su sueño, la ingesta de alimentos y bebidas o los movimientos. Además, los pilotos también se sometieron a un control de sus ritmos de sueño y su estado de alerta, a través de métodos como el electroencefalograma. Toda precaución es poca, pues el objetivo de esta, y otras compañías dedicadas al desarrollo de vuelos de larga duración, no es solo recorrer medio mundo surcando los aires, sino también que las personas a bordo lo hagan con la mejor salud posible. Ahora bien, ¿cuáles son los riesgos que se podrían presentar en un viaje de estas características?

Desajuste de los ritmos circadianos

La mayor consecuencia de este tipo de vuelos es el desajuste de los ritmos circadianos, más conocido como jet lag. Los pasajeros y la tripulación del vuelo de Qantas salieron de Nueva York a las 21:00 y a pesar de haber pasado menos de un día en el aire aterrizaron "más de 24 horas más tarde", en la otra punta del mundo.

Lógicamente, esto afecta a los ciclos de sueño y vigilia del organismo, dando lugar a síntomas como cansancio, dolor de cabeza, insomnio, ansiedad e irritabilidad. ¿Pero por qué?

Los ritmos circadianos consisten en un proceso natural, en el cual los niveles de una hormona, llamada melatonina, indican a nuestro cuerpo cuándo ha llegado la hora de dormir y despertar. Su secreción está mediada sobre todo por la iluminación externa, que es detectada por la retina, iniciando una cascada de señales que llevan a la activación y supresión de la producción de hormona, siendo la primera durante la noche y la segunda por el día.
Estos ciclos duran aproximadamente 24 horas, pero durante un vuelo trans-meridiano pueden alterarse, ya que las horas y la cantidad de luz a la salida y la llegada del viaje no se corresponden con el tiempo transcurrido.

Con el fin de solucionarlo, algunas compañías incluyen durante el despegue y justo antes del aterrizaje el encendido de lámparas de luz azul, conocida por inhibir la secreción de melatonina.

No obstante, Qantas ha anunciado que sus vuelos apuestan por la exposición a una luz más natural. Además, con el fin de propiciar un cambio gradual, durante las pruebas se hizo a los pasajeros fijar los relojes a la hora de Sydney y mantenerse despiertos hasta que cayó la noche en el este de Australia. Seguidamente, seis horas más tarde, se les sirvió una comida rica en carbohidratos y se atenuaron las luces de la cabina, para facilitar el sueño.

Todas estas estrategias se implementaron sin problemas. No obstante, aún es pronto para conocer sus resultados. De momento, los científicos de la empresa tendrán que analizar las muestras de orina recogidas a miembros del pasaje y la tripulación antes y después del viaje, con el fin de medir en ella los niveles de melatonina y comprobar cuál fue su evolución.

El trabajo de la aerolínea durante el trayecto es importante para minimizar las consecuencias del jet lag, pero no termina en el aterrizaje, ya que los pasajeros pueden llevar a cabo también una serie de pequeñas acciones, que les ayudarán a regular sus ritmos circadianos. Por ejemplo, según ha explicado la investigadora de la Universidad de Sydney Yu Sun Bin a Wral.com, se sabe que salir al aire libre para recibir luz solar una vez en el destino ayuda a la sincronización del reloj biológico. Sin embargo, pocas personas lo hacen. Además, es importante evitar el alcohol y otras sustancias estimulantes, tanto durante el vuelo como inmediatamente después. Tampoco se debe usar pastillas para dormir, ya que en el momento pueden parecer beneficiosas, pero a la larga solo dificultarán que el organismo vuelva a regularse adecuadamente.

Cuidado con lo que comes

La alimentación a bordo del avión es también esencial para el bienestar de los pasajeros. Para empezar, se sabe que las comidas copiosas pueden agudizar los efectos del jet lag, del mismo modo que las sustancias estimulantes. Pero eso no es todo.

También es algo que debe tenerse en cuenta para evitar molestias digestivas derivadas de los cambios de presión. Y es que, cuando esta disminuye, el gas intestinal se expande, pudiendo causar molestias y flatulencias que serán todavía mayores si se han ingerido alimentos o bebidas propensos a la producción de gases.

Por eso, durante el vuelo de prueba de Qantas los pasajeros han degustado varias recetas nuevas, preparadas con el fin de minimizar estos riesgos.

Finalmente, se sabe también que en el interior de un avión el sabor de los alimentos varía. La causa, según algunos estudios, parece estar detrás de una perturbación del sentido del gusto provocada por la sobre estimulación del oído, a causa del ruido de los motores. Esta modificación da lugar a que algunos sabores, como el dulce, se inhiban, mientras que otros, como el umami, se potencian. Por ese motivo, muchas compañías ya tienden a incluir en sus platos ingredientes ricos en glutamato, un aminoácido que porta el sabor umami de forma natural. Es el caso de alimentos como el tomate, la zanahoria o el queso feta.

Ejercicio a bordo

Pasar veinte horas sentado puede suponer problemas leves, como hinchazón en las extremidades, pero también puede tener consecuencias más preocupantes a nivel cardiovascular, especialmente para personas predispuestas a ello. Es el caso, por ejemplo, de la trombosis venosa profunda, ocasionada cuando un coágulo se aloja en una vena de la pierna. Aunque no se genera en una zona preocupante, este puede desplazarse por el torrente sanguíneo hasta llegar a los pulmones, dando lugar a una embolia.

Para evitar todo esto, se recomienda a los pasajeros que durante los vuelos largos den pequeños paseos por el pasillo del avión. Aparte de eso, Qantas ha incluido entre sus pruebas algunas clases de ejercicios, dirigidos a evitar estos problemas, monitorizados a través de lectores de movimiento colocados en sus muñecas. Además, el avión dispone de un mayor espacio para las piernas y áreas dirigidas a los estiramientos.

Los ensayos aún no han terminado, pues la compañía planea repetir los experimentos el mes que viene en otro vuelo, esta vez de Sydney a Londres. Si los resultados en ambos son buenos, todo estará listo para comenzar en 2022. Por el momento, algunos de los periodistas que viajaban a bordo han dado una visión bastante negativa de los hechos. Estaba claro que un viaje de 20 horas no podía ser un camino de rosas. Al menos queda la esperanza de que sea algo más llevadero, dentro de lo que, con los conocimientos y los avances científicos actuales, resulta inevitable.