Todos sabemos lo importantes que son los semáforos para controlar el tráfico y evitar accidentes automovilísticos. Sin embargo, la primera vez que se utilizó un semáforo para lograr este objetivo, todo resultó en un aparatoso y potencialmente fatal desastre.

Para entenderlo, debemos situarnos en Londres durante el año de 1868. Para esa época, los encargados de velar por la seguridad vial, levantaron un monstruoso semáforo de más de seis metros, controlado por un administrador ferroviario. No obstante, las cosas no salieron como se esperaba.

El peligroso tránsito londinense

La ciudad de Londres durante el siglo XIX era un lugar peligroso para los transeúntes. Esta ciudad fue construida en la época medieval a lo largo de rutas que seguían el río Támesis. Más adelante, durante la Revolución Industrial, muchos trabajadores se trasladaron del campo a la ciudad para mejorar su posición económica y laboral.

Esto supuso un considerable aumento del tráfico en las estrechas carreteras. Al mismo tiempo, el aumento del tráfico se tradujo en una mayor cantidad de accidentes viales, muchos con consecuencias fatales.

Por ejemplo, se tienen registros de un accidente ocurrido en 1803, en el que un vehículo se averió, causando un atasco importante en Strand, una de las arterias viales principales para la época. Al mismo tiempo, dos hombres y una mujer quedaron atrapados entre coches de carbón, resultando aplastados hasta perder la vida.

Así, son muchos los ejemplos que ilustran lo pesado que era el tránsito en Londres durante el siglo XIX. Como dato de referencia, se tiene constancia de que, para 1811, el Puente de Londres transportó unos 90.000 peatones, 5.500 vehículos y 764 jinetes en tan solo un día.

Lo que es aún más grave, con el pasar del tiempo, estas cifras fueron ascendiendo a medida que la ciudad se convertía en el principal centro económico e industrial de la nación.

Garantizar la seguridad vial

Tal como vemos, para el siglo XIX, Londres era una ciudad congestionada de vehículos de diversas clases y una gran cantidad de obreros dirigiéndose a sus puestos de trabajo. Al respecto, se plantea que entre tres y cuatro personas perdían la vida semanalmente debido a accidentes de tránsito.

Ante esta situación, eran pocas las regulaciones viales y, las que realmente se implementaban, solo agravaban el problema. Cada calle tenia reglas distintas sobre cómo debían movilizarse los vehículos y, sin embargo, eran raras las ocasiones en las que estas normas se cumplían.

Ante ello, John Peake Knight, el gerente de ferrocarriles de la ciudad, tuvo una idea que pretendía solucionar el problema. En el pasado, Knight había instaurado exitosamente reglas para garantizar la seguridad en los rieles ferroviarios.

Específicamente, el gerente fue quien se encargó de lograr que los vagones ferroviarios tuviesen electricidad y tuvo la idea de colocar campanas en los vagones para que los pasajeros pudiesen anunciar que se aproximaba su parada.

Entonces, ante el desastre vial de la ciudad, Knight propuso usar una señal de semáforo, similar a las que ya habían sido puestas en funcionamiento en las líneas ferroviarias. En particular, el semáforo incluía dos brazos de color rojo que detenían el tráfico para permitir el paso de los peatones.

Así, el congreso aprobó la idea en 1868 sin mayor problema. Para ese entonces, Richard Mayne, quien era el comisionado de la Policía, imprimió más de 10.000 panfletos y los distribuyó entre las personas, alertando a conductores y peatones respecto a las nuevas regulaciones.

En el diseño final, el semáforo constaba de dos brazos para detener el tránsito que funcionarían durante el día, además de lámparas rojas y verdes que cumplirían la misma función durante la noche. Todo esto sería controlado por un oficial de policía que estaría encargado de vigilar el tránsito.

Primer semáforo del mundo

Contrario a lo que se pensaba, el invierno en el que se implementó este primer semáforo; específicamente el 9 de diciembre de 1868, Londres se convertiría en la primera ciudad del mundo con una estructura como esta.

Este semáforo se trataba de una estructura de más de seis metros, colocada en medio de la carretera. En particular, esta señal de tránsito, poco se parecía a lo que conocemos actualmente como semáforos; más bien parecía un espectáculo arquitectónico.

A grandes rasgos, la señal estaba sostenida por paneles góticos de los cuales se erigía una columna hueca de hierro fundido, pintada de verde y dorado hasta una gruesa bobina de metal en su punto más alto. Esta estaba rodeada por hojas de acanto que simulaban crecer de una caja octogonal donde se dejaban ver las lámparas del semáforo.

Ante ello, tanto conductores como transeúntes tomaron las medidas con un agrado inesperado. De hecho, los más osados se atrevían a afirmar que este sería un mecanismo que rápidamente seria adoptado por las más importantes metrópolis alrededor del mundo.

Explosión por un defecto de diseño

Sin embargo, todo este entusiasmo fue algo prematuro. En enero, una tubería de gas que se encontraba debajo del pavimento donde se erigió el semáforo, empezó a expulsar gas a través de una fuga. Rápidamente, la torre hueca sobre la cual se construyó el semáforo se llenó de gas y en pocos instantes, explotó la estructura.

Tras la explosión y el incendio resultante, el oficial de tránsito que controlaba el semáforo resultó gravemente herido, con quemaduras en todo su rostro. De hecho, según algunos cuentan, el hombre murió en el accidente.

Poco tiempo después de ello, el semáforo fue eliminado del lugar, y más nunca se reemplazó. Así, luego de este devastador accidente, los londinenses tuvieron que seguir luchando con sus problemas viales por unas cuantas décadas más.

Casi medio siglo después, los semáforos volvieron a la ciudad de Londres, junto a mejores diseños e instalaciones más óptimas. De esta forma, en 1925 fueron instalados semáforos controlados por operadores en distintas calles de Londres y para 1926 ya se habían instalado los primeros semáforos de luces automatizados. Sin embargo, nada borraría el recuerdo de ese primer aparatoso intento de controlar el transito londinense.

Este artículo fue publicado originalmente en Tekcrispy