En varias oportunidades hemos hablado de los microplásticos, esas diminutas porciones de plástico imperceptibles al ojo humano, que resultan de la fragmentación de trozos más grandes por diferentes factores, como el oleaje.

El hecho es que la contaminación plástica también puede clasificarse en un nivel micro que ha podido pasar desapercibido por un buen tiempo. Pero estudios recientes han encontrado estas partículas incluso en el agua embotellada en la que tanto confiamos, y antes de ello, ya se había constatado su presencia en heces humanas.

¿Qué nos dice esto? Pues ya son más que parte de nuestra vida. Los humanos ingerimos partículas de plástico sin saberlo, y no solo a partir del agua, sino también de los animales que consumimos.

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¿Recuerdas que no solo la superficie, sino también el fondo de los océanos está infestado de estos materiales? Los animales marinos también se ven afectados. Algunos, como los tiburones y las rayas, quedan atascados en grandes redes de pesca abandonadas en el agua, pero también los más pequeños que habitan la profundidad, como los cangrejos y larváceos se topan con los microplásticos.

Como ya dijimos los microsplásticos son simplemente plásticos con dimensiones muy reducidas. Aunque cueste creerlo, muchos provienen de colillas de cigarrillo, el desecho plástico más abundante en todo nuestro planeta, conocido por su altos niveles de toxicidad.

Tenemos pues que el cigarrillo no solo es malo para los pulmones y sistema respiratorio de los humanos, sino también para el medioambiente. Un estudio reciente constató que las colillas de cigarrillo que la gente tanto suele desechar en el suelo tiene un notorio efecto reductor del crecimiento de las plantas, nuestras aliadas para vivir en la Tierra.

¿Por qué son peligrosas las colillas de cigarrillo?

Y es que estas están elaboradas a partir de fibras plásticas bien apretadas, y contrario a lo que muchos piensan, estas no se degradan fácilmente. Por lo general, la lluvia las arrastra por los desagües pluviales para terminar en el océano, donde por acción del oleaje van descomponiéndose en trozos cada vez más pequeños.

Por su tamaño reducido, podríamos considerarlas inofensivas. Pero tal como indica Robert Hale, quien estudia la contaminación microplástica en el Instituto de Ciencias Marinas de Virginia en Gloucester Point, “la idea de que algo pequeño no sea un problema en realidad está completamente a 180 grados de la realidad“.

Y es que los microplásticos son engullidos por criaturas pequeñas que conforman a base de la cadena alimentaria dentro del mar, e incluso pueden atravesar sus membranas celulares. Es así como estos animales, que son el alimento de otros más grandes, trasladan los microplásticos a lo largo de la cadena alimentaria agravando los daños.

Katie Register, directora ejecutiva de Clean Virginia Waterways de la Universidad de Longwood, informa que durante más de 20 años, las colillas de cigarrillos han sido el desecho número uno reportado en Virginia durante las limpiezas costeras.

Y este resultado es el que se sigue obteniendo en cada limpieza de playas en la zona. En menos de una milla de costa en menos de una hora, los voluntarios pueden recoger hasta más de 3.000 colillas de cigarrillo. Si comparamos esta cifra con las de los envoltorios de plásticos (981), envases de comida rápida (15), envases de espuma (60) y botellas (6), es bastante superior.

Para Meredith Evans Seeley, una estudiante de doctorado que estudia plásticos en el laboratorio de Hale, esto indica que las personas no son conscientes de lo dañinos que son estos desechos.

“Me imagino que muchas personas están trabajando bajo el supuesto de que las colillas de cigarrillos son biodegradables. Creo que muchas personas creen que se descomponen en el medio ambiente y se descomponen completamente, para que no causen ningún daño”.

Lluvia de microplásticos

A principios de 2019, un equipo de científicos descubrió pequeñas partículas de plástico que llovían del cielo en áreas vírgenes como las montañas de los Pirineos, ubicadas en el sur de Francia.

Esto, sumado a su infestación en la profundidad de los océanos, ha merecido el comentario “ahora podemos decir con confianza que el plástico está en todas partes", emitido por Alan Jamieson, biólogo marino de la Universidad de Newcastle en Inglaterra y autor principal del estudio de microplásticos del océano profundo ya mencionado, a National Geographic.

Asimismo, Hale y Seeley y su colega Patty Zwollo, profesora de biología en el Colegio de William y Mary, que también se han dedicado a estudiar el tema de los microplásticos, han encontrado que los aditivos químicos que se filtran, se lavan incluso en partes remotas de Alaska. Allí los estuarios vírgenes reciben cantidades enormes de microplásticos del Océano Pacífico.

¿Cómo solucionar el problema del flujo de plásticos?

Pues bien, tocar el tema de la solución nos debe llevar a atacar el origen del problema. De modo que en lugar de buscar dónde ubicar tantos desechos plásticos en nuestro planeta, podríamos simplemente reducir su consumo y que de esta forma la industria utilice otros materiales para su producción.

“Es necesario cerrar el grifo de la contaminación plástica hacia el océano, lo que implica educar a las personas sobre cómo se descompone en microplásticos, así como pensar en recursos y alternativas a los plásticos de un solo uso”.

Si bien la primera opción parece demasiado drástica y difícil de implementar en un mundo que se mueve por el dinero, entonces podemos empezar por acciones más pequeñas: evitar usar pitillos, bolsas o cubiertos de plástico siempre que sea posible. Por su parte, los fumadores podrían intentar dejar el hábito, o comprar ceniceros de bolsillo o bolsas aisladas para deshacerse de sus colillas. Estas, a pesar de parecer insignificantes, implementadas a gran escala, pueden tener un gran impacto en el tiempo.

Este artículo fue publicado originalmente en Tekcrispy

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