El actual alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha dado a conocer esta semana la decisión de su equipo de gobierno de dotar a los policías municipales con pistolas táser, con el objetivo de que dispongan de algo menos peligroso que un arma de fuego en caso de necesitar defenderse.

Como era de esperar, el anuncio ha generado un gran debate, entre los que consideran que es una buena iniciativa y quienes opinan que se trata de un arma más peligrosa de lo que muchos creen. Con el fin de tranquilizar a este último sector, Almeida ha reiterado que otros países, como Estados Unidos, Alemania o Noruega, equipan con estas herramientas a sus cuerpos de seguridad y que, además, no serían los primeros en España, pues tanto los Mossos d’Esquadra como la Ertzaintza y la policía municipal de varias localidades también las usan. Además, incide en que los guardias que las utilicen tendrán que recibir una formación muy concreta antes de poder patrullar con ellas. Todo lo que dice es cierto, ¿pero hasta qué punto se pueden controlar los efectos de estas armas sobre la salud de una persona?

Pocas muertes, pero reales

Aunque, por lo general, los ataques con pistolas táser no suelen causar la muerte, se han reportado numerosos casos a lo largo del mundo en los que su uso, a veces por parte de policías, ha causado ataques al corazón, en ciertas ocasiones con fatal desenlace.

Los registros de este tipo de incidentes son habituales en países como Estados Unidos o Reino Unido, de ahí que numerosas organizaciones, como Amnistía Internacional, hayan lanzado protestas solicitando que se restrinja su uso por parte de los cuerpos de seguridad. Además, muchos científicos los respaldan, dando a conocer el peligro de maniobras concretas, como dirigirlos hacia elpecho. Es el caso del doctor Douglas Zipes, de la Universidad de Indiana, quien en 2014 publicó un estudio en el que analizaba cómo podría afectar una de estas armas al corazón de las personas atacadas con ellas.

Para empezar, es necesario entender cómo funciona un táser. Una vez accionado, se lanzan hacia la víctima dos pequeños electrodos en forma de dardo, conectados a cables por los que circula una corriente eléctrica de 50.000 voltios durante cinco segundos. A pesar del intenso voltaje que sale del aparato, en contacto con el cuerpo solo se alcanza un potencial de 400 voltios, que además cae inmediatamente después. Por este motivo, normalmente el único efecto que ocasiona es dolor y contracciones musculares, que aturden al individuo, dando al guardia que ha accionado el arma un breve periodo de tiempo para detenerlo. Sin embargo, en ciertas ocasiones los efectos pueden ir más allá.

En su estudio, Zipes analizaba ocho casos de hombres y adolescentes, que cayeron inconscientes después de ser atacados con un TASERX26, uno de los modelos más utilizados por la policía y el ejército de los Estados Unidos. Todos ellos recibieron el impacto en el pecho e inmediatamente después experimentaron una serie de síntomas variables, seguidos por el paro cardíaco. Seis de ellos sufrieron una taquicardia ventricular, durante la cual los latidos del corazón se dan demasiado rápido, y también fibrilación ventricular, que provoca un latido irregular. En cambio, en uno de ellos el corazón se paró directamente. Siete murieron y uno logró sobrevivir, pero quedó con problemas de memoria.

El cardiólogo no cree que todas las muertes fueran causadas únicamente por la descarga eléctrica, pues al producirse durante una detención las víctimas se encontraban en una situación de estrés extrema, que también pudo desencadenar el fallo del corazón. Sin embargo, eso no significa que deba considerarse seguro y, por eso, concluye que los agentes que utilicen esta arma no deberían dirigirla al pecho, ni utilizarla más de una vez.
A todo esto, Zipes añade también que los guardias deberían estar adiestrados para poder reanimar a las víctimas de paro cardíaco, e incluso disponer de un desfibrilador, por si fuera necesario su uso después del ataque.

Cada caso es diferente

Muchas de las personas contra las que se usan este tipo de dispositivos pueden estar sufriendo mucho más que estrés. Es posible que estén drogados, ebrios, cansados o heridos. Ante cualquiera de estas situaciones, el corazón es mucho más susceptible que el de una persona sana, por lo que no puede considerarse que los efectos de la descarga vayan a ser los mismos.

Cada caso es totalmente distinto y es imposible afirmar con seguridad que el táser no vaya a generar daños cardíacos. No dejan de ser armas y, como tales, es importante conocer los daños que su uso puede acarrear.