– Sep 6, 2019, 20:00 (CET)

¿Cómo hacer que un libro dure mil años?

Expertos del MIT analizan el Rollo del Templo, uno de los pergaminos más antiguos y mejor conservados de los llamados Manuscritos del mar Muerto, descubiertos accidentalmente en 1947.

No es tarea fácil que los pergaminos aguanten miles de años y puedan seguir leyéndose. Son una parte muy importante de la arqueología, por lo que cuando llegan bastante bien conservados hasta nuestros días estudiarlos es importantísimo, tanto para entender el pasado como para averiguar cómo preservarlos para el futuro.

El pergamino más especial de los encontrados hasta ahora es el Rollo del Templo, uno de los Manuscritos del mar Muerto, también conocidos como Rollos de Qumrán, el lugar en el que se encontraron. La cueva 11, en la que se halló este pergamino tan especial, se encuentran a dos kilómetros del Khirbet Qumrán y su año de descubrimiento es, con casi total seguridad, 1956. Aunque la primera cueva se descubrió unos años atrás, en 1947,por unos pastores beduinos que estaban buscando una oveja perdida. En aquella cueva encontraron los siete primeros rollos, pero después se encontraron miles más.

El Rollo del Templo es, de entre todos, uno de los que mejor conservados está, además del que menor grosor tiene, el más largo ( y con la superficie más clara y blanca de todos los pergaminos que se encontraron. Además, ha sobrevivido a unos dos mil años ya que todos los rollos encontrados en aquellas once cuevas están fechados entre el 250 a. C. y el 66 d. C. Todo esto hizo que Admir Masic, profesor del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), se preguntase cómo se hizo el pergamino.

El equipo de Masic realizó pruebas del Rollo del Templo para conocer en profundidad cómo se había realizado: "Pudimos realizar una caracterización no invasiva del fragmento a gran escala, a escala submicrométrica", dice Masic. Tanto él como un enfoque integrado que él y el coautor de este artículo, James Weaver, del Instituto Wyss de la Universidad de Harvard, Se han desarrollado para la caracterización de materiales biológicos y no biológicos. "Estos métodos nos permiten mantener los materiales de interés en condiciones más amigables con el medioambiente, mientras que recolectamos cientos de miles de espectros químicos y elementales diferentes a través de la superficie de la muestra, mapeando su variabilidad compositiva con extremo detalle", dice Weaver.

Los resultados se han publicado este viernes en la revista Science Advances y ahora sabemos que el proceso que se utilizó para hacer el rollo es diferente a otros que ya conocemos. Se han encontrado dos características que han llamado la atención de los investigadores. Por un lado, se ha encontrado "la presencia de algunos elementos en concentraciones completamente inesperadamente altas", explica Masic. Hay que tener en cuenta que este fragmento no ha sido tratado desde que se descubrió, por lo que no se han alterado sus propiedades. Los elementos que descubrieron esparcidos por toda la superficie son azufre, sodio y calcio en diferentes proporciones.

Por otra parte, el proceso con el que se ha realizado el pergamino es ligeramente distinto al de otros. Lo normal es que el pergamino se haga con pieles de animales a las que se les ha eliminado el cabello y los residuos grasos introduciéndolas en una solución con cal (o así se empezó a hacer a partir de la edad media) o mediante tratamientos enzimáticos y de otro tipo (en la antigüedad), raspándolas y luego estirándolos bien para que se sequen, según apuntan en el comunicado de prensa. Después, solo hay que esperar a que se seque. Hasta ahí, el proceso es igual en todos los papiros. Sin embargo, este tiene una peculiaridad y es que se le han frotado sales. No es la primera vez que se da, pero es, cuanto menos, curioso por la duración que ha tenido el pergamino. Y, aunque no se sabe de dónde viene esta combinación inusual de sales, está claro que el color blanquecino que lo hace diferente de los demás proviene de ahí. Además, la composición no coincide con la de las evaporitas (el material que queda tras la evaporación de las salmueras) encontradas en el mar Muerto, por lo que no se puede saber de dónde provienen.

"Este trabajo ejemplifica exactamente lo que mi laboratorio está tratando de hacer: utilizar herramientas analíticas modernas para descubrir secretos del mundo antiguo". Comprender los detalles de esta antigua tecnología podría ayudar a proporcionar información sobre la cultura y la sociedad de ese tiempo y lugar, que desempeñó un papel central en la historia del judaísmo y el cristianismo. Entre otras cosas, una comprensión de la producción de pergaminos y su química también podría ayudar a identificar falsificaciones de escritos que supuestamente sean antiguos.

"Este estudio tiene implicaciones de gran alcance más allá de los Rollos del Mar Muerto. Por ejemplo, muestra que en los albores de la fabricación de pergaminos en el Medio Oriente, se utilizaron varios tipos de técnicas que contrastan con la única utilizada en la Edad Media", apunta Ira Rabin, uno de los coautores del artículo e investigador de la Universidad de Hamburgo (Alemania). "El estudio también muestra cómo identificar los tratamientos iniciales, proporcionando así a los historiadores y conservadores un nuevo conjunto de herramientas analíticas para la clasificación de los Rollos del mar Muerto y otros pergaminos antiguos", añade.

Además de conocer más de cerca las diferentes formas de producir papiros, toda esta información también puede servir para desarrollar nuevas estrategias para preservar los manuscritos antiguos. De hecho, tanto el Rollo del Templo como el resto de pergaminos del mar Muerto han sufrido daños no por el paso del tiempo sino por los esfuerzos por desenrollarlos tras su descubrimiento, según comenta Masic en el comunicado.

Estos nuevos resultados enfatizan aún más la necesidad de almacenar los pergaminos en un ambiente de humedad controlada en todo momento: "Podría haber una sensibilidad imprevista incluso a cambios de humedad a pequeña escala", dice. "El punto es que ahora tenemos evidencia de la presencia de sales que podrían acelerar su degradación... Estos son aspectos de la conservación que deben tenerse en cuenta".

Ahora ya conocemos un poco más sobre la historia de estos curiosos pergaminos y, sobre todo, qué elementos pueden hacer que un libro dure milenios sin estropearse. Aunque la mano del hombre a veces puede ser de poca ayuda.