– Jul 11, 2019, 18:00 (CET)

El rey león (2019): como la original, pero peor

La genialidad de la animación hiperrealista no basta para ignorar las fuertes carencias expresivas que ella misma provoca, haciendo que la cinta deje un regusto de decepción muy poco agradable.

Este remake del El rey león ha sido discutido desde que se anunció. Si es o no necesario, si los animales de animación hiperrealista tendrían o no emoción, si queremos o no ver una réplica exacta de la original… Se alzaron todos los argumentos posibles en su contra, frente a algunas pocas voces que instaban a darle una oportunidad y a apreciar la genialidad de su apariencia visual. La película se estrena el próximo 18 de agosto y para todos aquellos que tengan pensado ir a verla, os advertimos: las reticencias estaban fundamentadas. Todo lo que podía ir mal en El rey león ha ido mal.

Las primeras reacciones de la crítica internacional destacan el espectáculo visual del filme y, en general, parecen muy positivas. En efecto, es increíble lo que se ha conseguido en animación. Hace unas semanas nos fascinaba el nivel de detalle y cuidado en la última entrega de Toy Story 4, pero palidecen en comparación con El rey león. La animación hiperrealista cumple su objetivo: parece que estamos viendo un documental de National Geographic, ¿pero es eso bueno?

Disney Pictures

El reto que asume esta película es admirable, pero no necesariamente lo que uno busca en una película para niños. Es indudable que las familias van a llenar todas las salas el próximo fin de semana. Los más pequeños seguramente disfruten con Timón y Pumba, pero a todos los que ya conocieran la historia les va a saber a poco. Y es que esta adaptación es una réplica exacta de la cinta de dibujos animados convertida a la animación hiperrealista. Ningún giro que diera un poco de vida al remake, ningún cambio que causa sorpresa. Absolutamente nada. Los únicos con un poco de libertad creativa fueron Seth Rogen (Pumba) y Billy Eichner (Timón), a los que dejaron improvisar muchos de sus diálogos. Gracias a este detalle podemos disfrutar de algunos momentos nuevos de Timón y Pumba, pero desde luego no compensan por el resto de la película. Hay una razón por la que el musical tiene tanto éxito: como mínimo, ofrece algo distinto.

Uno de los mayores temores con respecto a El rey león era que los animales no fueran tan expresivos, y no andaban desencaminados. La cinta pierde toda la magia de la original al verse despojada de la emoción que provee una animación más libre. No solo en los rasgos de los personajes: a Zazú le falta color y Scar ya no parece inherentemente malo gracias al dibujo. Tampoco es posible distinguir a las leonas y apenas a las hienas. Durante la canción ‘Preparaos’, donde antes había sombras imposibles y pozos que rezumaban humo verde, ahora hay rocas y tierra yerma. Qué sorpresa: la fantasía era más interesante que la realidad.

Muchos han resaltado que el panorama visual es casi prodigioso, que lo es, pero solo si te obligas a recordar constantemente que estás viendo una obra maestra de la animación. En realidad, a los cinco minutos de que haya empezado la película se te olvida maravillarte y solo estás a la espera de que suceda algo interesante que —spoiler— nunca llega.

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Este filme es un golpe en la frente para todos los que defienden que las nuevas versiones de las películas Disney deberían mantenerse 100% fieles a la original. Es importante que conserven su esencia, sí, pero, como ya demostró Aladdín, necesitamos ver algo nuevo. En ese caso, fue una revisión de los fallos y la mirada patriarcal de la historia original lo que convirtió la cinta en algo distinto y supo aprovechar los recursos del live-action para mejorar la narrativa, como el Genio tomando forma humana. El rey león toma una de las historias Disney más aclamadas, la envuelve en un papel reluciente de CGI y nos la entrega tal cual diciéndonos que es algo completamente nuevo. No cuela.

Con este panorama, es lógico que todo el peso de la película recaiga sobre la capacidad emotiva de los dobladores. Quizá no fue la mejor decisión dejar esa responsabilidad en manos de Beyoncé, que es cantante y no actriz. Por suerte, cumple con creces su papel e, incluso, es una de las actuaciones más notables de la película, pese a que Nala apenas tiene protagonismo. No se puede decir lo mismo de Donald Glover (Childish Gambino) como Simba, que canta muy bien, pero no transmite nada en el diálogo. Se ve superado en todos los aspectos por JD McCrary y Shahadi Wright, Simba y Nala de cachorros respectivamente.

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Pero la verdadera estrella de esta película es Chiwetel Ejiofor, un carismático Scar que capta la esencia del personaje y supera las carencias de la animación. Ejiofor saborea cada palabra y exprime su máximo partido, nos lleva de la arrogancia al poderío y después a la sumisión con una facilidad asombrosa. Y menos mal que alguien lo hace así de bien.

En lo que respecta al doblaje español, bien podríamos haber dejado el audio de la película original. Nosotros no tenemos a ninguna Beyoncé que sirva de reclamo y tampoco es que fuera a notarse la diferencia de todas formas. Así, además, podríamos seguir escuchando a Constantino Romero.

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Más de lo mismo

El rey león (2019) nos trae una historia y personajes que conocemos de sobra, con un lavado de cara que convierte la colorida savana de dibujos animados en un paisaje hiperrealista que maravilla a los ojos durante unos minutos. Una vez superada la impresión inicial, no hay muchos he pueda hacerse para salvar lo demás. Incluso habiendo superado ese miedo general a que te "arruinen la infancia" es fácil valorar que, en este caso, los "contras" superan a los "pros".

Han contado la misma historia, pero peor: no hay un gran número musical para 'Voy a ser rey león', ni para 'Preparaos'. El espíritu del Hakuna Matata sobrevive a duras pena gracias a Seth Rogen y Billy Eichner, que acaparan las miradas y hacen más llevadero el trago. Eso sí, seguro llamará la atención de los más pequeños y será amena para quien quiera ir a ver una película que se sabe de memoria, pero el resultado final son muchas ganas de recular de vuelta a 1994 y a los dibujos animados. Al final, El rey león nos ha enseñado una nueva lección: solo porque los avances tecnológicos nos permitan hacer algo, no significa que haya que hacerlo, y esta película es la prueba.