– Jul 31, 2019, 11:30 (CET)

La paradójica crítica hipersexualizada de ‘Dora y la Ciudad Perdida’ solo es una de tantas

Las redes han ardido con la publicación de una crítica de Dora y la Ciudad Perdida que sexualiza a la protagonista de esta película infantil, pero este es solo uno de los ejemplos más extremos. Tenemos que hablar de la hipersexualización de las niñas en el cine.

La crítica, imbuida con su propio narcisismo, tiende a sacar sesudas piezas de opinión que arremeten sin piedad contra toda película que no sea lo suficientemente intelectual o profunda. Como cualquier otro campo tradicionalmente dominado por hombres, la peor parte de esta particular cruzada se la han llevado los productos que no van dirigidos a ellos: películas románticas o típicamente enfocadas al público femenino, comedias adolescentes e historias infantiles. Pixar ha sido alabada por toda una generación de críticos en gran parte por el mito de que hacen películas “para niños y adultos”. La realidad es que las historias infantiles no tienen por qué apelar también al público adulto. Está bien que una película para niños le hable solo a los niños. Y esto es lo que promete hacer el live action de Dora y la Ciudad Perdida.

Sin embargo, un crítico de The Hollywood Reporter ha decidido que no es válido que esta historia tenga una línea argumental sencilla, ni que las escenas de acción no sean tan impactantes como las de Fast & Furious. Es más, a este hombre le parece mal que el personaje de Dora esté sexualizado, pero no tan sexualizado como a él le gustaría. En esta versión, la niña es más bien una adolescente, a punto de comenzar la secundaria. Hace meses, cuando salieron a la luz las primeras imágenes y tráilers, ya tuvimos nuestra ración de indignación general en torno a esta cuestión. Pasado el shock inicial, cualquiera diría que dejarían a esta película seguir su camino apaciblemente, pero no ha sido así. Y es que la crítica de este medio estadounidense ha provocado escalofríos a los lectores.

“Hay un salto considerable que no se puede ignorar entre la naturaleza esencialmente inocente y prepubescente de los personajes protagonistas y de la propia película, y las vibraciones más maduras y seguras que emanan de los actores principales. Parece que el director está intentando mantener las hormonas a raya, pero hay cosas que simplemente no puedes ocultar, al fin y al cabo, es parte de la naturaleza humana. Dora parece entregada a proyectar una versión presexualizada de la juventud, mientras que algo un poco más real palpita inadvertido bajo la superficie, su presencia rigurosamente ignorada.”

Así describe este crítico a la protagonista, con la excusa de que la actriz, Isabella Moner, es algo mayor: “tiene 18 años y los aparenta, a pesar de las medidas preventivas”. Suponemos que esas medidas son que está interpretando a una niña en una película infantil. Si ya es inquietante de por sí que un hombre de casi setenta años hable en esos términos de una actriz de dieciocho, más aún cuando el contexto es el de una película para niños.

Por desgracia, exaltaciones de este tipo son bastante habituales y no son pocos los hombres se quejan cada vez que aparece un producto que no está dirigido a ellos. Ocurrió con la versión de Tomb Raider de Alicia Vikander, a la que se criticó por no tener el mismo cuerpo que Angelina Jolie; con el remake de She-Ra y las princesas del poder, en la que el nuevo diseño de personajes dejaba atrás la hipersexualización de los mismos y eso, al parecer, restaba credibilidad y disfrute a la serie; con Capitana Marvel, porque la protagonista no era lo complaciente con los personajes masculino y “no sonreía lo suficiente”. No es una realidad nueva, pero es especialmente sangrante cuando el producto final va dirigido a un público infantil, como es el caso de Dora y la Ciudad Perdida.

En este ejemplo, es la mirada externa quien sexualiza a la niña en un contexto que debería quedar libre de toda connotación de este tipo. Es importante no confundir la sexualización de un personaje con la educación sexual o la libre representación de la sexualidad de una persona. La sexualización es "la imposición de la sexualidad adulta en niños y jóvenes antes de que sean capaces de lidiar con esto mental, emocional o físicamente", según la definición de la psicóloga Linda Papadopoulos. Mediante esta mirada objetificadora, los niños, aunque sobre todo las niñas, aprenden una versión de sí mismos distorsionada, en la que se les impone un aspecto "sexy" desde cada vez más temprano. En el caso de las mujeres, además, hay un fenómeno paralelo de infantilización que lleva a una "fetichización" de la infancia, un “efecto Lolita” de consecuencias devastadoras para las niñas.

Dora no es la primera niña en ser objeto de sexualización. Tras el estreno de Stranger Things, la protagonista Millie Bobby Brown se convirtió en un icono de masas, y no solo por su personaje. La revista W la incluyó en su lista de las mujeres más sexys del cine y la televisión. Entonces tenía 13 años. La hipersexualización de las niñas en los medios de comunicación y en el cine se ha empleado desde todos los ángulos posibles. Cuando no lo hace la propia película, como en el caso de Dora u Once, lo hace la prensa y el propio público. Tampoco los niños de Stranger Things se han librado de comentarios y aproximaciones poco apropiadas para la edad que tienen; y muchas críticas de la tercera temporada han resaltado el hecho de que “ya no son tan niños” cuando los actores tienen apenas quince años.

Pero esta mirada sexualizadora afecta, sobre todo, a las niñas. Pongamos el ejemplo de It (2017). Esta película de terror, de estética similar a Stranger Things, también está protagonizada por una pandilla de chicos de edades similares en la que solo hay una chica. La interpreta Sophia Lillis, que tenía quince años durante el rodaje y, sin embargo, su belleza ha sido alabada y resaltada por el público y los medios desde el estreno de la cinta. En este caso, tenían material sobre el que apoyarse, ya que la película remarca una y otra vez el atractivo de la niña. No solo es un palmo más alta que todos sus compañeros de rodaje, también es el interés amoroso de sus personajes y tiene un historial de abuso sexual por parte de su padre. Al menos, la película dejó fuera la escena de la orgía que Stephen King incluyó en el libro.

Igual que hicieron con Dominique Swain en la adaptación de Lolita (1997), el cine sigue mostrando una versión de las niñas y las jóvenes que no se corresponde con la realidad y que las responsabiliza de la mirada sexualizadora externa. Dora es solo la última en unirse a esta larga lista de personajes femeninos infantiles víctimas de la hipersexualización. Por suerte, la respuesta ha sido inmediata y las redes y otros medios de comunicación se han llenado de mensajes de repulsa contra esta pieza de The Hollywood Reporter. Parece que algo sí está cambiando.