El salón del automóvil de Shanghai ha sido el lugar escogido por Aston Martin para desvelar, cuatro años más tarde de su anuncio inicial, el Rapide E, su primer vehículo 100% eléctrico.

Este coche, que toma como base el Aston Martin Rapide –con motor de combustión–, cuenta con una batería de 65 kWh, lo que le permite recorrer, según el fabricante, unos 320 kilómetros de distancia con una única carga. Cuando se conecta a un cargador de alta velocidad, el Rapide E puede recargar sus baterías a un ritmo máximo de 500 kilómetros por hora.

La batería de 65 kWh se encarga de nutrir dos motores con una potencia equivalente a 600 caballos y casi 250 kilómetros por hora de velocidad máxima. Como en otros vehículos eléctricos, la aceleración es uno de los atributos más característicos del Rapide E, siendo capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en menos de 4 segundos –algo más rápido que la versión estándar del Rapide S de combustión–.

Mientras que vehículos puramente eléctricos como el Tesla Model S sitúan sus baterías en el piso inferior, el Rapide E las ubica en el eje frontal, aprovechando el espacio que deja libre el motor de combustión del resto de versiones.

En el interior del vehículo se encuentran dos pantallas digitales: una de diez pulgadas, situada tras el volante; y otra en la consola central, con un tamaño de ocho pulgadas. En estos paneles se pueden controlar y observar todos los parámetros del vehículo: sistemas multimedia, velocidad, navegación GPS, climatizador, etc. También se pueden conectar los sistemas Apple CarPlay y Android Auto.

Aston Martin fabricará únicamente 155 unidades del Rapide E, que fue anunciado por primera vez en 2015. Aunque inicialmente se esperaba un desarrollo conjunto con LeEco –un conglomerado chino detrás de empresas como Faraday Future–, el vehículo ha sido finalmente construido junto al equipo Williams de Formula 1.