En lo que a especies animales se refiere, el continente oceánico es prácticamente un mundo aparte. Desde mamíferos ponedores de huevos, como el ornitorrinco, hasta aves con la capacidad de imitar todo tipo de sonidos y voces, como el ave lira, son muchas las especies casi “extraterrestres” que caminan, vuelan o nadan entre sus islas. Teniendo esto en cuenta, el wombat puede parecer de los habitantes más normalitos del continente. Es un marsupial de aproximadamente un metro de longitud, regordete, marrón o gris y cuadrúpedo, con una apariencia bastante simpática. Hasta aquí todo bien. Lo extraño llega cuando el animal hace sus necesidades, pues sus heces en forma de cubo son un fenómeno totalmente único en la naturaleza.

La primera vez que oyó hablar de todo esto, la becaria postdoctroal del Instituto de Tecnología de Georgia Patricia Yang pensó que se trataba de un mito. Corrió a googlearlo y vio un montón de imágenes del animal y sus defecaciones, pero no podía creer que fuese cierto. Sin embargo, después de comprobarlo en varias fuentes fiables pasó de la incredulidad a la admiración. Su especialidad es la hidrodinámica de fluidos corporales de los animales como la sangre y, por supuesto, las heces. Por eso, decidió estudiar a fondo las características de este simpático marsupial con el fin de dar una explicación que también pudiera tener aplicaciones beneficiosas para el ser humano. Sus resultados han sido expuestos hoy en la 71º reunión anual sobre Dinámica de Fluidos de la American Physical Society, que se está celebrando durante estos días en Atlanta.

Crédito: P. Yang y D. Hu / Georgia Tech

Geometría en la naturaleza

Los wombats utilizan sus peculiares heces para marcar el territorio, apilándolas en zonas estratégicas, como las entradas de las madrigueras, los troncos de los árboles o algunas rocas. Cuanto más alto y prominente sea el montón, mejor. Con heces líquidas o sólidas, pero de formas irregulares, elaborar estas pilas sin que se desmoronen sería una tarea complicada. Por eso, esta inusual forma de defecar le confiere una gran ventaja. Ahora bien, ¿cómo lo hace?

Para contestar a esta pregunta, Patricia Yang y su equipo diseccionaron el sistema digestivo de varios ejemplares de wombat que habían muerto atropellados en las carreteras de la Isla de Tasmania. De este modo, pudieron comprobar que las heces permanecen en estado líquido durante prácticamente toda la longitud intestinal, pero justo en el extremo, poco antes de su liberación, se vuelven sólidas y adquieren la forma de cubo. El motivo, según concluyen los científicos en la presentación de hoy, reside en las propiedades elásticas de las paredes del intestino.

Este descubrimiento da respuesta a un misterio de la naturaleza al que hasta ahora nadie había dado explicación, pero también va mucho más allá. Por un lado, los autores del estudio esperan que contribuya a los conocimientos actuales sobre los movimientos del intestino y el transporte de tejidos blandos. Por otro, también podría tener aplicaciones en industria. “Actualmente solo tenemos dos métodos para fabricar cubos: lo moldeamos o lo cortamos”, explica Yan en un comunicado de prensa. “Ahora tenemos este tercer método”.

En esta misma conferencia se han presentado también otros trabajos científicos tan curiosos como el que analiza los problemas respiratorios que tendrían Ant-man y la Avispa si existieran en la realidad. Ambos son un buen ejemplo de cómo la dinámica de fluidos puede explicar de forma sencilla los fenómenos más extravagantes de la naturaleza. Sean reales o no.