La cualidad de caminar sobre las aguas puede parecer algo milagroso, propio solo de personajes empujados por la gracia divina. Sin embargo, muchos animales, de tamaños muy diferentes, pueden hacerlo. Entre los más pequeños destaca el insecto zapatero, que se aprovecha de la tensión superficial del agua para desplazarse rápidamente sobre ella. Por otro lado, es muy típico el caso del basilisco común, un reptil también conocido como lagarto Jesús, por la facilidad con la que camina sobre la superficie de charcas y ríos. En su caso, consigue impulsarse gracias a las “bofetadas” con las que golpea el agua para empujarse hacia delante.

En el camino intermedio entre uno y otro se encuentra el gecko, un reptil característico de climas cálidos, cuyo tamaño puede variar entre los dos y los sesenta centímetros. Aunque su habilidad para correr sobre el agua es menos conocida que la del basilisco común, también se han observado algunos ejemplares haciéndolo. Lógicamente, esto ha llamado la atención de muchos científicos, entre ellos un equipo de investigadores de las universidades de Oxford y Rockefeller, que acaba de publicar en Current Biology un estudio sobre los mecanismos que utiliza para conseguirlo. La respuesta, igual que ocurre con su tamaño, está en el término medio.

Crédito: Pauline Jennings

Entender al gecko para fabricar robots de rescate

Para la realización de este estudio, cuya primera autora es la biofísica Jasmine Nirody, los investigadores se centraron en las cualidades del gecko de cola plana (Hemidactylus platyurus). Estos animales destacan por su gran agilidad, que les permite trepar paredes, balancearse sobre las hojas o correr a gran velocidad. Esto los convierte en un buen modelo a seguir para el desarrollo de robots, por lo que los científicos llevan mucho tiempo estudiando su biomecánica. Sin embargo, hasta ahora el mecanismo que les permite desplazarse sobre el agua, alcanzando velocidades de un metro por segundo, era todo un misterio.

Para tratar de desentrañarlo, Nirody y su equipo llevaron varios ejemplares de este gecko al laboratorio, donde también colocaron un tanque de agua alargado, con un tablero en su parte superior. Además, variaron la tensión superficial del fluido añadiéndole jabón. La tensión superficial es una propiedad de los líquidos por la cual su superficie se comporta como si fuera una lámina elástica. Esto se debe a que las moléculas inmersas en las capas más profundas experimentan interacciones con otras moléculas en todas las direcciones, mientras que las que se encuentran en la superficie solo reciben la acción de las que están por debajo, generándose una fuerza neta hacia arriba. Al añadir jabón sobre el agua, estas fuerzas intermoleculares se rompen, de modo que se altera la tensión superficial.

Una vez establecido este escenario, se colocaron los geckos sobre el tablero al principio del tanque y se les sobresaltó, tocando sus colas. Cuando los animales saltaron al agua y echaron a correr sobre ella, se procedió a grabarlos a través de cámaras de alta velocidad, con el objetivo de determinar qué cualidades les permiten tener este “don divino”.

Comprobaron que la hazaña era el resultado de la colaboración entre varios componentes del cuerpo del animal, que aprovechan tanto la tensión superficial como el golpeo del agua para desplazarse. Todo empieza gracias a sus patas fuertes, que les permiten golpear la superficie del agua, creando bolsas de aire que mantienen la mayor parte de sus cuerpos a flote. Además, su piel impermeable y su cola, que los estabiliza y los impulsa hacia delante, también colaboran para conseguir un desplazamiento muy eficiente.

El objetivo de este estudio, más allá de la simple curiosidad, es comprender los mecanismos que permiten a este animal caminar sobre al agua, para aplicarlos al desarrollo de robots que puedan desplazarse rápidamente en entornos acuáticos. Estos podrían tener aplicaciones muy diferentes, como las tareas de salvamento después de una inundación. Caminar sobre las aguas para enseñar a salvar vidas. No es un milagro, es ciencia.