– Mar 21, 2019, 14:16 (CET)

En un mercado basado en el ‘hype’, las promesas de Stadia no son suficientes

Las promesas de Kojima, Miyazaki, Guerrilla, 343 o The Coalition venden más plataformas que los FPS o las conexiones ultra rápidas, y las primeras promesas de Google con Stadia parecen no ser suficiente en un mercado alimentado exclusivamente con el hype.

Stadia es la nueva plataforma de videojuegos en streaming. En un momento en que el asunto está en plena ebullición, lo cierto es que la llegada de Google a los videojuegos es un buena noticia para todos, al menos desde el punto de vista de la competencia. La declaración de intenciones que Google hizo con Stadia, lo sencillo de su funcionamiento de cara al usuario y lo bien que funciona sobre el papel ponen en un aprieto, desde el punto de vista tecnológico, a los grandes actores del mercado.

Microsoft lleva tiempo anticipando que xCloud será el futuro de los videojuegos, y también tienen infraestructura para poner sobre la mesa un sistema como el de Google, Amazon está trabajando en su sistema, y Sony de momento solo ha puesto de manifiesto PlayStation Now, pero dado su liderazgo en el mercado puede tomarse las cosas con más calma. Y es en este punto donde las mayores dudas empiezan a aparecer. En los días que corren, la plataforma sin juegos no es nada. Y de momento Stadia solo es una plataforma.

Nadie puede negar que Sony es la ganadora de la generación, pese a que la plataforma de Microsoft es mejor en muchos sentidos: Xbox Live siempre ha funcionado mejor, la Xbox One X es la consola más potente del mercado, y la existencia de Game Pass y EA Access pone de manifiesto las ventajas de la plataforma de los de Redmond. Lo tiene todo para haberse convertido en la elección favorita de los jugadores, pero siempre hay un pero. El pero son los juegos. No sirve de nada tener la mejor plataforma o la mejor infraestructura sin juegos exclusivos. Sí, porque aunque estemos en 2019 los juegos exclusivos siguen vendiendo plataformas.

Si tengo que elegir entre varias plataformas y una me ofrece juegos exclusivos, los multis aunque en términos de potencia o oportunidades sea menor, me quedo con la que más contenido me ofrezca. Ese ha sido el problema de Xbox esta generación: sin apenas exclusivos es más difícil atraer a la masa de jugadores. Ese este el movimiento que está haciendo Epic Store frente a su batalla con Steam y esa es, en definitiva, la receta del éxito en los videojuegos, al menos así ha sido los últimos 20 años.

Por eso la mayor duda de Stadia, más allá del precio o la conexión a internet, que sabemos de sobra estará en línea con el resto del mercado, son los juegos. De poco va a servir sin exclusivos, por muchos que nos pese, que tu infraestructura sea la mejor y tu plataforma la que mejor funcione. Y pese a que la competencia de Stadia va a meter innovación y presión al mercado, la industria de videojuegos sigue siendo una industria de nombres. Rockstar, Bungie, Ubisoft, Hideo Kojima, Naughty Dog, Hidetaka Miyazaki, Guerrilla... han demostrado ser símbolos de calidad que las grandes compañías quieren tener de su lado porque son las venden plataformas, más allá de juegos.

Y junto con los nombres, esto también es una carrera de fondo. Google no es precisamente la compañía que más certidumbre ofrece sobre sus nuevos servicios. No sabemos si su apuesta es de futuro o se aburrirán de ella en pocos años y acabará quedando en el olvido. Porque otro de los fundamentos del videojuego es la comunidad, lo poco o mucho fragmentada que esté y lo leal que sea con una plataforma, las esperanzas que deposite sobre un fabricante. Ganarse la confianza de la comunidad es un escollo importante, mucho más importante que la tasa de frames o la rapidez de carga.

Google tiene YouTube sí, pero sabemos que en videojuegos Twitch es el rey. Y lo es por la dejadez, de un tiempo a esta parte, de Google frente a su apuesta por los videojuegos. El resultado fallido de YT Gaming, los bandazos en muchos de sus servicios en el móvil... La compañía del buscador es una de las compañías más innovadoras del mundo, pero desde hace tiempo tiene poca paciencia con sus nuevos servicios que no acaban siendo fenómenos de masas. Y los videojuegos es un mercado muy particular.

Con una presentación tan escueta de detalles importantes como Stadia, con una presentación en sociedad carente de grandes apuestas exclusivas, y en un mercado tan competitivo como el videojuegos, las dudas de Stadia se ponen también de manifiesto en los usuarios. Al final lo único que importa de una forma u otra son los juegos. Y entrar en la industria del videojuego sin juegos no es un arranque que mueva el hype al que está acostumbrado la industria.

Al fin y al cabo, Microsoft ha aprendido la lección por las malas, y nunca se ha rendido: ha sacado la cartera, comprado estudio y poniendo de manifiesto que sus exclusivos serán el baluarte de su plataforma. Google y Stadia llegan con las manos vacías y a diferencia del resto, sus promesas están muy lejos del colmar las pretensiones de un mercado que deposita su futuro, año tras años, en promesas. Porque al fin y al cabo de eso va todo esto. Y el pastel se lo lleva aquel que prometa más, más alto, y durante más tiempo. Y teniendo, al menos, un Hideo Kojima escondido en la manga.