Los trucos publicitarios que nos ‘cuelan’ en el supermercado

- Abr 5, 2019 - 17:02 (CET)

Sin caer en la publicidad engañosa, las etiquetas de los productos pueden contener contenido poco claro, capaz de hacer parecer saludable a un producto que realmente no lo es.

Hoy en día son cada vez más las personas que quieren llevar a cabo una dieta sana y proporcionársela también a sus hijos o cualquier otra persona cuya alimentación dependa de ellas. Para lograrlo, el primer paso muchas veces es guiarse por la etiqueta de los productos que adquieren, pero esa no es siempre la mejor opción. No porque mientan, pues legalmente no pueden hacerlo, pero sí porque pueden utilizar todo tipo de trucos que, en muchas ocasiones, dan lugar a conceptos nutricionales muy equivocados.

Basta con una visita rápida al supermercado para encontrar algunos de estos ejemplos. Hay para todos los gustos, desde el pasillo de la comida infantil hasta el de las bebidas alcohólicas. En todos hay algo que comentar.

Lo más sanos para los peques de la casa

Según la Iniciativa Europea de Vigilancia de la Obesidad Infantil de la Organización Mundial de la Salud (OMS), España se sitúa entre los países europeos con mayores tasas de obesidad infantil, alcanzando entre un 18% y un 21% de los niños y de un 9% a un 19% de las niñas. Además, un 40% de los pequeños tienen o sobrepeso u obesidad, siendo esta una cifra solo superada por Chipre. Lógicamente, esto es algo que preocupa a los padres, que a menudo buscan productos que estén diseñados especialmente para el consumo infantil, cubriendo sus necesidades nutricionales y evitando ingredientes que puedan contribuir a este aumento de peso. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y lo que puede parecer perfecto para un niño en base a su etiqueta, en muchas ocasiones no deja de ser diferente al resto de chucherías que solían consumir.

Este es un problema generalizado, que se da en prácticamente todos los países desarrollados, de ahí que un equipo de investigadores ingleses haya publicado recientemente un estudio en el que se analiza cómo influye el modelo de etiquetado de Reino Unido en el aumento de las tasas de obesidad infantil.

En este trabajo los científicos apuntan que, si bien el uso de dibujos animados o juguetes es una estrategia comercial que se ha desarrollado durante años, la tendencia a añadir declaraciones ambiguas sobre lo saludable que es el producto es algo más nuevo, que está calando mucho en los consumidores. ¿Pero hasta qué punto son ciertas estas afirmaciones del etiquetado?

Para responder a esto analizaron 332 productos infantiles diferentes, como cereales de desayuno, bocaditos de fruta, zumos, yogures o potitos. Todos ellos fueron analizados con un sistema de puntuación centrado en siete elementos: energía, azúcares totales, grasa saturada, sal, frutas / verduras / nueces, fibra y proteínas. De este modo comprobaron que el 41% de los alimentos vendidos como saludables, no eran puntuados como tal. Por ejemplo, las barritas de cereales tenían un contenido muy elevado de grasas saturadas, los cereales de desayuno de sal y los bocaditos de fruta de azúcar. Estos últimos y algunos otros productos anunciaban en el etiquetado que contenían una de las cinco raciones de fruta y verdura que se recomienda ingerir al día, además de informar de la ausencia de azúcares añadidos. Sin embargo, el contenido en fruta se basaba en la adición de zumos. Se sabe que el azúcar presente en los jugos se metaboliza exactamente igual que el añadido, ya que no cuenta con la matriz de fibra que en la fruta entera ayuda a que las células lo tomen más despacio. Por eso, el producto final es mucho** menos saludable** de lo que parece.

