Netflix estrenó recientemente la nueva temporada de Una serie de eventos desafortunados (Una serie de catastróficas desdichas en España) en su plataforma. Se trata de la tercera y última entrega de este título basado en las novelas de Daniel Handler.

Los nuevo episodios recogen las aventuras de los hermanos Baudelaire y el destino final —si esto es posible— del conde Olaf y los muchos personajes que hemos conocido a lo largo de los episodios de este título Original de Netflix. Lo cierto es que se trata de una entrega mucho más redonda que las pasadas temporadas; posiblemente porque está apuntalada con las anteriores catastróficas desdichas de los hermanos Baudelaire.

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Neil Patrick Harris se anota otro inolvidable personaje en su carrera con su caracterización del conde Olaf. Él es la verdadera estrella del show, aunque la historia principal gira alrededor de los Baudelaire, quienes, por cierto, son muy entrañables y divertidos.

Recordemos que en la segunda temporada de Una serie de eventos desafortunados los hermanos Baudelaire se quedaron en una situación bastante compleja, no sólo habían dejado atrás una parte de la historia muy importante, es decir, la del circo, sino que fueron separados y puestos en peligro, de nuevo, por el conde Olaf.

Miles de pistas

Así como sucede en los 13 libros que conforman la obra de Handler, la serie de Netflix es un enorme rempecabezas y es hasta que nos alejamos de aquel primer episodio cuando los hermanos Baudelaire van a la playa que logramos ver orden en las pistas de la historia. Resulta muy agradable ver como cada detalle cae en su sito, como cada personaje tiene algo que aportar y también, como todo se conjunta para despedir una serie imperdible tanto para los niños como para los adultos.

Y es que Una serie de eventos desafortunados tiene la característica principal de ser muy inteligente y divertida. Con sus diálogos crípticos y cómicos, con su toque de humor del absurdo, con su locuacidad pero también con la seriedad que trata los temas más complejos y conforma un título recomendable en toda la extensión de la frase: "para toda la familia".

Esta serie creada por Mark Hudis y Barry Sonnenfeld es, sin duda, uno de los títulos actuales más elaborados y extraordinarios enfocados principalmente para el público infantil. La tercera entrega, además, tiene menos números musicales que las anteriores —lo cual, y aunque Neil Patrick Harris es muy divertido, se agradece—, además presenta mayores retos narrativos, ya que se desarrolla en varios lugares y es mucho más compleja, más que nada porque cierra una historia llena secretos, códigos y conflictos de los más dolorosos que existen: los que tienen los amigos.

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Nadie es bueno ni malo

Así como la historia de los hermanos Baudelaire es tan solo una consecuencia de eventos —catastróficos, por supuesto— que sucedieron mucho antes, es decir, desde la fundación de la asociación secreta V.F.D., ellos no sólo las sufren, sino que salen adelante y crean su propio destino.

A lo largo de esta tercera temporada todos los personajes dejan ver mucho más de su trasfondo, de sus sentimientos y de sus frustraciones. Es por eso que esta comedia es tan especial, pues se vuelve un título único, con un gran abanico de temas y con un código moral que exponen los personajes que nos ponen a pensar en serio.

Aunque el peculiar conde Olaf es un villano, sí que nos demuestra que no todo es "bueno", ni "malo", al menos no en el sentido simplista, sino que las cosas, y sobre todo las que tienen que ver con las relaciones familiares y personales, son mucho más complejas. Es precisamente Olaf quien expone que todos aquellos que se dicen "buenos" tienen, además de una superioridad moral injustificada, motivos más bien deplorables y egoístas. ¿Quién es el malo?, probablemente todos, sobre todo los que sienten que no lo son.

Así pues, con esta tercera entrega despedimos una serie magnífica, que, si bien es cierto que su primera entrega tarda en arrancar, vale muchísimo la pena seguir viendo los capítulos**. Además, está confeccionada con gran detalle, con una producción y ambientación impecables y una fotografía preciosa.