Voto electrónico, una quimera en España por falta de confianza en los políticos

Consenso político y una prueba de confianza para un proceso que, pese a tener ya toda la tecnología testada, aún le quedan años para ser real.

Por – Abr 22, 2019 - 10:00 (CET)

Alicia vive en Dubái en enero de 2015. Desde entonces, ha visto pasar las elecciones generales de ese mismo año –y su repetición en 2016, además de las autonómicas de Valencia– desde fuera, sin la posibilidad de participar. Ahora, en 2019, la historia se repite para ella y los casi dos millones y medio de ciudadanos que residen fuera de España.

Desde que en 2011 se reformase la normativa para las votaciones de los residentes en el extranjero, conocida como "el voto rogado", lo cierto es que la situación no ha mejorado para casi ningún ciudadano expatriado. Partiendo de la base de "la poca disponibilidad de las embajadas, tanto para contactar con ellos como para poder ir en persona a pedir información", comenta Alicia, "a las que solo se puede ir por las mañanas y de forma física, por lo que si trabajas tienes un problema", el drama reside en los miles de trámites que se requieren para poder votar.

En el caso de Dubái, los españoles residentes deben desplazarse a Abu Dabi, a más de 130 kilómetros de distancia, para solicitar su voto. Con todo, y después de varios intentos, Alicia no ha podido votar nunca. Los que han podido completar los trámites, explica, tampoco lo consiguieron: "A casi todo el mundo le llegaron tarde las papeletas". Las de muchos de ellos nunca llegaron a su destino, por lo que casi dos meses de trámites después, el voto quedó desierto. Ante esta situación, replicada en el resto de geografías, muchos de ellos se preguntan "por qué no pueden habilitar zonas de voto en diferentes ciudades con las que ir a votar el día de las elecciones con tu pasaporte y tu visado de residencia. Y van más allá: "Si a la hora de hacer movimientos de capital, transferencias y pagar los correspondientes impuestos sí está todo informatizado, ¿por qué para meter una papeleta en un sobre vives en el siglo XX?".

La compleja situación del voto digital

Comenzaba, hace unos días, la temporada número 20 de Cuéntame, la serie emitida en TVE, con los comicios de 1989 que dieron la victoria a Felipe González por parte del Partido Socialista. En la imagen, algo que a casi todos les resultará habitual: entrega del DNI al director de la mesa electoral, búsqueda a mano del nombre en una lista y subrayador amarillo para confirmar que se ha votado. 30 años después, y ya fuera de la ficción, a las puertas de unas elecciones generales, autonómicas, regionales y europeas, la imagen se reproducirá casi al 100%. La introducción de tabletas y lectores digitales del documento de identidad, además del envío telemático de los recuentos, no han sustituido a otros elementos tradicionales. Aunque a muchos les sorprenda, el papel sigue siendo la forma más segura para unas elecciones. La cuestión de la confianza y otros problemas añadidos a esta coyuntura, dibujan un panorama más o menos similar al actual de aquí a –no menos– de quince años.

Los actuales candidatos a la presidencia, en un ambiente que se ha caracterizado por sacar debates polémicos a la palestra y que han puesto el blockchain en 5G como centro de la economía del país no han hecho comentarios sobre la implantación de unas elecciones electrónicas. No hay, de hecho, ningún intento a corto plazo de que se pueda implantar en España en unos procesos tan masivos; incluidos los votos de fuera de España. Para Eusebio Nieva, portavoz de Check Point, la clave está en comenzar con casos aislados: "El voto por correo o rogado, que es un número de votantes tan pequeño que no es susceptible de ser atacado, es un colectivo que puede dar la idea de cómo desarrollar el proceso para el resto del país. Sin embargo, son los sistema de votación privados donde está la clave". Para Ben Fagg, vice-presidente de pre-ventas de Scytl, "para implantar todo esto es necesario un cambio legislativo y unificación entre los partidos", cosa que, de momento, no tienen los visos de cambiar a corto plazo. En 2017, tras varios acercamientos con este proyecto se terminaba por dejar a un lado por parte del Gobierno de España y, en el área regional, en Cataluña. Francia, también en 2017, el miedo a un hackeo masivo en las elecciones abandonaba esta idea por un tiempo. Alemania, por parte, recurría a un Tribunal Constitucional para aprobar el nuevo sistema; de forma sorpresiva, la institución fallaba en contra del voto electrónico.

