– May 20, 2019, 17:54 (CET)

De la desconfianza al veto total: así ha sido el calvario de Huawei frente al Gobierno de Estados Unidos

Desde 2018, Huawei lleva viviendo una situación de auténtico acoso y derribo no solo hacia su presencia en Estados Unidos, sino hacia su modelo de negocio en general por parte de diferentes actores alrededor del mundo. Una bomba de relojería que solo era cuestión de tiempo ver explotar.

Lo que mal empieza, mal acaba. Y lo que mal acaba, termina peor. Es el resumen que podría hacerse del año 2018 y subsecuente 2019 de Huawei a nivel internacional en lo que a sus relaciones exteriores se refiere, donde si por algo ha brillado la empresa asiática ha sido por haberse encontrado de forma recurrente en el foco de todas las miradas por los supuestos compromisos de seguridad que sus tecnologías y dispositivos presentaban, sirviendo esto para desatar, a la postre, una crisis que llega ahora a su punto álgido y que hace tambalearse a una de las empresas más relevantes del panorama tecnológico.

Porque si lo que habíamos visto hasta el momento eran claros síntomas de preocupación para Huawei, el reciente desarrollo de los acontecimiento es mucho más que eso, poniendo incluso en serias dudas la supervivencia de la compañía en el área de consumo tal y como la conocemos ahora. Las últimas líneas de esta historia, no obstante, faltan aún por ser escritas, y resta aún mucho por resolver de cara a determinar el impacto que supone para una tecnológica que, ahora como nunca, parece gravemente herida.

Sí sabemos, sin embargo, cómo hemos llegado hasta aquí. Un tortuoso camino lleno de zancadillas, amenazas veladas –y no tanto– e investigaciones para conseguir que Huawei quedara desarmada de manera efectiva. Así ha sido el largo calvario de Huawei, una obra en tres actos con un desenlace a día de hoy incierto.

Acto primero: de las amenazas y las recomendaciones

El caso de Huawei y Estados Unidos podría estudiarse como ejemplo de uno de esos sucesos en los que las cosas se tuercen de manera abracadabrante en un abrir y cerrar de ojos sin saber muy bien qué ha ocurrido. Y la muestra más clara de ello la encontramos en una exultante Huawei que iba a anunciar en el CES 2018, la feria de electrónica de consumo que se celebra en Las Vegas durante el mes de enero, su entrada en el mercado estadounidense de la mano de AT&T, la principal de las operadoras del país.

Bien es sabido que en dicho territorio hace falta tener presencia en la distribución mediante las empresas de telecomunicaciones si se quiere aspirar a disponer de un volumen crítico de clientes, por eso la noticia de que AT&T rescindía el acuerdo para comercializar el Huawei Mate 10 Pro caía como un jarro de agua fría sobre la firma asiática. Lejos de ser un hecho aislado, las primeras acusaciones de espionaje y recomendaciones por parte organismos gubernamentales acerca de la no utilización de productos de la marca ya comenzaba a empapar las primeras capas de los agentes tecnológicos del panorama norteamericano. Así, Verizon, la otra gran operadora del territorio por volumen de clientes, se sumaba al rechazo de la marca pocos días más tarde.

No fueron las únicas en dar la espalda a Huawei, sin embargo. Si a la compañía le quedaba alguna esperanza en la primera mitad de 2018 de conseguir un avance que le permitiera avistar la luz al final de un túnel que se oscurecía por momentos, estas se terminaron por esfumar cuando Best Buy, uno de los principales distribuidores de electrónica con superficies por todo el país, también daba la espalda a sus productos.

Renunciar a un territorio como Estados Unidos es siempre una mala noticia para una empresa con proyección internacional, pero habría sido, sin duda, del agrado de Huawei que todo quedara en únicamente eso. En febrero, sin embargo, las agencias de seguridad e inteligencia estatales se pronunciaron al respecto, asegurando la CIA, el FBI y la NSA que los terminales de la marca suponían un potencial riesgo para la sociedad norteamericana, alegándose que estos equipos actuaban como una línea de comunicación directa con el Gobierno chino, comprometiendo la seguridad de los Estados extranjeros. Un golpe de efecto que dejaba patentes las hostilidades hacia la empresa.