Aunque este estudio solo analizaba productos ingleses, esto es algo que ocurre en otras partes del mundo, y por supuesto también en España. De hecho, el caso del azúcar es uno especialmente problemático. “Se dice que contiene azúcar procedentes de fuentes naturales y lo interpretamos como algo bueno”, explica a Hipertextual el bioquímico y divulgador científico José Manuel López Nicolás. “Sin embargo, esas fuentes naturales pueden ser la miel o el zumo de fruta y en ambos caso se trata de azúcares libres”. Además, el científico añade que esto es algo que debería añadirse en el etiquetado para que el consumidor sepa cuáles son sus efectos sobre el organismo. “Debería explicarse a qué están asociados estos azúcares libres según la Organización Mundial de la Salud”.

Y sin duda podría funcionar. De hecho, el año pasado un equipo de científicos de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan y la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard llevó a cabo un estudio en el que se comprobaba que añadir en la etiqueta de las bebidas azucaradas una advertencia gráfica sobre sus riesgos, similar a la que se coloca en las cajetillas de tabaco, reducía su compra en un 14’8%. Sin embargo, la información calórica y los avisos en forma de texto no parecían generar ningún tipo de cambio.

La demonización de la letra E

Aparte del truco de la ración de fruta incluida en snacks infantiles, también es frecuente ver marcas que prometen en el envase que sus productos para niños son saludables, por el hecho de no contener aditivos artificiales. Es aquí donde entra en juego la demonización de la letra E. Buen ejemplo de ello era el que cuenta López Nicolás en su blog Scientia. En una entrada de 2012, expone el caso de una famosa marca de productos de alimentación infantil, que utilizaba como eslogan la frase “¡Sin porquerías!”, acompañada por otras sentencias, como “100% ingredientes naturales” o “Crecer con naturalidad”. Al observar la etiqueta parecía que la composición del producto no tenía ningún aditivo, pues no se observaba ninguna letras E, pero al comprobarlo con más detenimiento se podía ver que contenía bicarbonato sódico, bicarbonato amónico y fosfato monosódico, tres aditivos normalmente clasificados bajos las letras E-500 ii, E-503 ii y E-339 i, respectivamente.

A día de hoy ya no se usa ese eslogan, sino otro: “¡Ya era hora!”. No sabemos de qué era hora, pero al menos no se da a entender que otras marcas que no camuflan la presencia de aditivos, por otro lado necesarios y seguros, están añadiendo porquerías a sus productos.

Pero este suceso no es único solamente de los productos infantiles. Otros muchos exhiben orgullosos en su envase que no contienen E’s y, por lo tanto, son más naturales. Esto es algo que ocurre incluso en productos que no tendrían por qué llevarlas, como la leche. Por lo general, la lista de ingredientes de la mayoría de marcas no incluye más que la propia leche, salvo que esté enriquecida con alguna otra sustancia. Sin embargo, se advierte que no tienen aditivos, dejando entrever que son algo malo y generando una dañina quimiofobia en los consumidores, que pasan a temer ingredientes totalmente seguros, por el simple hecho de no ser “naturales”.

“Todo esto se debe evitar, porque además pasa una cosa que pocas veces se dice”, comenta el divulgador de Scientia. “Es muy preocupante, ya que por tanto insistir con que los productos naturales son mejores la gente extrapola y lo lleva a la medicina y empieza a caer en las terapias naturales y a abandonar los tratamientos efectivos. No solo estamos hablando de alimentación”.

Poner el foco donde importa

Especialmente curioso es el caso de las bebidas alcohólicas, como la cerveza Estrella Galicia, que tanto revuelo provocó el año pasado con un anuncio que ya está comenzando a emitirse de nuevo este 2019. En él, se remarca como positivo que está elaborada a base de ingredientes naturales, sin sulfitos ni transgénicos.

