La misión Rosetta de la Agencia Espacial Europea (ESA, en inglés) está más viva que nunca, a pesar de que en septiembre de 2016 se 'suicidó' al hacer un aterrizaje descontrolado en su cometa de estudio, 67P/Churyumov-Gerasimenko (67P/C-G). Por lo que ya no está operativa. Si a primeros de octubre, la sonda nos regalaba una nueva imagen de su cometa de estudio, ahora el satélite nos trae un nuevo descubrimiento.

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Uno de los principales objetivos de la ESA era estudiar el plasma, para ello necesitaban conseguir que Rosetta viera un arco de choque en los alrededores del cometa 67P. Sin embargo, por más que los investigadores miraron, no fueron capaces de dar con él. En las misiones espaciales estas situaciones se pueden dar: esperas encontrar un fenómeno para poder estudiarlo, pero no lo ves. A pesar de esto, la misión no se ha considerado un fracaso, al contrario, la sonda ha aportado mucha información sobre los cometas y el espacio. No obstante, según un nuevo estudio de los datos, Rosetta sí dio con el arco de choque, uno que estaba en su estadio inicial y por eso pasó desapercibido en un primer momento, tal y como explica la ESA en un comunicado de prensa.

Durante dos años Rosetta observó con paciencia el cometa 67P "desde diferentes perspectivas", señala la agencia europea, y aunque nadie se percató, atravesó el arco de choque en varias ocasiones. Gracias a esto, la sonda realizó "mediciones in situ de esta misteriosa porción del espacio".

Arco de choque

Pero ¿qué es esto del arco de choque? Una de las mejores formas que tienen los científicos de estudiar el plasma del Sistema Solar son los cometas. "El plasma es un estado caliente y gaseoso de la materia que comprende partículas cargadas y se encuentra en el Sistema Solar en forma de viento solar, un flujo constante de partículas que nuestra estrella expulsa al espacio", explican desde la ESA. En el momento en el que el viento solar "pasa junto a objetos como planetas o cuerpos menores, primero impacta con lo que se conoce como arco de choque", señalan. Es decir, este fenómeno "podría compararse con la onda que se forma alrededor de la proa de un barco mientras navega por aguas intranquilas", indica la agencia europea.

67P no es el único comenta en el que se ha visto un arco de choque. Alrededor de Halley también se ha podido subir. "Los fenómenos de plasma varían a medida que el medio interactúa con el entorno circundante y cambian el tamaño, la forma y la naturaleza de estructuras como los arcos de choque a lo largo del tiempo", explican.

Más cerca del núcleo de lo esperado

Entre 2014 y 2016, la misión Rosetta buscó los signos de este fenómeno y "se aventuró a más de 1.500 kilómetros de distancia del centro del cometa en busca de los límites a gran escala del cometa" y en un principio pareció que todo el esfuerzo había sido inútil. Pero al repasar los datos han dado con él, por fin.

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"Buscábamos un arco de choque típico en la zona donde se podría esperar uno, lejos del núcleo del cometa, pero no encontramos nada, así que llegamos a la conclusión de que Rosetta no había sido capaz de detectarlo”, explica Herbert Gunell, del Real Instituto de Aeronomía Espacial de Bélgica y la Universidad de Umeå (Suecia), uno de los dos científicos que han dirigido el estudio. “Sin embargo, parece que la sonda sí detectó un arco de choque, pero se encontraba en sus primeras etapas. Durante un nuevo análisis de los datos, dimos con él unas 50 veces más cerca del núcleo del cometa de lo que era de esperar en un caso como el de 67P. También se desplazaba de una forma que no esperábamos, motivo por el que en un principio no lo vimos”.

Hay dos fechas clave en la observación del arco de choque por Rosetta. Los primeros datos son del 7 de marzo de 2015, 67P estaba al doble de distancia del Sol que la Tierra y mientras se dirigía hacia el astro, "los datos de Rosetta mostraron signos de que se estaba empezando a formar un arco de choque", apuntan desde la agencia espacial. Los siguientes datos son del 24 de febrero de 2016, cuando el cometa se alejaba de nuestra estrella.

Y es ahora cuando los investigadores se han dado cuenta de que "este límite era asimétrico y más ancho que los arcos de choque plenamente desarrollados que se han observado en otros cometas", indican desde la ESA.

"Rosetta ha sido la primera en capturar una fase tan temprana en el desarrollo de un arco de choque alrededor de un cometa", señala Charlotte Goetz, del Instituto de Geofísica y Física Extraterrestre de Braunschweig (Alemania) y coautora del estudio. "El arco en formación detectado en los datos de 2015 evolucionó hasta alcanzar su pleno desarrollo a medida que el cometa se acercaba al Sol y aumentaba su actividad; sin embargo, esto no pudimos verlo en los datos de Rosetta porque en aquel momento la sonda se hallaba demasiado cerca de 67P como para detectar el arco adulto. Cuando Rosetta volvió a captarlo, en 2016, el cometa volvía a alejarse del Sol, por lo que el arco detectado en ese punto se encontraba en el mismo estado, aunque en lugar de formándose se estaba disolviendo", añade.

¿Qué es Rosetta?

La misión de la ESA fue enviada en 2004 al cometa 67P con la intención de obsevar "su interior, estudiando el gas y el polvo que lo rodeaba, y explorando su entorno de plasma", según la ESA.

Para llevar a cabo este trabajo, la sonda contaba con hasta 11 instrumentos científicos (entre ellos, un conjunto de instrumentos formado por cinco sensores distintos para estudiar el plasma que rodea el cometa) todo para alcanzar un mayor conocimiento sobre los cometas y, también, sobre el origen del Sistema Solar. Herbert, Charlotte y sus compañeros de equipo exploraron los datos recogidos por el Consorcio de Plasma de Rosetta y "combinaron los datos con un modelo de plasma para simular las interacciones del cometa con el viento solar y determinar las propiedades del arco de choque", concluyen en la ESA.