“¡Qué triste resulta! ―murmuró Dorian Gray, los ojos todavía fijos en el retrato―. Me haré viejo, horrible, espantoso. Pero este cuadro siempre será joven. Nunca dejará atrás este día de junio… ¡Si fuese al revés! ¡Si yo me conservase siempre joven y el retrato envejeciera! Daría…, ¡daría cualquier cosa por eso! ¡Daría el alma!”.

Con esta frase, sin saberlo, el protagonista de una de las novelas más famosas de Oscar Wilde estaba ofreciendo su alma a cambio de la juventud eterna, dando un vuelco a su vida que no pararía de traerle peligrosas consecuencias. Lógicamente, todo esto es ficción, pero sí que es cierto que hoy en día muchos personajes famosos realizan sus propios pactos demoniacos, poniendo su salud en manos de clínicas o salones de belleza de dudosa credibilidad, a cambio de retrasar las arrugas o lucir una imagen más joven y bella.

Este es el caso, por ejemplo, de la actriz Gwyneth Paltrow, quien lleva años promocionando todo tipo de estrambóticas técnicas con las que asegura conseguir una vida más sana, a la vez que cuida su físico. Entre ellas destaca la apiterapia, una técnica similar a la acupuntura, en la que se cambian las tradicionales agujas por picaduras de abejas. A pesar de las advertencias de los expertos sobre el peligro que supone, muchas personas comenzaron a seguir su ejemplo, hasta que en 2018 llegó la primera víctima, una mujer española de 55 años.

Pero la apiterapia no es la única técnica peligrosa, ni la actriz estadounidense la única influencer que difunde estas terapias entre la población. Esta semana hemos conocido también el caso del “vampire facial”, un tratamiento de belleza, popularizado por Kim Kardashian, cuya práctica podría estar detrás del contagio de VIH que sufrieron en 2018 dos personas en un centro estético de Nuevo México.

Sangre en la cara para estar más joven

En 2013, la modelo e influencer estadounidense publicaba en su cuenta de Instagram una perturbadora imagen de su cara cubierta de sangre, junto a un hashtag en el que daba a conocer el nombre de la técnica: “vampire facial”.

A pesar de las reticencias que inspiraban la imagen, pronto muchos de sus seguidores corrieron a informarse sobre esta terapia, consistente en tomar sangre del paciente, centrifugarla para separar la fracción rica en plaquetas y después colocar esta sobre la piel previamente perforada, para mejorar su absorción. Supuestamente, con esto se consigue aumentar los niveles de plaquetas en el organismo, con el fin de acelerar la cicatrización de heridas y otras lesiones. Este era su uso inicial, aunque después de la publicación de Kim, su aplicación con fines estéticos comenzó a tomar una gran relevancia, llevando a que muchos centros estéticos se subieran al carro e incluyeran esta transilvánica técnica en su oferta de terapias.

Lamentablemente, no hay ningún tipo de evidencia científica de que funcione, ni para acelerar la cicatrización ni para obtener una piel más joven y sana. Eso sí, los peligros que puede conllevar si no se hace correctamente no son pocos, desde infecciones cutáneas hasta trasmisión de muchas enfermedades, por no desinfectar correctamente las agujas empleadas.

Y esto es precisamente lo que parece haber ocurrido a dos personas a las que se diagnosticó VIH después de recibir este tratamiento en un spa VIP ubicado en Alburquerque, Nuevo México. Los primeros análisis mostraron que la cepa del virus era la misma, por lo que se procedió a inspeccionar el centro, que resultó no desinfectar debidamente las agujas después de cada uso. Este hallazgo llevó al Departamento de Salud de Nuevo México a cerrar el spa en septiembre de 2018 y a lanzar un comunicado en el que se instaba a todas las personas que se sometieran en él tratamientos con agujas, entre mayo y septiembre de ese año, a realizarse las pruebas de VIH, así como de Hepatitis B y C.

Por el momento ya se ha hecho el estudio a cien personas, todas con resultados negativos, pero aún faltan muchos pacientes por localizar. Los servicios sanitarios han recordado que, si bien no es curable, el VIH hoy en día cuenta con tratamientos que permiten a los pacientes mantener una vida prácticamente normal, pero para ello es necesario que se sometan a ellos cuanto antes, por eso es tan importante analizar todos los posibles casos.
En esta ocasión, la búsqueda de la juventud podría haberles salido muy cara. Y es que, en la vida real, las terapias pseudocientíficas pueden ser lo más parecido a realizar un pacto con el mismísimo diablo.

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