– Ago 20, 2019, 16:00 (CET)

Todo lo que no cuenta la segunda temporada de ‘Mindhunter’

La nueva temporada de Mindhunter no solo extiende el universo de la serie, sino que lo enriquece con toda una nueva versión sobre los primeros años de la ya célebre oficina de Ciencias de la Conducta de Quantico. Pero la adaptación de la vida del agente del FBI John Douglas no es del todo fidedigna. Te contamos cuál es la omisión más importante en el argumento.

La nueva temporada de la serie, producida por David Fincher para Netflix, se estrenó el pasado 16 de agosto y los nuevos capítulos han demostrado el enorme interés de sus creadores y el canal por mantener el estándar de calidad que convirtió al show en uno de los éxitos de temporada del año 2017. Para su regreso a la pequeña pantalla, los agentes Holden Ford (Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany) deben lidiar con varios frentes a la vez: desde el nacimiento formal del protocolo psiquiátrico de ciencias de la conducta de Quantico, hasta la ola de asesinatos de niños en Atlanta ocurridos entre 1979 y 1981, que llegó a la escalofriante cifra de 28 afroamericanos menores de quince años en Georgia. Todavía nadie ha sido acusado de los asesinatos y el argumento de la serie plantea la cacería del asesino a través del punto de vista de la hipótesis.

Se trata de una evolución notable en el argumento: la primera temporada recorrió los motivos y circunstancias que dieron origen al método de investigación del FBI que incluye conversaciones y entrevistas con los peores asesinos de la historia reciente de EE.UU. La Unidad de Ciencias del Comportamiento se convirtió en escenario para comprender las mentes criminales más peligrosas y que el show utilizó como una forma de reflexionar acerca del impulso de matar desde el método psiquiátrico. El director David Fincher, que ha meditado sobre la idea en las ya clásicas Seven (1995) y Zodiac (2007), encontró en Mindhunter la manera idónea de llevar el planteamiento un poco más allá, y convirtió la primera temporada de la serie en una mirada científica y por momentos morbosa sobre las historias de criminales reales.

La segunda temporada aborda los mismos temas desde idéntico punto de vista, aunque como en la pasada hace importantes omisiones a la hora de narrar los sucesos que inspiraron a la serie. Si para los primeros capítulos la disyuntiva sobre qué tan realista eran los personajes de Holden y Bill era parte de la discusión sobre la calidad del show, en esta ocasión el debate se centra en que tan verídica es su manera de contar los crímenes que retrata. Una cuestión que, además, debe lidiar con el hecho que Mindhunter se toma algunas salvedades con respecto a los hechos reales en que se basa.

Los capítulos recién estrenados tienen lugar unos años después del final de la temporada previa. Holden y Bill, junto la doctora Wendy Carr (Anna Torv), continúan con la labor de entrevistar a criminales de considerable peligrosidad para crear una base de datos que les permita **comprender los vericuetos de las peores criminales de Norteamérica*. Pero en esta ocasión, la trama abarca un drama controvertido: los secuestros y posteriores asesinatos de casi dos docenas de niños negros en el área metropolitana de Atlanta. Se tratará de un reto mayor que probará los alcances del trabajo de Ciencia de la Conducta y además, su posible —y para ese momento— no verificada efectividad.

Pero, la producción de Mindhunter al parecer tomó la decisión de no consultar a las familias de las víctimas reales de Atlanta. Según una nota del periódico Los Angeles Times, el equipo detrás de las cámaras de la serie, no entrevistó ni tampoco entró en contacto con Camille Belle, madre de Yusuf Bell (asesinado en 1970) o Venus Taylor, madre de Angel Lenair de 12 años y cuyo cadáver fue encontrado en 1980. La decisión parece ser del todo intencional: en la actualidad, los casos han sido reabiertos y son analizados a la luz de un renovado interés a los problemas raciales, los que pone a los progresos y pesquisas bajo el ojo de la atención pública.

De hecho, el argumento de la serie intenta mostrar de forma tangencial las presiones raciales a las que se enfrentó la investigación, un hecho que el actor Holt McCallany destacó en sus declaraciones a Los Angeles Times: “Como saben, los asesinos en serie rara vez cruzan las líneas raciales, por lo que si hubo muchos jóvenes negros que fueron secuestrados y asesinados lo más probable es que se tratara de un asesino negro”. “Pero debido a la dura historia racial de esa parte de nuestro país, había muchas personas que no querían creer eso y estaban convencidos que los crímenes tenían motivaciones raciales”, añadió.

En la actualidad, los asesinatos de niños en Atlanta son motivos de un renovado interés: unos meses atrás, el podcast dedicado a la investigación y debate sobre crímenes de la vida real, Atlanta Monster, le dedicó un exhaustivo análisis. Además, la polémica acerca de la identidad del asesino continúa obsesionando a la comunidad afroamericana de Atlanta, lo que hace que el argumento de la segunda temporada de Mindhunter se encuentre bajo el ojo de un huracán público. ¿Habría mejorado su interpretación sobre lo que ocurrido en 1977 con un contacto directo con los familiares sobrevivientes de las víctimas? Se trata de un punto controversial que el equipo de Mindhunter no ha respondido.

Pero a pesar de la controversia, los nuevos capítulos de la producción de David Fincher sorprenden por su calidad y su forma de englobar no solo su interés sobre las mentes de los asesinos que quiere retratar, sino la forma en que la interpretación sobre hechos criminales de inusual violencia evolucionó gracias a las nuevas técnicas de análisis. El argumento incluye en esta ocasión a Charles Manson (encarnado por Damon Herriman, que interpretó el mismo papel en Once Upon a Time in Hollywood de Quentin Tarantino) y al asesino de Nueva York David Berkowitz (Oliver Cooper), también conocido como Hijo de Sam. Con su singular punto de vista y versión sobre el mundo criminal, Mindhunter es toda una vuelta de tuerca de los habituales procedimentales al uso.