A mediados de 2018, la compañía entraba en una de las ligas más preciadas del emprendimiento: la de los unicornios. De prácticamente de la nada, la compañía estonia no solo se ponía al nivel de los competidores en Estados Unidos, también adelantaba a buena parte del sector tecnológico en Europa.

Conocida como Taxify, y reconvertida a Bolt hace escasos meses, la empresa de movilidad llegó al mundo para plantarle cara a Uber y el resto de empresas de movilidad. Con inversiones de Daimler o Didi Chuxing (la que otrora fuese la rival de Uber en China antes de su compra), la empresa de movilidad ya conquistó México con sus vehículos con conductor. Mientras, en Europa, la tecnológica se mantenía en un discreto segundo plano.

Las rondas de financiación, que superan los 240 millones de euros, sirvieron para crecer en Latinomérica; pero también para iniciar su expansión en Europa vía movilidad de dos ruedas. En abril de 2019, Bolt anunciaba que distribuiría 750 patinetes en Madrid –bajo la normativa de control del Ayuntamiento de Madrid de Manuela Carmena– después de haber lanzado el servicio de forma original en París.

Ahora, la compañía fundada por Markus Villig de 25 años quiere abordar un nuevo modelo de negocio. Se confirma, por tanto, sus intenciones de convertirse en un digno rival de Uber y su idea de abarcar todas las divisiones del transporte de personas y mercancías en las ciudades. De momento solo en Tallín, pero con intenciones de hacer crecer su servicio por el resto de capitales europeas, Bolt estrena su reparto de alimentos a domicilio.

Quizá como miembro tardío en lo que a delivey se refiere, puesto que la mayor parte de los países de Europa ya cuentan con los servicios de Uber Eats, Deliveroo o Glovo entre otros, la estrategia de entrada tendrá que ser cuanto menos arriesgada. Pese a todo, "la entrega de alimentos es el tercer gran lanzamiento de productos para Bolt y encaja muy bien en la estrategia ”, dijo Kabanov en una entrevista a Reuters.

Su carta de presentación, de hecho, apunta a unos precios más económicos que su competencia y una mejor gestión del personal de reparto. Este último punto será, de hecho, el más observado. La crisis de los repartidores a nivel internacional –principalmente Europa– ha puesto en tela de juicio los modelos de negocio del universo delivery. En España, varias sentencias han cargado contra los sistemas de contratación de Deliveroo, obligando a la compañía británica a reconocerles como empleados y no como autónomos. Por su parte, Glovo aunque ha gozado del visto bueno de la justicia, pero no tanto de la opinión pública por el fallecimiento de un rider no registrado.