Tesla ha trazado un nuevo plan para su modelo de negocio de cara al nuevo año, y lo cierto es que muchos lo han visto como un encarecimiento de sus coches para aumentar su precio medio de venta: la compañía ha decidido que dejará de vender los modelos de menor autonomía del Model X y Model S, correspondiente a las variantes con batería de 75kWh, para pasar a ofrecer el tier superior como modelo de entrada en ambas líneas de coches.

Esto significa que la compañía se queda sin equivalentes en los modelos de base de ambas terminaciones, lo que se traduce en un aumento de precio en torno a los 15 dólares, dejando el Model 3 como la única opción que ofrece la Tesla por debajo de los 80.000 dólares. De esta forma, si atendemos a los precios del mercado americano, con mayores opciones de personalización, los Tesla más baratos dentro del Model X y Model S pasan a tener un precio de $ 84.750 dólares y $87.950 dólares respectivamente, unos precios que se disparan desde los desde $66.750 dólares y $72.950 dólares que tenían los modelos de 75kWh.

No está muy clara cuál es la estrategia final de Tesla con este movimiento. Si bien sirve para simplificar la producción de la compañía y es un buen punto de partida para impulsar las ventas del Model 3, también reduce las posibilidades dentro de los modelos más punteros de Tesla. Una cosa si está clara, el cambio permite a la compañía diversificar las gamas por algo más que por capacidad de batería, de forma que podría reposiciones las diferentes versiones de los Tesla en función de autonomía o rendimiento, sin que necesariamente la capacidad de la batería como tal sea el elemento diferenciado.

Esto permite que, los recién llegados al mercado sin conocimientos previos tengan más claro las posibilidades de sus coches, sin necesidad de atender a las especificaciones técnicas de la batería, además de aumentar el precio de venta en sintonía con los paquetes de extras más caros y disponibles en los modelos superiores.

Adicionalmente, la simplificación de línea de modelos de Tesla también lo es en simplificación de costes, en tanto la compañía no necesita tantas diferenciaciones de líneas de producción y a la larga es más sencillo que esto se traduzca en un abaratamiento de los costes de producción al reducir el número de opciones disponibles.