Igualmente hay experiencias ya testadas y positivas. El Fútbol Club Barcelona anunciaba que para la próxima elección de su presidente recurriría al voto digital. Este ejemplo, al igual que otros tantos en la industria privada abren la puerta a los comicios dentro de los países. Scytl, la compañía española de tecnología para procesos electorales, lleva trabajando en ese ámbito desde su creación en 2001. La selección de la junta médica de Mendoza en Argentina, sistemas de votación en las cámaras de representantes, elecciones internas de partidos o consultas públicas son algunas de las experiencias que la tecnológica ha vivido desde entonces.

Estonia, uno de los países con más penetración en uso de Internet, también cuenta con un sistema plenamente desarrollado de i-voting. Ontario, donde la implantación del voto digital ha permitido el reenganche de los colectivos de mayores a su asistencia al voto o Australia, donde prácticamente todas las elecciones recurren al voto electrónico se sitúan a la cabeza del desarrollo.

En Europa, por su lado, tiene su propio ejemplo: Suiza. En un país donde se pregunta, bajo urna, una media de tres o cuatro veces por año con la idea de someter a consenso cuestiones importantes para el país, los votos electrónicos son más que necesarios. Después de casi 10 años, explican Fagg, "cuando solo lo usaba 10% de la población, se ha notado un aumento gradual; ahora mismo, más del 50% de los votantes lo hace por Internet". Es tanta la implementación en Suiza, que Scytl y sus asociados, pueden permitirse retar a los hackers a encontrar vulnerabilidades en el sistema. El pasado mes, la compañía publicaba el código de los procesos electorales; si bien es cierto que se encontró una vulnerabilidad, ninguno de los que lo intentó pudo entrar en el sistema para cambiar la orientación de los votos –ficticios en ese momento–.

Confianza en la tecnología, un matrimonio complicado

Si hay algo en lo que todos están de acuerdo, y que matizan desde Scytl, es que "la tecnologías típicas no sirven en este contexto". Pero, como añade Nieva, "una cosa es que lo que la tecnología puede hacer, y otra para lo que se está usando".

Dejando a un lado el dilema de los votos desde el extranjero, para Nieva "el método tradicional funciona y ha demostrado ser fiable". Es, ante todo, una cuestión de confianza en que todo el proceso funciona: "Si te fías de los actores, pues quizá sí que funcione, pero aquí todo el mundo desconfía de todo el mundo". Los hackeos de varias plataformas tecnológicas durante los últimos meses tampoco han servido para aumentar la confianza en el sistema; así como la situación de Facebook con sus fake news y la injerencia de diferentes gobiernos extranjeros en los resultados de las elecciones. "Hay tantos actores interesados en que una elecciones 'no salgan bien', que aunque supongo que en los próximos años veremos intentos limitados, a corto no será algo real", añade Nieva.

Asímismo, hay que tener en cuenta que estos procesos son más susceptibles de ser atacados que procesos de otro tipo. Scytl explica que es necesario asegurar la identificación del votante, mantener su privacidad y comprobar que el registro se ha cumplido. De momento, y aquí coinciden todos los expertos, la criptografía es la solución más fiable. Y, aunque ya está aquí, de alguna forma u otra, el último paso de la lista se antoja como el más complejo. De momento, y al menos en España, los envíos de recuentos y censos ya son de carácter tecnológico, pero para las elecciones queda aún un gran trecho.

En lo que tampoco se ponen de acuerdo es en el punto de los delegados e interventores. ¿Serían capaces los partidos de limitar el control de las elecciones a una o dos personas de perfil profesional? Esta sería, de hecho, la única forma para los partidos de controlar que todo ha ido como se esperaba.

Dínamo

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