– Jul 30, 2019, 9:00 (CET)

‘Tú, yo y ella’: es hora de hablar de poliamor

En la cuarta temporada de Tú, yo y ella se exploran nuevos rincones del poliamor para abrirnos los ojos ante esta realidad, pero no todo es tan bonito como lo pintan. ¿Por qué aún no están protegidas ante la ley las relaciones poliamorosas?

En 2019 no podemos seguir hablando del amor y las relaciones sexoafectivas desde una perspectiva cerrada. La monogamia ha pasado de ser la norma a ser una opción; tan válida como cualquier otra, pero no más importante. Netflix nos da la oportunidad de entrar de lleno en el mundo del poliamor con la serie Tú, yo y ella, que acaba de estrenar su cuarta temporada. En esta historia, Jack y Emma, un matrimonio estancado por los intentos fallidos de que ella se quede embarazada, deja entrar a una mujer más joven, Izzy. Lo que comienza como un inocente flirteo con ambos, termina en un relación a tres bandas que ninguno de ellos esperaba y unos sentimientos que no saben bien cómo manejar.

“Cuantas más piezas tiene una máquina, más puede fallar”. Así lo describe el psicólogo, sexólogo y terapeuta de parejas Ignasi Puig Rodas, que explica que “si una relación con dos miembros es complicada”, cuando hay tres “aún lo es más”. En el caso de una “trieja”, o pareja de tres, se genera un sistema de relaciones de hasta siete puntas, en las que los tres miembros generan lazos afectivos entre sí, de dos de ellos con el tercero y una última relación global que forma el conjunto de la trieja. En este complejo esquema afectivo entran en juego las mismas inseguridades y necesidades que en una pareja de dos, pero es más difícil gestionarlo precisamente porque el número de implicados crece y, por tanto, también el tiempo y esfuerzo que debe dedicarse a la relación.

Construir entre tres

Representar el poliamor en el cine es un ejercicio de adaptación a los nuevos tiempos que no siempre se ha llevado a cabo con la mayor rigurosidad. En gran parte de los ejemplos, nos encontramos con el romance de un hombre con dos mujeres, en el que la relación es bastante más sexual que afectiva. En lugar de romper tabúes, estas películas y series han dado vida a fantasías patriarcales de poder, que nada tienen que ver con la realidad poliamorosa. En ese sentido, la serie de Netflix pega un puñetazo sobre la mesa y no se acobarda para hablar de masculinidades frágiles, bisexualidad y cuidados. No se puede hablar de poliamor sin derribar nuestro concepto del amor romántico, las relaciones sexoafectivas y la heterosexualidad obligatoria.

Si la primera temporada sirve como génesis de su relación, la segunda profundiza en todas las problemáticas que se habían dejado sin resolver. Una de las más importantes es la cuestión de la bisexualidad de las dos protagonistas. Izzy, al ser más joven, acepta la situación sin darle muchas vueltas, pero a Emma le cuesta un poco más, lo que pone en relieve el daño que hace la invisibilización de esta orientación sexual. Aquello que no se nombra no existe, y Emma no ha oído hablar de bisexualidad, al menos, de forma seria.

Por otra parte, Jack tiene serios problemas para deconstruir su masculinidad y alejarse de machismos que resquebrajen la confianza de sus parejas. En un proceso largo, pero constante, en el que demuestra que seguir los roles de género masculinos solo le impiden desarrollar y gestionar sus emociones. Por suerte, en su caso, las ganas de querer comprender a quien fuera su mujer durante tantos años le hacen comprender que debe abandonar los celos para estar con ella.

La hegemonía de lo minoritario

En la cuarta temporada, sus problemas han sobrepasado esta primera etapa. Sin embargo, aún les queda mucho trabajo interno por hacer. Para empezar, su relación no se ajusta al concepto genérico que hay de poliamor. En esta trieja no hay jerarquías, ni relaciones secundarias externas; por tanto, sienten que sus problemas tienen origen en que “no lo están haciendo bien”. Para el psicólogo Ignasi Puig Rodas, “cada persona es diversa y por tanto tendrá unas necesidades distintas” que nos condicionan a la hora de encontrar una relación ya que “el modelo de otra persona puede que no nos sirva”.

