Cada 29 de agosto es el Día Internacional contra los Ensayos Nucleares. Esta fecha está fijada por la asamblea de las Naciones Unidas para recordarnos que el desarme nuclear es esencial para una convivencia pacífica entre todos los países. No son los únicos que abogan por el desarme nuclear, muchos estados han firmado su tratado para no crear armas de este tipo e, incluso, hay científicos que se han dedicado toda la vida a hacer pruebas con armas nucleares y han acabado estando en contra de ellas.

Un ejemplo es el físico teórico Theodore Taylor que dedico gran parte de su vida a realizar pruebas de armas nucleares y que, con el tiempo, se volvió un acérrimo detractor de ellas. De hecho, el físico es el protagonista de una de las anécdotas recogidas en el libro Under the Cloud: The Decades of Nuclear Testing de Richard L. Miller y publicado en 1999, en la que se cuenta cómo este físico inventó el primer encendedor atómico durante una prueba nuclear.

Taylor trabajó en el Laboratorio Nacional de Los Álamos, una institución científico-militar, en plena Guerra de Corea, en la que el presidente Harry S. Truman se cuestionó muy seriamente lanzar una bomba nuclear. Esta explosión estaba enmarcada dentro de la Operación Tumbler-Snapper, una serie de explosiones de pruebas en una reserva militar en la que se probaban armas atómicas. Este lugar se sitúa a unos 100 kilómetros de Las Vegas, en el condado de Nye.

La explosión en la que Taylor encendió un cigarrillo fue llamada George porque era la séptima de dicha serie y la G ocupa ese puesto en el alfabeto. La bomba Mark 5 pesaba 1.300 kilos y se detonó encima de una torre de 10 metros de alto para probar una nueva tecnología de detonación de explosiones, tal y como se recoge en el Archivo de Armas Nucleares.

Fue el día de antes cuando el protagonista de esta historia encontró un espejo con forma parabólica y decidió usarlo en la prueba de George para encender un cigarrillo de Pall Mall. Así pues, se puso manos a la obra en el bunker desde el que observaría la explosión y fijó el espejo a la pared y colgó el cigarro a la altura por la que pasaría el rayo concentrado. Taylor buscaba un efecto similar al que se da cuando se fija una lupa que concentra la luz del sol en un trozo de papel hasta que se prende fuego.

Y eso es justamente eso es lo que sucedió el 1 de junio de 1952 cuando la bomba Mark 5 explotó y la luz que desprendió, encendió el cigarillo que Taylor había colgado frente al espejo: "En un segundo más o menos, la luz concentrada y enfocada de la bomba encendió la punta del cigarrillo", escribió Miller en su libro sobre lo sucedido. Y esta fue la manera en la que Taylor inventó el primer encendedor atómico.

Durante su carrera, este físico teórico se dedicó a miniaturizar armas, pero con el tiempo pasó a hacer campaña antinuclear, sobre todo en el último tramo de su vida, tal y como recoge El País. Y esta es la curiosa historia de cómo este físico teórico pasó de realizar experimentos extraños a defender el desarme nuclear.

Suscríbete gratis a Hipertextual

Estamos más ocupados que nunca y hay demasiada información, lo sabemos. Déjanos ayudarte. Enviaremos todas las mañanas un correo electrócnio con las historias y artículos que realmente importan de la tecnología, ciencia y cultura digital.