– Ene 30, 2019, 16:00 (CET)

Jugamos a RAGE 2: la combinación perfecta entre la acción de DOOM y los mundos abiertos de Avalanche

RAGE 2 llega como continuación de la primera entrega pero combinando dos de las mejores bazas de Bethesda: los mundos abiertos locos y divertidos y la acción rápida, frenética y explosiva de DOOM.

En mayo del año pasado, y por sorpresa, Bethesda anunciaba la continuación de RAGE, un título bastante interesante de la anterior generación pero que pensábamos que había caído en el olvido. La compañía suele ser reconocida por no dejar morir sus franquicia, y con RAGE no iba a ser menos. De hecho, han puesto toda la carne en el asador.

RAGE 2 llega de la mano de dos pesos pesados de los estudios que trabajan con Bethesda: Avalanche Studios e id Software, algo que ya nos ponía en anticipo que las cosas iban a ser más o menos buena. Avalanche es bastante conocido por hacer mundos abiertos ricos, completos y bastante divertidos, e id Software… bueno es el estudio de referencia de los shooters en primera persona: Wolfenstein 3D, Quake, Doom son algunos de los títulos que tiene en su haber.

Esto ponía dos de los elementos más importantes a la hora de traer un bagaje importante para producir un título de estas dimensiones: el buen hacer de los mundos abiertos de Avalanche (Just Cause, Mad Max) y el gunplay con la fluidez de movimientos de Doom, que en su reboot ya dejó claro que seguía siendo el rey de los FPS.

Tras jugar algo más de una hora a RAGE 2, nos queda claro que los elementos han encajado a la perfección. El mundo de Avalanche está a la altura de otros títulos del estudio, en un momento en el que parece que vamos a tener una primera mitad del año en el mundo post-apocalíptico en el que todos quieren destacar. Las primeras impresiones de RAGE 2 dejan claro que tiene todo lo necesario para ponerse al mismo nivel que los grandes triples A que llegarán a las estanterías.

No obstante, donde destaca lo que hemos visto no reside solo en el mundo abierto característico de Avalanche, basado en grandes llanuras, peleas de coches, carreras y personajes más o menos carismáticos. El punto en el que destaca de verdad RAGE 2 es el elemento clave de id Software: los combates. El juego es fluido, la libertad de movimientos es espectacular y combina lo mejor de DOOM en un mundo abierto en el que podemos abordar cada misión de la forma en que nos venga en gana.

Si bien el juego tiene partes del modo historia totalmente lineales, tal como comprobamos en las que las jugamos, mantiene ciertos elementos de sandbox incluso en su punto pasillero. Es un combinación muy interesante que, aunque hayamos visto ya en muchos otros títulos -no innova nada en este apartado-, nos permite disfrutar del juego a nuestro antojo y a nuestro ritmo, de una forma similar a Mad Max, tanto en estructura de misiones como en objetivos secundarios, de crafteo o de mejora de elementos del personaje.

Como decíamos, lo que más llama la atención es el sistema de combate: es similar al de DOOM, también en gunplay, pero incluye algunos elementos que le hacen ir más allá: combos con habilidades, posibilidad de luchar desde varias alturas, y habilidades especiales que podremos ir combinando, como cuerpo a cuerpo brutal, poner una barrera frente a los enemigos, etc… tienen cierto cooldown, pero son lo suficientemente rápidas como para utilizarlas varias veces en el combate, haciendo que cada enfrentamiento sea diferente, divertido y espectacular.

Esta combinación de habilidades, con un gunplay muy bien elaborado, y repertorio de armas en el que destaca la escopeta, hacen de RAGE 2 uno de los títulos más divertidos para hacer cafre en su mundo abierto, con permiso de Just Cause. El juego es especialmente divertido en este aspecto, y se nota la herencia recibida de id Software y el reciente reboot del DOOM que pronto conocerá una secuela.

El apartado gráfico, pese a que nosotros probamos una versión en desarrollo, es muy atractivo y por momento recuerda a Mad Max con la salvedad de que los escenarios se componen de diferentes ambientes: desde desierto a bosques pasando por zonas abandonas e industriales, grandes carreteras… es en general un muy atractivo y muy en sintonía con la estética gamberra pero post apocalíptica de las que hace gala el título. Quizás de este mundo lo que menos nos ha gustado es la colección de misiones secundarias, muy de juegos de mundo abierto, de asaltar bases, coleccionar crafteo y limpiar cuarteles. Algo que hemos visto infinidad de veces y que quizás, aunque encaje con la dinámica de bandas de este mundo abandonado, hubiera estado mejor una vuelta de tuerca a este tipo de narrativa.

Estaremos pendientes del desarrollo final del juego de cara a su lanzamiento, pero lo poco que hemos visto hasta ahora nos da bastante motivos para ser optimistas. El juego luce bastante bien, la jugabilidad heredada de DOOM es sin duda su punto más fuerte, y si su modo historia es lo suficientemente grande como hacernos pasar un rato divertido, similar al de la preview, puede que Bethesda haya dado con el clavo fusionando dos de los conceptos más repetidos de la industria: el gunplay frenético que combina combos con mucha acción y un mundo abierto en el perdernos durante horas con el punto gamberro que caracteriza a la franquicia.

En mayo saldremos de dudas.