De nuevo estamos ante la demonización de ingredientes que realmente no la merecen. Los organismos modificados genéticamente, entre los que se encuentran los transgénicos, deben pasar por un gran número de requisitos hasta llegar a nuestras mesas, por lo que podemos estar seguros de que, si los estamos consumiendo, es porque son seguros. Ocurre lo mismo con los sulfitos, un aditivo que ya los antiguos romanos añadían a los alimentos para evitar que proliferaran en ellos hongos o arañas que pudieran estropearlos. A día de hoy se utilizan frecuentemente como antioxidantes en la elaboración de vino y cerveza y son totalmente inocuos, a las dosis empleadas. Ahora bien, ¿se puede decir lo mismo del alcohol? Está claro que no. “Lo que se hace es buscar un valor añadido a ingredientes que realmente son seguros para desviar la atención del verdadero problema de estos productos, que es el alcohol”, sentencia el bioquímico entrevistado por este medio.

A pesar de que se intenta publicitar que un consumo moderado de vino o cerveza puede ser incluso beneficioso para la salud, numerosos estudios demuestran que esto no es verdad, por lo que, aun siendo legal, cualquiera que lo consuma debería hacerlo con pleno conocimiento de que está tomando una sustancia dañina. Mucho más que los sulfitos.

¿El desayuno de las defensas?

Entre los productos que antes vienen a nuestra mente al hablar sobre “truquitos” del etiquetado están los yogures líquidos que se promocionan como un empujoncito para que nuestras defensas trabajen mejor contras las enfermedades. Tanto el Actimel de Danone como otras marcas.

Este tipo de anuncios sobre una propiedad saludable se engloban dentro de lo que se conoce como Health claims y están regulados por autoridades competentes de diferentes lugares del mundo, en el caso de Europa por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA por sus siglas en inglés). En su momento, como también explicaba López Nicolás en otra entrada de su blog de 2012, Danone fue sancionada por afirmar que Actimel “refuerza tus defensas”, e incluso tuvo que retirar el apellido “inmunitas” del nombre de la bacteria Lactobacillus casei. Por eso, fue necesario recurrir a un pequeño cambio en el eslogan: “Ayudan a tu sistema inmunitario” o “Ayuda al normal funcionamiento del sistema inmunitario“, en el caso de la opción de Hacendado. ¿Por qué esto sí es aceptado por la EFSA y no lo otro? La respuesta está escrita en el propio paquete, pero con letra pequeñísima y muy bien oculta, especialmente en el segundo caso. Y es que, si se observa con detenimiento la etiqueta, se puede comprobar una gotita de leche un poco diferente al resto. Tanto que no es una gota, sino un asterisco bastante bien camuflado que conduce a la parte lateral del envoltorio, en la que con letra diminuta se puede leer:

La vitamina B6 contribuye al normal funcionamiento del sistema inmunitario. Se recomienda el consumo de una unidad al día que ACOMPAÑADO de una alimentación variada y equilibrada y un estilo de vida saludable pueden aportar al menos el 15% de la CDR en vitamina B6.

¿Mienten? Lo cierto es que no. La propia EFSA establece que la vitamina B6 contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario, por lo que basta con añadirla a la receta y, voilá, reclamo apto para volver a los supermercados.

Visto esto se podría pensar que este producto sí que es una buena ayudita para que nuestro sistema inmunitario trabaje correctamente, pero lo cierto es que con una dieta adecuada ya tenemos un buen aporte de vitamina B6. De hecho, un simple plátano tiene tres veces más cantidad que un vasito de esta milagrosa bebida.

Obviamente, todos estos productos, como el resto que se venden en el supermercado, son totalmente aptos para el consumo, pero no necesariamente más que los demás. Además, como bien ha narrado López Nicolás a este medio, elegir los productos, e incluso legislarlos, en base a un solo ingrediente es un error. “Por ejemplo, puedes seleccionar un producto porque tiene vitamina C, pero también es necesario ver la cantidad de azúcar que tiene”.

Por eso es tan importante informarse debidamente sobre nutrición, leer bien las etiquetas, más allá de los eslóganes, y, sobre todo, perder el miedo a los químicos. Porque todo en esta vida es química. Los vegetales que tomamos son químicas, el amor es química, nosotros mismos somos química. No existiríamos sin ella, ¿por qué tendríamos que temerla?

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Agencia SINC - Jul 24, 2019 - 9:00 (CET)