Pocos conceptos relacionados con la salud humana tienen más connotaciones positivas que las vitaminas. Diariamente nos vemos bombardeados con todo tipo de anuncios sobre complementos o alimentos enriquecidos que prometen aportarnos ese pequeño chute que necesitamos para estar sanos, fuertes y activos. Todo eso sin contar todo lo que nos insistían nuestras abuelas en que nos tomáramos el zumo, antes de que se fueran corriendo del vaso. Por supuesto, estas moléculas son esenciales para que podamos llevar correctamente un gran número de procesos esenciales de nuestra fisiología. Sin embargo, como ocurre con tantas otras sustancias, es importante tener cuidado con la dosis, pues un exceso de ellas puede ser dañino, tanto para la salud como para el bolsillo.

Del primer caso es un buen ejemplo el de un hombre canadiense de 54 años, cuyos riñones han resultado dañados después de seguir las directrices de un naturópata que le aconsejó tomar una dosis extremadamente alta de vitamina D, a pesar de no tener ninguna enfermedad ni déficit que lo hiciera necesario. Aunque por el momento se ha logrado limpiar su sangre y restablecer en parte la función renal, el órgano ha quedado ‘tocado’ de por vida, por lo que tiene muchas probabilidades de necesitar diálisis en un futuro.

Vitaminas, sí, pero sin colarse

El paciente, cuyo caso se ha descrito recientemente en Canadian Medical Association Journal, sufría de hipertensión, aunque ya estaba controlada por su médico de cabecera. Más allá de eso, no padecía enfermedades, ni déficits que hicieran necesaria la ingesta de ningún suplemento vitamínico. Sin embargo, cuando acudió al naturópata este le recomendó tomar 8 gotas diarias de una marca concreta de vitamina D. Esta marca contiene una dosis de 500 unidades internacionales (UI), pero el paciente se equivocó y adquirió otra que contenía una dosis de 1.000 UI por gota. Además, tomó un poco más de lo aconsejado, concretamente entre 8 y 12 gotas cada día, por lo que su dosis alcanzó entre 8.000 y 12.000 UI diarias.

Para que no se generen efectos secundarios, una persona no debe exceder un consumo de 600 UI, según la European Food Safety Authority (EFSA), por lo que esta persona estaba tomando entre 13 y 20 veces más. Es cierto que cometió el error de tomar hasta 4 gotas más de las recomendadas y que se equivocó al adquirir la marca de suplemento vitamínico, pero si hubiese seguido a rajatabla las directrices del naturópata habría consumido una dosis diaria de 4.000 UI, multiplicando por 6 la cantidad recomendada.

A pesar de todo, él se encontraba bien, por lo que prolongó el tratamiento durante dos años y medio, hasta que unas vacaciones en el sudeste asiático hicieron detonar todos sus problemas. ¿Pero por qué?

La vitamina D está presente en muy pocos alimentos, por lo que buena parte de ella es sintetizada en el propio organismo cuando la piel se expone a las radiaciones ultravioleta B del Sol. En condiciones normales ni la alimentación ni la exposición solar pueden generar una sobredosis, pero si se suma a una cantidad desorbitada de suplemento, los efectos pueden ser dramáticos. Por eso, después de que el paciente pasara dos semanas tomando el Sol durante periodos de hasta 8 horas, sus riñones no pudieron más.

A la vuelta de estos días de descanso acudió a una visita rutinaria con su médico de cabecera, que detectó en sus analíticas niveles muy elevados de creatinina. Normalmente, esta no debe sobrepasar una concentración de 100 μmol / L, pero en su sangre había 132 μmol / L. Por lo general, los riñones se encargan de filtrar la sangre para eliminar el exceso de esta sustancia, por lo que ese exceso parecía indicar que no estaban funcionando bien. Sin embargo, su doctor en un principio lo achacó a un posible golpe de calor o deshidratación, por lo que procedió a eliminar los diuréticos y otros fármacos que estaba tomando para la hipertensión, con el fin de minimizar la pérdida de agua. Sin embargo, la situación no mejoró, sino que empeoró drásticamente, llegando a alcanzar los 376 μmol / L. Algo pasaba en sus riñones, por lo que había llegado el momento de derivarlo a un especialista. Cuando este lo recibió en su consulta y le hizo las primeras entrevistas, comprobó que tenía antecedentes de una enfermedad renal poliquística, con dos familiares de primer grado que requirieron diálisis antes de los 60 años. Sin embargo, las radiografías y ecografías abdominales mostraron que este no era su caso, pues no había rastro de quistes en el riñón. Su orina y los niveles de células sanguíneas también parecían normales. Pero sí había algo que no estaba bien, pues sus niveles plasmáticos de calcio eran muy altos. Al preguntar por la posible causa de este desbalance, el paciente reconoció que había estado acudiendo a un naturópata, que le había recomendado tomar suplementos de vitamina D.

Inmediatamente se sometió a un tratamiento que tras un año ha devuelto su sangre a la normalidad. Sin embargo, su riñón ha quedado dañado, en la etapa 3b de enfermedad renal, que se caracteriza por un daño moderado y síntomas como dolor óseo, hormigueo o dificultad para la concentración. Por todo esto, es posible que necesite someterse a diálisis en un futuro.

Daño a la salud o daño al bolsillo

Las vitaminas se dividen en dos grupos, según si son solubles en agua (hidrosolubles) o en las grasas (liposolubles). En el primer grupo se encuentran las del grupo B y la C, mientras que en el segundo están la A, la D, la E y la K.

Para que puedan ejercer correctamente su función, deben mantenerse en unos niveles concretos, que normalmente son fácilmente alcanzables con una dieta adecuada, o con exposición solar, en el caso de la D. Sin embargo, puede ocurrir que ciertas enfermedades o problemas de alimentación conduzcan a un déficit durante el cual es necesario tomarlas en forma de suplementos. Exclusiva y únicamente en ese caso; ya que, de lo contrario, pueden ocurrir dos cosas diferentes.

Por un lado, al poder disolverse en agua, el exceso de vitaminas hidrosoluble se excreta con la orina, por lo que buena parte del dinero que a veces invertimos en invierno en suplementos de vitamina C para mantener a raya los resfriados se van literalmente por el retrete. En el caso de las liposolubles, se acumulan en tejidos grasos, como el adiposo o el del hígado, por lo que en caso de tener una ingesta elevada pueden acabar provocando toxicidad. Por lo general la cantidad presente en los suplementos es baja (a la par que innecesaria si no hay problemas), pero si se excede la dosis y además se suma a otro tipo de aportes, como la dieta o el Sol, puede haber problemas. Estaríamos ante lo que se conoce como una hipervitaminosis, que en el caso de la vitamina D puede afectar a diferentes niveles, desde el sistema nervioso central hasta el genitourinario, pasando por el cardiovascular y el gastrointestinal.

Esto puede dar lugar a síntomas como náuseas, estreñimiento, hipertensión, arritmias o exceso de orina, pero también puede ser asintomático, por lo que el paciente no es consciente del daño hasta que se somete a un chequeo, como en este caso. Por todo esto, es importante tener en cuenta que no todo lo bueno lo sigue siendo en exceso y que una inocente visita al naturópata puede salir cara, mucho más allá de la factura.