Una joven india de 17 años acudió al hospital aquejada de un dolor de vientre que la había atormentado esporádicamente durante los últimos 5 años. La causa parecía ser un bulto que había ido creciendo en su abdomen durante ese tiempo. Solo dolía en algunas ocasiones, mientras que en otras el único síntoma parecía ser que se sentía llena muy pronto cuando comía.

Los análisis de sangre no mostraron nada anormal, mientras que las pruebas de imagen por tomografía computarizada con contraste abdominal sí que dieron con una masa grande y dura, de aproximadamente 25 por 23 por 15 centímetros, que se extendía desde la parte superior del estómago, hasta la pelvis. La primera reacción fue pensar que podría tratarse de un tumor. Sin embargo, después de extirparlo comprobaron que en realidad se trataba de algo mucho más peculiar: un “gemelo parásito” que había vivido en su interior desde mucho antes de su nacimiento.

Kumar et al., BMJ Case Reports, 2019

Fetus in fetu

Según el informe del caso, publicado en BMJ Case Reports, las primeras pruebas mostraron también que la masa presente en el abdomen de la joven contenía áreas densas de grasa, tejido blando y múltiples componentes calcificados de varios tamaños y formas, similares a vértebras, costillas y huesos largos. Comenzaba a convertirse en un problema, ya que estaba causando el desplazamiento y la compresión de las vísceras abdominales adyacentes. Era necesario extirparlo, ¿pero qué era eso que iban a extraer?

Existían dos opciones. Por un lado, podría tratarse de un teratoma o, lo que es lo mismo, un tumor que contiene componentes de tejidos u órganos desarrollados, como cartílagos, huesos, dientes, cabello, alvéolos y tejidos de tipo neural.

Por otro, barajaban la opción de que se tratase de un “gemelo parásito”, también conocido como fetus in fetu. Este fenómeno se da cuando en las primeras fases del desarrollo del cigoto este se divide, pero uno de los dos fragmentos resultantes fagocita al otro. Como resultado, uno sigue desarrollándose normalmente, mientras que el otro permanece en su interior y da lugar una masa similar a un teratoma, pero con un eje vertebral y formación de órganos. Se da en aproximadamente 1 de cada 500.000 nacimientos, pero suele detectarse relativamente pronto. En algunos casos puede verse en las ecografías durante el embarazo, en otras después del nacimiento, pero aún cuando son bebés, y en casos más raros unos años después, durante algún examen rutinario. De cualquier caso, es extremadamente poco frecuente que se diagnostique después de los quince años, de ahí que pareciese poco probable que fuese el caso de esta adolescente, que ya había cumplido los diecisiete.

Fuese lo que fuese, era necesario operar, por lo que la intervención se programó cuanto antes. Una vez extraída la masa, podrían analizarla con más profundidad, para saber de qué se trataba. Y así fue. Tras la operación comprobaron que, como ya se intuía en las pruebas, tenía huesos espinales y costillas totalmente formados, por lo que el diagnóstico terminó decantándose hacia el "gemelo parásito".

La cirugía fue un poco complicada, pues la masa se había adherido muy cerca de los vasos sanguíneos del tracto gastrointestinal y su extracción podría haber provocado una gran pérdida de sangre. Sin embargo, todo transcurrió con éxito, el “gemelo” pudo eliminarse casi por completo y la chica fue dada de alta, ya recuperada de los síntomas que padecía antes de ser intervenida. Tendrá que someterse a chequeos periódicos, para comprobar que los restos que no se eliminaron no se hayan vuelto malignos, pero por lo demás está en perfectas condiciones. Acaba así una curiosa historia que empezó pocas semanas después de su concepción y la había acompañado en silencio durante años.

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