Acto segundo: de una situación extremadamente tensa

Con esto llegamos a la segunda mitad de 2018, donde la situación se recrudece con la prohibición por parte de Donald Trump de utilizar equipos y tecnología procedentes de Huawei –además de ZTE– en los órganos e instituciones relacionadas con el Gobierno. La declaración de enemistad era en este punto más evidente que nunca, aun cuando la tecnológica china había repetido ya en reiteradas ocasiones que no suponía peligro alguno en lo relacionado con el compromiso de datos o seguridad territorial.

Y a partir de aquí fue cuando a Huawei comenzaron a llegarle los problemas en estéreo, por si lo anterior no fuera suficiente, con la declaración por parte de varios países alrededor del mundo de sus intenciones de no permitir que la tecnología de la marca fuera utilizada en el despliegue de la infraestructura 5G de los mismos. Australia o Japón han sido algunos de los que se han manifestado en firme, y otros muchos aún dudan, aunque en la Unión Europea todo apunta a que no se producirá tal prohibición, con operadores como Vodafone habiendo confirmado que harán uso de dicho equipamiento en países como España o Reino Unido para su despliegue inicial.

El año llegaba a su fin para la compañía con una noticia que volaba por completo cualquier amago de reconciliación posible, avivando aún más el fuego de la guerra comercial ya fraguada entre Estados Unidos y China. A petición de la primera de estas naciones, las autoridades de Canadá arrestaban el día 1 de diciembre a Wanzhou Meng, CFO de Huawei e hija del fundador de Huawei, con la repercusión que esto supone, en relación a un asunto de violación de patentes con Irán. Fue puesta en libertad bajo fianza pocos días más tarde, permaneciendo en arresto domiciliario desde entonces y a la espera de la extradición a suelo norteamericano. Ahora sí, las cartas estaban sobre la mesa.

Acto tercero: de la declaración de guerra

Finalizado 2018, el presente año se revelaba bien como la redención de Huawei o bien como un periodo todavía más arduo. Los precedentes no alentaban al optimismo, algo que se confirmaba en el mismo mes de enero tras presentar Estados Unidos trece cargos criminales contra la firma china.

Cada vez más acorralada respecto a unos Estados Unidos donde el objetivo parecía firme de causar cuanto daño fuera posible a la empresa, Huawei acusaba al país de tener tras estos actos "intenciones políticas", instando a terminar con las difamaciones sobre la compañía.

El pasado mes de abril se conocía, sin embargo, que Estados Unidos había persistido en sus intenciones de recabar información contra la empresa de origen asiático, habiendo estado espiando y escrutando diferentes facciones de Huawei para apuntalar su acusación contra la misma. El mismo mes la CIA aseguraba que el Gobierno chino y otros órganos del aparato de seguridad de Pekín habían financiado a la citada marca, en un nuevo intento para dejar en evidencia la peligrosidad de la misma debido a sus conexiones con el Estado.

El punto álgido, que es el que nos ocupa de manera más reciente, llegaba en mayo: la declaración de todo el asunto con Huawei como una emergencia nacional por parte de Estados Unidos y la posterior inclusión de la compañía en la lista de aquellas empresas con las que otras firmas del país no podían establecer tratos comerciales.

Esto fue algo que en 2018 casi termina con ZTE, habiendo tenido que pausar la compañía la producción de sus dispositivos ante la falta de componentes. Huawei tiene dicha vertiente más o menos solventada gracias a proveedores ubicados fuera de Estados Unidos y a la fabricación de los suyos propios, pero el batacazo que muchos temían y pocos esperaban ver cumplido de forma efectiva –al menos por el momento– era la eliminación de los lazos comerciales entre Google y la tecnológica, lo cual supondría que esta quedaría sin poder hacer uso en sus terminales de la versión de Android firmada por la tecnológica de Mountain View, con todas las implicaciones que eso supone.

Es exactamente lo que hemos conocido en las últimas horas, dando lugar a un escenario incierto para el futuro de Huawei que sucede en el peor de los momentos posibles, dado que se posicionaba como el potencial fabricante a batir todos los récords de ventas de terminales móviles en 2019 y destronar a Samsung como empresa que más dispositivos comercializa.

Algunos declaran ya la defunción de la división de consumo de la tecnológica, otros aseguran que todo terminará por solventarse mediante un trato comercial que se alcanzará en algún punto próximo. La realidad es que nadie sabe a ciencia cierta el volumen de consecuencias que esto implica, desde las puramente ligadas a la marca hasta aquellas derivadas que puedan impactar en las compañías estadounidenses como represalia por parte de China. Esos son actos aún por escribir.