Existe una relación bien conocida entre la laxitud del colágeno y la ansiedad en humanos, pero se trata de una relación nunca observada antes en otras especies. Un equipo de investigadores ha analizado 13 características del comportamiento y la movilidad de la cadera en un total de 5.575 perros domésticos.

Liderado por Jaume Fatjó y Antoni Bulbena, del departamento de Psiquiatría y Medicina Legal de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM) y de la Cátedra UAB Fundación Affinity Animales y Salud, el trabajo sugiere una asociación entre la hipermovilidad de la cadera y una activación cerebral vinculada a las emociones en los perros, con resultados similares a los observados en personas.

En el caso de los humanos, los investigadores habían observado que esta relación se hace patente con un incremento de manifestaciones de ansiedad, miedo, agorafobia y pánico, y que está vinculada a la laxitud por efectos indirectos en el estado emocional y mental mediante una desregulación de las reacciones autónomas que implican diferentes regiones del cerebro que intensifican estados emocionales.

Los científicos sostienen que la excitabilidad, esta reactividad emocional, sería uno de los factores de riesgo para los trastornos de angustia. "Hace muchos años que nuestro grupo encontró una relación entre laxitud y angustia, de forma que aquellas personas con más movilidad y flexibilidad en las articulaciones tienen también más tendencia a los problemas de angustia. Ahora hemos demostrado por primera vez esta asociación en una especie no humana", explica Fatjó.

Característica universal en mamíferos

En el nuevo estudio, publicado en Scientific Reports, los investigadores han presentado la primera evidencia de la asociación entre hipermovilidad de cadera y alteraciones en el comportamiento en una especie no humana, lo que sugiere que podría ser un vínculo muy antiguo desde el punto de vista de la evolución y una característica universal en mamíferos.

En la investigación han participado también Andrea Bulbena, investigadora del departamento de Psiquiatría y Medicina Legal de la UAB y de la Icahn School of Medicine Mount Sinai (EE UU), así como investigadores de la Universidad de Londres (Reino Unido), de la Universidad de Pensilvania (EE UU) y de la organización The Seeing Eye (EE UU).

Este artículo fue publicado originalmente en Agencia Sinc