El hecho de que, aún siendo poliamorosos, busquen su hueco en lo normativo demuestra la fuerza que se ejerce desde el grupo hegemónico y mayoritario sobre las pequeñas disidencias, incluso dentro de las minorías. “Hay una mayoría que piensa respecto a un tema de una forma y empieza a salir gente que son disidentes con esa forma de pensar y generan una minoría”, explica Puig Rodas. A raíz de esta discrepancia, la mayoría tiende a atacar a la minoría “porque ponen en cuestión que nuestra manera de ver las cosas sea la correcta”. Como respuesta, la minoría “cierra filas”, es decir, buscan generar una coherencia interna que sirva de discurso contra la mayoría, contra la norma. Así, la minoría busca la homogeneidad de su grupo, y las pequeñas disidencias internas son acalladas o invisibilizadas. No se tiene en cuenta la diversidad dentro de la minoría y se crea “una forma correcta de formar parte de ese grupo identitario y cualquier persona que se aparte será penalizada” porque pone en duda a la propia minoría, es decir, supone una “debilidad de cara a los ataques de la mayoría”. La realidad es que "no hay una única forma correcta de tener una relación poli", aclara el psicólogo.

Ser poliamoroso ante la ley

La confrontación interna de los problemas y la autocrítica no son los únicos pilares que debe derribar una relación poliamorosa. El mayor obstáculo viene de fuera, de una sociedad que no contempla relaciones afectivas de más de dos personas. En la serie, Izzy, Emma y Jack pueden casarse y están buscando vías legales para compartir entre los tres la custodia de sus futuros hijos. Sin embargo, la realidad es que no hay ningún país en el mundo que, a día de hoy, reconozca las uniones poliamorosas.

La escritora y abogada Enerio Dima nos confirma que en España, de hecho, “es delito contraer matrimonio mientras exista legalmente el anterior”. Así lo establece el artículo 217 del Código Penal. Tampoco es posible tener más de una pareja de hecho al mismo tiempo, ni una pareja de hecho y un matrimonio, porque “son mutuamente excluyentes”. “Si, por ejemplo, tienes una relación de hecho con una persona A y contraes matrimonio con una persona B, ya no se consideraría a A tu pareja de hecho”, a pesar de que estas personas siguieran compartiendo domicilio y vida en común, explica la abogada. “Si estando casada con B iniciaras una relación de pareja de hecho con A”, prosigue, “se entendería que tu matrimonio está en situación de separación de hecho y se verían alterados ciertos derechos hereditarios y relacionados con la viudedad”.

Este es el mayor escollo que deben afrontar las relaciones poliamorosas. No están protegidas legalmente en ningún aspecto, de forma similar a lo que ocurría con las relaciones homosexuales antes de 2005. Si solo está formalizada la relación entre una persona A y otra persona B, la persona C también implicada “no tendría derecho a una pensión de viudedad, tampoco derechos hereditarios o derechos médicos”, para decidir sobre la salud de su pareja si ella no puede.

¿Qué ocurre cuando hay descendencia? Puig Rodas afirma que la experiencia, bien conducida, es enriquecedora para toda la familia, pero que carece de la aceptación social necesaria como para que se pueda hacer de la mejor manera. “La sociedad establece unos papeles que son viables y solo puede haber dos personas que ocupen la plaza de progenitores”, explica. En una relación de tres personas, dos de ellas serían consideradas los padres, pero a la tercera figura no sabemos cómo llamarla. “¿Es un amigo de la familia? ¿Es un tío o una tía?”, reflexiona el psicólogo. Lo cierto es que no tenemos un nombre para darle y a los niños “les cuesta un poco identificarlo”, lo que puede generar problemas en el núcleo familiar.

Pero la restricción no es solo social; tampoco a nivel legal existe un marco que ampare a esa tercera figura paterna en la familia. ”Tendríamos que guiarnos siempre por criterios biológicos o matrimoniales, pero contando siempre con que no puede haber más de dos progenitores”, explica Enerio Dima. Tanto si hablamos de matrimonios como de parejas de hecho, prevalece “el criterio biológico del ADN”. En cualquier caso, la tercera persona queda desprotegida ante la ley, no tiene derechos sobre esa descendencia porque no ha podido inscribirse legalmente como progenitor. “Si los progenitores anotados fallecieran, tendría más derecho sobre el bebé la familia de los difuntos que la tercera persona de la pareja, aunque hubiese participado en su crianza como progenitor que es”, ejemplifica la abogada.

La situación de las parejas poliamorosas está aún en una fase muy temprana de visibilización y aceptación social. Dima cree que la regulación de su estado civil es “una cuestión de tiempo”, porque “el Derecho siempre se termina por adaptar el sentir social”, pero queda un largo camino de reivindicación para que la situación que vemos en Tú, yo y ella se normalice.