Numerosas noticias en los últimos años han dado a conocer la alarmante situación en la que se encuentran un gran número de especies de todo el mundo por culpa de la mano humana. La deforestación, que deja a muchas de ellas sin hábitat, o el cambio climático, cuyas consecuencias dejan a algunos animales sin alimento, son varias de las causas que han llevado a algunas especies a las cercanías de la extinción. O incluso a término.

No siempre son animales que viven en lugares especialmente accesibles para los seres humanos, pero eso no suele ser un impedimento, pues nuestros malos actos a veces llegan más lejos de lo que creemos. En cambio, se tiende a pensar que las pocas especies que se salvan son las que viven en los lugares más remotos del planeta, a donde la deforestación aún no ha llegado. Pero en realidad no siempre es así, como se demuestra en un estudio publicado hoy en PLOS Biology y liderado por la española Ana Benítez-López, actualmente en la Universidad de Radboud, en Países Bajos.

Alarma en los trópicos

En los trópicos, solo el 20% del terreno se considera intacto, según los datos de sensores remotos utilizados para detectar la deforestación. Sin embargo, que sean zonas en las que el ser humano aún no ha comenzado a talar árboles no tiene por qué significar que se comporten del mismo modo en lo referente a la caza.

Esto es algo que los sensores no pueden detectar, por lo que es necesario utilizar otros métodos, como un modelo de regresión con el que estos investigadores han logrado identificar las zonas concretas en las que se espera que los niveles de caza de grandes mamíferos sean altos.

Para ello, se han basado en factores socioeconómicos, como la densidad de la población humana y los puntos de acceso de los cazadores, y algunos rasgos de las especies, como el tamaño de su cuerpo. Todos estos datos se recogieron de un total de 160 estudios, llevados a cabo en los últimos 40 años. De este modo se pudo comprobar cómo se relacionaban cada uno de esos factores con la defaunación, para después extrapolarlo a los conocimientos actuales de los trópicos.

Esta extrapolación muestra que las zonas de más peligro son África occidental y central, especialmente Camerún, América Central, Sudamérica y algunos países del sudeste asiático, como Tailandia, Malasia y el suroeste de China.

Llegados a este punto, los autores del estudio esperan que sus resultados puedan servir para que se lleve a cabo una revisión más exhaustiva del estado de la biodiversidad en estos “puntos calientes” y así favorecer la conservación de la especies animales, especialmente de los grandes mamíferos, cuyas poblaciones se han reducido en un 40% a causa del mayor acceso del ser humanos a las zonas remotas en las que viven.